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25 años D.O. “Cigales”. 19. El arte hasta la caída del Antiguo Régimen. I

Tres foramontanos en Valladolid 23 Mar 2018 - 07:20 CET
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Por José María Arévalo


( Canal de Castilla. Acuarela de Francisco Roldán ) (*)

Siguiendo el libro conmemorativo que venimos reseñando, “La comarca vitivinícola de Cigales: viñedos, bodegas y vinos. 25 años de la D.O. Cigales”, su apartado III, “Arte, patrimonio y herencia vitivinícola”, recoge el artículo que empezamos hoy, “Ego sum vitis vera: vides, vino y cultura del vino en el arte del territorio de la Denominación de Origen Cigales hasta la caída del Antiguo Régimen” de Fernando Gutiérrez Baños, Profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Valladolid. Este trabajo se enmarca en el G.I.R. IDINTAR: Identidad e Intercambios Artísticos. De la Edad Media al mundo contemporáneo.

El autor incluye un agradecimiento a los responsables de las distintas iglesias y monumentos analizados y a Carlos Brasas, máxima autoridad en cuestiones de platería vallisoletana, por haberle facilitado las fotografías del cáliz de Mucientes, y pasa a una Introducción en la que explica: “Mediterraneidad, romanidad y cristianismo son tres parámetros culturales estrechamente relacionados entre sí que determinan la importancia del vino en el territorio de la Denominación de Origen Cigales, sirviendo de fundamento a su presencia en manifestaciones artísticas de muy diverso cariz desde los primeros siglos de nuestra era”.

“Por “mediterraneidad” -continúa- entendemos una condición física: la pertenencia del territorio de la Denominación de Origen Cigales a un ámbito geográfico mucho más amplio, a saber, el de los territorios que circundan el Mar Mediterráneo (cuyas costas, ciertamente, quedan muy lejos de las riberas del Pisuerga, que es la espina dorsal del espacio objeto de estudio, pero, aún así, determinan, no obstante, su idiosincrasia por su pertenencia a la Península Ibérica). En este ámbito geográfico las condiciones físicas y climáticas favorecieron desde fechas tempranas el cultivo de la vid, convirtiéndose esta en un referente cultural identitario de los pueblos que habitaron sucesivamente el solar del mundo mediterráneo.

Por “romanidad” entendemos una condición política: la incorporación del territorio de la Denominación de Origen Cigales a un ámbito geopolítico mucho más amplio, a saber, el del Imperio Romano, forjado a golpe de espada a partir de los siglos inmediatamente anteriores al inicio de la era cristiana. El Imperio Romano supuso la culminación de las civilizaciones mediterráneas: codificó sus características, asegurándoles su pervivencia para la posteridad en los contextos políticos y religiosos tan dispares que habrían de sucederse a partir de su disolución en el siglo V d. C.

Por “cristianismo” entendemos, finalmente, una condición religiosa: la integración del territorio de la Denominación de Origen Cigales en un ámbito espiritual de vocación universal, a saber, el de los seguidores de la figura y de la doctrina de Jesús de Nazaret, surgidas en el siglo I d. C. en el Cercano Oriente, singular crisol del mundo mediterráneo y romano, dando origen a una religión que se asimilaría al Imperio Romano, que suplantaría al Imperio Romano y que daría, finalmente, continuidad al Imperio Romano hasta nuestros días. Una religión en la que el vino adquiere un especial protagonismo que va más allá de sus meras cualidades espirituosas para convertirse en un elemento trascendente capaz de conducir a una unión íntima con la divinidad. De ahí la importancia que elementos relacionados con el vino adquirirán en el arte cristiano (heredero de su pasado romano y mediterráneo), el cual dominará de manera absoluta todo el periodo que aquí será analizado, que alcanza hasta la extinción del Antiguo Régimen.

