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Los lunes, revista de prensa y red

Tres foramontanos en Valladolid 04 Jun 2018 - 07:26 CET
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“¿Por qué otras elecciones no son la solución?”, de De Pablo Gómez y “¿Es el momento de regular la eutanasia?”, del Dr. Jacinto Bátiz

( Viñeta de Esteban en La Razón el pasado día 26 de mayo) (*)

¿POR QUÉ OTRAS ELECCIONES NO SON LA SOLUCIÓN?

Artículo de Pablo Gómez publicado en La Razón el pasado día 27 de mayo

La perspectiva de un Congreso aún más fraccionado que el actual y de un bloqueo entre los cuatro grandes partidos convierte la arriesgada cita con las urnas en una amenaza para los intereses de España. ¿Por qué otras elecciones no son la solución? La crisis abierta en España a raíz de que la Audiencia Nacional dictase esta semana la sentencia del «caso Gürtel» acerca al horizonte político la amenaza de un nuevo adelanto electoral. No de inmediato, porque la moción de censura presentada el viernes por el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, bloquea esta opción, de momento, en el corto plazo, pero sí dentro de un periodo de tiempo «razonable», que desde el PSOE estiman como factible en «unos meses». La hoja de ruta de Sánchez para desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa con la promesa de elecciones, el visto bueno a la moción de censura por parte de los grupos de izquierda e independentistas y la exigencia planteada por Ciudadanos para que la disolución de las Cortes Generales sea inmediata dibujan un escenario impredecible en el que la cita con las urnas cobra enteros. Serían los terceros comicios generales desde diciembre de 2015.

Está en juego con ello, defendió el líder socialista, «recuperar la normalidad política e institucional». Para Ciudadanos, se trata más bien de «darle la voz a los ciudadanos». Pero, ¿serían realmente estas nuevas elecciones una solución en el contexto político actual? La perspectiva que esbozan tanto las últimas encuestas publicadas como el CIS del pasado mes de abril no apunta precisamente a ello. Un Congreso más fraccionado y con las tres principales fuerzas políticas –PP, PSOE y Cs– a poca distancia abonaría el terreno de la inestabilidad y devolvería al país a la experiencia de 2015 y 2016, con repetición de elecciones y largos meses de negociaciones hasta la investidura de Rajoy de por medio.

La encuesta de NC Report que mañana publicará LA RAZÓN insiste en los riesgos del adelanto electoral. Con el PP perdiendo siete décimas respecto al sondeo de abril, la suma de este partido y de Ciudadanos se mantendría por encima del 50%. Circunstancia ésta que no implica necesariamente la garantía de un gobierno de centro derecha. El progresivo estrechamiento de la distancia entre los populares y el partido naranja aportaría incertidumbre a la gobernabilidad del país. No sólo por la posición de mayor fuerza que tendría Albert Rivera en una eventual negociación en el caso de que el número de escaños entre ambos partidos fuera similar, sino especialmente por la condición de aliado poco estable que Ciudadanos se ha granjeado en estos años y que ha vuelto a ratificar esta misma semana. No en vano, su exigencia de ponerle un punto final abrupto a la legislatura a través de una moción de censura «instrumental» llegó sólo unas horas después de que facilitase con sus votos la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2018. También habría que tener en cuenta si Rajoy volviese a ser candidato.

¿Y si hay «sorpasso»?

En la misma línea que la encuesta de este diario, el CIS de abril ya señaló que, en el caso de que se celebrasen hoy elecciones, las preferencias de los españoles depararían un Congreso de los Diputados si cabe más complejo que el actual en términos de estabilidad política: el PP, el PSOE y Ciudadanos quedarían separados por apenas dos puntos –entre el 22 y el 24%–, con Podemos estabilizado en el entorno del 19% de los sufragios.

El otro escenario posible, si hacemos caso a los sondeos, es el que contempla el «sorpasso» de Ciudadanos al PP. A ello apuntaba, por ejemplo, la encuesta de Sigma 2 publicada en marzo. El partido de Rivera se dispararía, según ese sondeo, hasta el 26,7%, con cuatro puntos de ventaja sobre el PP y muy por encima de las expectativas de los dos partidos de izquierda, PSOE y Podemos, estancados ambos por debajo del umbral del 20%. También Metrocospia aupó en su encuesta de mayo a Ciudadanos como primera fuerza, con el 29,1%, con diez puntos de ventaja sobre los otros tres partidos y con Podemos como segunda fuerza.

Pese a los pequeños matices que separan a unos sondeos de otros, todos tienen en común la perspectiva del bloqueo a la que conduciría un parlamento fragmentado en cuatro bancadas con un apoyo popular relativamente similar y en el que ni siquiera la opción a priori más estable, la de una coalición Ciudadanos-PP, podría darse por hecha habida cuenta de las tensiones existentes entre los cuarteles generales de ambos partidos. Un escrutinio con los cuatro partidos a poca distancia –muy lejos, por tanto, de los 20 puntos de distancia que separaron a PP de Cs en las generales de 2016– convertiría de hecho los posibles pactos post electorales en un sudoku de difícil resolución. ¿Apoyaría Cs o PP a Sánchez en el caso de que el PSOE fuera el más votado para evitar que Podemos entrase en el Gobierno? ¿Preferiría Rivera una coalición con los socialistas tras el desgaste del PP? ¿Respetaría Cs al PP si éste se mantiene como primera fuerza?

