Por Félix Torres. Introducción de Carlos de Bustamante

( Cartel del carnaval en las Palmas de Gran Canaria) (*)
Se refiere en esta ocasión don Eufemio al carnaval en las Palmas de Gran Canaria. Seguramente vosotros, mis queridos y probables únicos lectores no habrán vivido los tiempos para olvidar-aunque algunos se empeñen en hacerlos presentes con la malhadada “memoria histórica”- en que se profanaban Templos, fusilaban imágenes y los iconoclastas, previamente adoctrinados en el odio, destrozaban materialmente cuanto de cristiano encontraban a su paso. Pero a diferencia del caballo de Atila que al decir de algunos “donde pisaba no volvía a crecer la hierba”, en los tiempos de aquella España que, según Azaña “había dejado de ser cristiana”, surgió como la semilla de los mártires una espléndida religiosidad mayor tanto en el pueblo llano, como en las más altas esferas.
Pues miren por cuanto, y después de media centuria de años en paz y libertad respetuosa para el culto, sin discriminación de religiones, vuelven los mismos perros, con perdón, pero diferentes collares, a volver a las andadas.
Aprendida la lección de que la violencia vence pero no convence, utilizan otros medios que, disimulados por lo jocoso de ciertos días como son los carnavales, utiliza formas más astutas, ladinas y peligrosas, para minar las creencias más sagradas en inaceptables “chirigotas”. A ellas sale al paso, un cristiano “de pro”, con la habilidad del vate que junto a su intachable formación lleva en sonetos de calidad como la sangre limpia que corre por sus venas.
De la prensa 13 febrero 2018
El “drag” que apareció travestido de la Virgen María y de Cristo crucificado, ganador del año pasado, ha despedido su reinado rodeado de doce ‘apóstoles’ y haciendo las veces de Jesucristo
“Es espectacular y lo más bonito que ha habido nunca en el escenario del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria”, ha asegurado Israel Reyes (el empresario que gestiona para el Ayuntamiento esta celebración carnavalesca) en referencia a la irreverente actuación.
GANAS DAN
(Soneto)
Tanta inquina, Señor, ¿por qué odio tanto?
Porque, dime Señor, ¿qué les hiciste?
Dime Señor, ¿en qué les ofendiste?
¿Hasta cuándo, Señor, este quebranto?
Nuestro, comprenderás el desencanto,
también un día Señor, Tú te afligiste;
desolado, Señor, te permitiste,
regar el duro suelo con tu llanto.
Nos dijiste poner la otra mejilla
y a la ofensa acudir con el perdón,
el mismo que derraman hoy Tus manos.
Pero al ver que Tu nombre se mancilla,
ganas dan de cargarse algún cabrón:
¡ayúdanos Señor, somos humanos!
Don Eufemio, 13 feb. 18
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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