El territorio de la Denominación de Origen Cigales se extiende a ambos lados del Pisuerga, entre las ciudades de Palencia y de Valladolid (y, a pesar de que ninguna de ellas forma parte de su territorio, a excepción de un pequeñísimo pago en El Berrocal en la capital vallisoletana, su, más que cercanía, inmediatez condiciona, indudablemente, la dinámica histórico-artística del mismo). Habitado desde la Prehistoria, no será hasta el periodo romano cuando encontremos los primeros testimonios artísticos relacionados con el mundo del vino en este territorio. En este momento resultan determinantes, más que la ciudad de Pallantia, ciudad romana de cierto porte precursora de la actual Palencia, las “villae” que, a finales del periodo romano, aparecen diseminadas a lo largo del territorio para el aprovechamiento de las feraces riberas del Pisuerga.

Con la disolución del imperio romano en el siglo V d. C. entramos en un periodo en que los testimonios materiales son muy parcos: Pallantia subsiste como ciudad, convertida, en un contexto ya cristiano, en sede episcopal, y la presencia visigoda está atestiguada por la basílica dedicada a San Juan Bautista en Baños de Cerrato, en las inmediaciones del territorio de la Denominación de Origen Cigales. Con la conquista islámica de la Península Ibérica a partir de 711 la situación se enrarece aún más. El único testimonio monumental subsistente de una nueva ocupación cristiana del territorio en el periodo altomedieval, momento en que las ciudades han desaparecido y en que la red episcopal se ha desvanecido, parece ser la portada de la ermita de Santa María del Castillo de Trigueros del Valle. Habrá que esperar al siglo XI para que se produzca un punto de inflexión irreversible para el desarrollo del territorio de la Denominación de Origen Cigales: se restaurará entonces la sede episcopal de Palencia, a la que pertenecerá dicho territorio hasta finales del siglo XVI (y, parte del mismo, aún despuése, incluso, hasta la actualidad) y se creará entonces la ciudad de Valladolid, que, poco a poco, beneficiada por su relativa centralidad en la Corona de Castilla y, sobre todo, por su ubicación en un nudo de comunicaciones, irá asumiendo un protagonismo que relativizará el peso de la ciudad episcopal de Palencia, de la que, en teoría, depende, en un proceso que se intensificará a partir del siglo XIII, alcanzando su culmen en los siglos XVI y XVII, cuando Valladolid ocupará una posición central en el seno de la Monarquía Hispánica, que se verá reflejada, asimismo, en su liderazgo artístico en unos siglos que verán florecer a Alonso Berruguete, a Juan de Juni y a Gregorio Fernández (por citar solo los nombres de más fuste). En un primer momento, que se corresponde con los siglos de la Plena Edad Media, el liderazgo artístico corresponde, no obstante, no tanto a estas ciudades, aún incipientes, como a los monasterios, destacando, en este sentido, los dos monasterios que jalonan el territorio de la Denominación de Origen Cigales en sus extremos septentrional (monasterio de San Isidoro de Dueñas) y meridional (monasterio de Santa María de Palazuelos).

( Portada románica del monasterio de San Isidoro de Dueñas) (*)

El monasterio de raíces altomedievales de San Isidoro de Dueñas (conocido popularmente como «La Trapa» por la observancia de la comunidad cisterciense que lo habita desde finales del siglo XIX, una vez superada la desamortización) se convirtió, en el siglo XI, en uno de los puntales de la introducción de la reforma cluniacense en Castilla y, aunque subsisten pocos elementos de su fábrica medieval, estos denuncian una obra plenorrománica de la máxima calidad.

