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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 23 Abr 2018 - 07:21 CET
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“Cristina Cifuentes, agente doble”, de Antonio Burgos, y “¿Pero quiénes son los verdaderos europeos: Hungría y Polonia o nosotros?”, de Alfonso Basallo

( Viñeta de Idígoras y Pachi en El Mundo el pasado día 18) (*)

CRISTINA CIFUENTES, AGENTE DOBLE

Artículo de Antonio Burgos publicado en ABC el pasado día 15

Cuando me pregunté para qué demonios quería Cristina Cifuentes un máster de mentirijillas, qué falta le hacía meterse en ese borde de navaja para presumir en unas líneas de su currículum, subrayé que, al modo de Celia Villalobos, era una dirigente del PP perfectamente intercambiable con el PSOE. Díganme qué pinta en el PP una señora que se ha mostrado, y usando maneras populistas, a favor del aborto, de la República, de los vientres de alquiler y de todo cuanto falta hiciere para aparentar progresismo y modernidad, en el eterno complejo de la derecha española, pero acentuado en este caso: hacerse perdonar lo que es. Pensé en un momento que Cristina Cifuentes era un agente secreto. Aunque esto de «Cifuentes, agente secreto» suene a nueva españolada con Santiago Segura y premio Goya asegurado por los de la Ceja, que me imagino son todos muy amiguitos de la Masteresa Cifuentes, le pega una barbaridad.

Pensé que era agente doble, encargada de defraudar todavía más a los hartos y hastiados votantes del PP y echar a paletadas sus votos hacia Ciudadanos, que ya dan las encuestas como partido ganador en Madrid. ¿No lo van a dar, si el PP tiene al frente de la Comunidad de Madrid a una señora que aventaja a su jefe Rajoy en la especialidad del partido? ¿Qué cuál es la especialidad del PP? ¿Defender los valores conservadores y liberales acaso? No. ¿Defender la libre iniciativa frente al intervencionismo estatalista? No. Nada de eso. Eso, en todo caso, puede ser en campaña electoral y de boquilla. Pero cuando llega al poder, la gran especialidad del PP es ponerse de perfil, no dar la cara, no ponerlos sobre la mesa y gobernar contra sus votantes, por cobardía, por tibieza, por conveniencia y por Arriola.

Eso me creía, como les digo, que la Masteresa Cifuentes, aunque intercambiable con el PSOE, era agente secreto de Ciudadanos para perder Madrid cuanto antes. Pero la ola de titulitis que nos invade me hace pensar distinto. De momento, Cifuentes ha vuelto loca a la geografía. Gracias al falso máster de Cifuentes resulta que, investigando a Pablo Casado, otro especialista en roneos de másteres, hemos descubierto algo insólito. Descubrimiento geográfico a la altura de la llegada de Colón a América: que la Universidad de Harvard no está en Massachusetts, sino en Aravaca. Al menos allí reparte los másteres de plastilina que tanto gustan en esta nación de falsas titulaciones y de ingenieros de Podemos que no lo son. Me imagino que si Pablo Casado también ha pasado por Yale para coger un Máster Express en cuatro días, Yale no estará en Connecticut, sino, tirando lejos, en Majadahonda.

Una pena que la Masteresa no haya ido para su paripé de currículum a ninguna de estas raras universidades; que sacara su título por la Universidad Rey Juan Carlos y no por Oxford, que estará seguramente en Pozuelo, por no ser lugar menos pijo que la Harvard de Casado. No le hacía falta, porque Cifuentes no ha sacado un máster falso, sino una bomba de humo para tapar los falsos ERE y que no se hable de los ex presidentes de la Junta en el banquillo. Se está juzgando la mayor estafa política que vieron los siglos, los ERE amañados por el Régimen de la Andalucía del PSOE. Así que estamos ante un mangazo de 850 millones de euros de dinero público como mínimo, con 170 imputados, 22 altos cargos implicados, una ex ministra y dos ex presidentes de la Junta de Andalucía en el banquillo y ni los telediarios ni los periódicos dicen ni palabra del juicio oral por este gran escándalo: todo lo tapan Cifuentes y la titulitis. Está claro. Cifuentes es agente de Griñán y de Chaves para que nadie hable de ellos y mucho menos de los ERE, que ésos sí que eran falsos.

Artículo en: http://www.antonioburgos.com/abc/2018/04/re041518.html

¿PERO QUIÉNES SON LOS VERDADEROS EUROPEOS: HUNGRÍA Y POLONIA O NOSOTROS?

Artículo de Alfonso Basallo publicado en Actuall el pasado día 16

Tras la nueva victoria de Orban, la eurocracia de Bruselas ha vuelto a barajar el llamado “botón nuclear”, el artículo 7 que puede desposeer a un país de su derecho de voto en las instituciones de la UE. ¿Argumento? Hungría no respeta los valores europeos.

El mundo al revés. Resulta que dos países europeos, Polonia y Hungría, reclaman dos principios esenciales de la civilización, la defensa de la vida y el matrimonio pata negra (es decir, entre hombre y mujer); se oponen al establishment socialdemócrata y estatista; y reivindican la soberanía nacional frente al ácido corrosivo del multiculturalismo y Bruselas se les echa encima. Adivinen con qué argumento. Que no respetan los valores europeos.