El más reciente monasterio cisterciense de Santa María de Palazuelos, asentado, a partir de 1213, en este lugar, nunca se repuso de su supresión en el siglo XIX, derivando, finalmente, en una situación de abandono que tuvo como penosa y última consecuencia su derrumbe parcial a finales del siglo XX (situación que, por fortuna, se intenta revertir desde hace años). Su fábrica medieval es un referente en el desarrollo del gótico incipiente. Por desgracia, ni La Trapa ni Palazuelos conservan representaciones relacionadas con el mundo del vino en sus elementos medievales (a pesar de la ambigüedad de ciertas hojas que aparecen en algunos capiteles de Palazuelos) y, además, a pesar de su condición de obras de referencia para los dos estilos más característicos del arte de la Plena Edad Media (a saber, románico y gótico), no parece que sus fábricas tuvieran excesiva trascendencia en su entorno más inmediato, pues los pocos pueblos del territorio de la Denominación de Origen Cigales que han conservado en todo o en parte sus iglesias medievales (como, por ejemplo, Cubil las de Santa Marta, Fuensaldaña, Quintanilla de Trigueros o, especialmente, Trigueros del Valle) muestran, en general, fábricas que, aunque dotadas, indudablemente, de encanto, son modestas: solo Dueñas, con su monumental iglesia de Santa María (producto no tanto de la influencia de los cenobios cercanos como de la relevancia que, desde fechas tempranas, adquirió esta villa per se), escapa a esta dinámica.

( La actual bodega del monasterio de San Isidoro de Dueñas) (*)

El auge que, desde el punto de vista artístico, conocerá el territorio de la Denominación de Origen Cigales desde finales de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, siglos que, más allá del arte gótico tardío, vieron florecer el arte renacentista y barroco, se relaciona con su proximidad a las ciudades de Palencia y de Valladolid. Este auge condujo a la reconstrucción de la mayor parte de las iglesias de este ámbito por parte de las elites religiosas, políticas y administrativas vinculadas a la cercanía a estas ciudades, elites responsables, asimismo, de la erección de castillos y de palacios, que, con escasas excepciones (como, por ejemplo, la del castillo de Fuensaldaña), se han conservado en menor medida: Dueñas no se explica sin los Acuña, Fuensaldaña no se explica sin los Vivero, Mucientes no se explica sin los Sarmiento, San Martín de Valvení no se explica sin los Zúñiga… La monumental iglesia de Cigales debe su configuración definitiva en el siglo XVIII al mecenazgo del dominico cigaleño fray Antonio Alcalde, obispo, sucesivamente, de Yucatán y de Guadalajara, en Nueva España. Con anterioridad y a una escala más modesta, la iglesia de Santovenia de Pisuerga debe su capilla mayor a una manda testamentaria de don Antonio Mudarra (+ 1549), deán de Palencia, materializada por su sobrino don Diego Mudarra, regidor de Valladolid (Martín, 1973). En fecha tan avanzada como el último tercio del siglo XVIII habrá, todavía, capacidad para abordar la construcción de un edificio tan original y de calidad como la nueva iglesia de Valoria la Buena, edificada según diseños del prestigioso arquitecto Manuel Godoy, la cual supone una avanzada del gusto neoclásico en el ámbito vallisoletano (Urrea, 2003).

La crisis y extinción del Antiguo Régimen, precipitada por la ocupación francesa y por la inmediata Guerra de la Independencia (1808-1814), supondrá un cambio de contexto y de actores en el desarrollo de las Bellas Artes que trasciende los intereses de esta contribución, cuyo desarrollo pretende recapitular aquellas manifestaciones artísticas que, a día de la fecha, se documentan en el territorio de la Denominación de Origen Cigales y que muestran elementos relacionados con el mundo del vino, atendiendo, siempre, a su contexto cultural y a su significado profundo”.

Continuaremos en otro artículo los apartados “La vid en el arte del mundo romano” y “La asimilación de la vid por parte del arte cristiano” con los que continúa su artículo “Ego sum vitis vera: vides, vino y cultura del vino en el arte del territorio de la Denominación de Origen Cigales hasta la caída del Antiguo Régimen” el profesor de la Universidad de Valladolid Fernando Gutiérrez Baños.

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(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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