La UE ya tiene enfilado hace tiempo al llamado Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia), poco propenso a aceptar las injerencias de una superestructura que nadie ha elegido. Países que, a diferencia del Oeste, han sufrido la bota de la mayor dictadura de la Historia, saben lo que vale un peine y son sumamente celosos de la libertad.

Los señoritos de Bruselas no se dan cuenta del ridículo que están haciendo: venga a echarles broncas y advertir los peligrosos que son, y ellos (los líderes húngaros o polacos) venga a ganar elecciones. Una elite cada vez más alejada de los ciudadanos dando lecciones de democracia a unos gobernantes cada vez más respaldados por las urnas.

Algunos columnistas han retrocedido hasta 1938 para comparar a Hungria con la Alemania nazi y a la UE con el acomodaticio Chamberlain

La gota que ha colmado el vaso ha sido la cuarta victoria consecutiva de Viktor Orban. Bruselas ha reaccionado diciendo que no respeta los valores europeos y sus corifeos mediáticos poniendo a Orban como un Hitler sin bigote: “eurófobo”, “autoritario”, “xenófobo”, “ultranacionalista”, o incluso “el hombre más peligroso de la Unión Europea”.

Algunos columnistas han retrocedido hasta 1938 para comparar a Hungría con la Alemania nazi y a la UE con el acomodaticio Chamberlain, el que creyó contentar a Hitler con su política de apaciguamiento.

Y todo porque Orban ha plantado cara al multiculturalismo que está generando un archipiélago de guettos islamistas en Alemania, Francia, Inglaterra o Suecia. Forzando la semántica, le acusan de “limpieza étnica” cuando lo único que Orban hace es dejar en evidencia a una Europa incapaz de exigir a los musulmanes que se integren si quieren vivir entre nosotros.

En Estados Unidos, país hecho de inmigrantes, uno se hace norteamericano porque asume la Constitución y también una serie de comportamientos que homogeneizan. Y si no, ya sabe dónde está la puerta. Ese elemental filtro es el que falta en la Unión Europea, acaso porque ésta ha perdido sus raíces y carece de una personalidad cultural e histórica o -lo que es más trágico- se avergüenza de ella.

Orban se ha convertido, además, en una china en el zapato de la ideología de género y de la cultura de la muerte -banderas que ahora enarbola la UE, como si le fuera en ello la vida (perdón la bolsa)-.

La actual Constitución magiar es un monumento al sentido común, al poner el centro de gravedad de la familia en la “unión entre hombre y mujer” y proteger al feto “desde el momento de la fecundación”.

Eso Hungría. Pero la Polonia del partido conservador Ley y Justicia no le va a la zaga. El país de los campesinos con pinta de gañanes está demostrando que no es un imposible metafísico acabar con la lacra del aborto, del mismo modo que se acabó con la explotación de los niños en las minas del tiempo de Dickens. Se puede, pero hay que querer.

Y sobre todo hay que plantar cara a la tupida malla de intereses creados del aborto, desde Naciones Unidas a Planned Parenthood, pasando por la Open Society de George Soros.

Y entre los cobardes y los gobiernos sobornados (prácticamente todos los de la UE incluido el de Mariano Rajoy) aquí nadie tiene narices para dar el paso. Nadie, excepto Polonia. Claro que ese país correoso tiene más conchas que un galápago. Si fue capaz de sobrevivir a botas y correajes, desde Stalin a Jaruzelski, menos se le va a poner por delante la dictablanda de Bruselas.

Primero tuvo las santas narices de hacer cumplir una ley de supuestos -similar a la española anterior a la ley Zapatero- con un control tan férreo que no hubo coladero y el número de abortos se redujo de 82.000 en 1989, cuando cayó el comunismo, a unos 500 veinte años más tarde. Y ahora el número de abortos anuales apenas pasa de los 100, una de las cifras más bajas de la UE.

Bruselas presiona para que Polonia despenalice el aborto y acabe con la objeción de conciencia de los médicos, pero Varsovia no cede un milímetro

Bruselas ha intentado por activa y por pasiva que Polonia despenalice el aborto y acabe con la objeción de conciencia de los médicos, pero Varsovia no cede un milímetro. No sólo hace como quien oye llover cada vez que le presiona el comisario europeo de Derechos Humanos (¡derechos humanos! ¡qué sarcasmo!), sino que el Parlamento polaco aspira ahora eliminar el aborto eugenésico.

Por no hablar del pequeño ‘baby boom’ que está registrando Polonia gracias a la ayuda mensual a partir del segundo hijo. Tanto Polonia como Hungría están apostando decididamente por la natalidad, conscientes de mucho que se juegan.

¿Cuál es la verdadera Europa? ¿Esa superestructura que ha renunciado a los principios fundacionales que dieron origen a esta empresa histórica?¿O esos “irreductibles galos” del Este, vacunados de totalitarismos, que se atreven a desafiar lo políticamente correcto reivindicando la soberanía nacional y las raíces culturales del Viejo Continente, comenzando por la dignidad inviolable de la persona y siguiendo por la vida, la familia y la patria?

Artículo en: https://www.actuall.com/criterio/democracia/quienes-los-verdaderos-europeos-hungria-polonia/

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/1/788/41493960172_452cdd7924_b.jpg

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