Y es que lo sucedido en los meses previos a la última investidura de Rajoy demostró que si la aritmética es complicada mucho más lo es la política. Tres circunstancias propiciaron entonces la ausencia de un gobierno efectivo en España durante meses: los vetos cruzados entre Podemos y Ciudadanos, los recelos de una parte importante del PSOE a que Sánchez pudiera ser investido con los votos de nacionalistas e independentistas y la imposibilidad de que en España se articule una gran coalición entre formaciones de izquierda y derecha, como la que ha permitido la gobernabilidad en países como Alemania, Holanda o Suecia. En octubre de 2015, se disolvieron las Cortes y se convocaron las elecciones generales para el mes de diciembre. La victoria insuficiente del PP y el «no» de Pablo Iglesias al pacto de investidura suscrito entre Sánchez y Rivera forzó la repetición de los comicios. Entonces sí, la subida de casi un 10% que experimentó el PP en las urnas y la abstención de diputados del PSOE permitió a Rajoy ser investido en octubre de 2016. Exactamente un año después de que el engranaje electoral arrancase.

La «Italianización» de España

También en términos políticos, la convocatoria de elecciones anticipadas para afrontar las consecuencias de la sentencia del «caso Gürtel» acercaría a España a países europeos en los que sí es habitual llamar a los ciudadanos a las urnas como forma de solventar una crisis. Y en ello Italia es, dentro de los países de nuestro entorno, la que acumula una mayor experiencia: desde la proclamación de la república en 1946 ha tenido 66 gobiernos, de los que únicamente seis aguantaron más de dos años en el poder. El otro referente es más cercano: Cataluña. Con cuatro comicios al Parlament entre 2010 y 2017, el recurso a la convocatoria electoral anticipada no parece, a la vista de los hechos, que se haya traducido en estabilidad política y económica.

Artículo en: https://www.larazon.es/espana/por-que-otras-elecciones-no-son-la-solucion-LK18474492

¿ES EL MOMENTO DE REGULAR LA EUTANASIA?

Artículo del Dr. Jacinto Bátiz, Secretario de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial, que publica El Foro de la Familia, el pasado 22 de mayo, reproduciendo el publicado en El Correo

Hace unos días he conocido que se ha presentado en el Congreso de los Diputados la Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia. Después de haber leído su contenido, me pregunto ¿por qué los legisladores, antes de ponerse de acuerdo en la iniciativa legislativa en materia de derechos y garantías en el proceso de morir que aún tienen entre manos, proponen otro proyecto de ley? ¿Por qué no acaban con una, antes de empezar con otra? ¿No sería mejor que todos los parlamentarios llegasen a un consenso para garantizar el alivio del sufrimiento de las personas en su trayecto final de la vida, antes de comenzar a debatir una ley para eliminar a las personas que sufren?

Considero que aprobar una ley que ponga en negro sobre blanco los derechos y las garantías de las personas en el proceso de morir es una oportunidad decisiva para garantizar la asistencia a los enfermos en situación clínica de terminalidad. Es una oportunidad porque en la sanidad española existe un déficit importante en cuanto a la atención al final de la vida se refiere. Según los últimos datos, 308.000 pacientes y sus familias necesitan atención paliativa cada año en España; se estima que de éstos, al menos 75.000 pacientes necesitan cuidados paliativos avanzados y no los reciben, muriendo por tanto con un sufrimiento intenso y evitable.

Los profesionales de los cuidados paliativos hemos denunciado los siguientes déficits: desigualdad en la prestación de cuidados paliativos tanto entre las Comunidades Autónomas como dentro de cada una de ellas; desigualdades en la legislación autonómica sobre la atención al final de la vida; falta de acreditación profesional específica; problemas en el acceso a cuidados paliativos pediátricos; y deficiente formación universitaria a los futuros profesionales.

La universalización de los cuidados paliativos haría innecesaria, por el momento, la legislación sobre la eutanasia.

El panel de expertos para el alivio del dolor y cuidados paliativos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya en 1990, estableció que los gobiernos deben asegurar que han dedicado especial atención a las necesidades de sus ciudadanos en el alivio del dolor y los cuidados paliativos antes de legislar sobre la eutanasia. Este comité de expertos llegó a la conclusión de que, con el desarrollo de los cuidados paliativos, cualquier legislación sobre la eutanasia es completamente innecesaria. Por lo tanto, un Gobierno que antes de desarrollar programas de cuidados paliativos acometa una legislación sobre la eutanasia comete una frivolidad y hasta una irresponsabilidad.

La legalización de la eutanasia, desde mi punto de vista, no aporta nada para el alivio del sufrimiento del enfermo que no pueda aportar un buen control de síntomas en el lugar que él desee, en el hospital o en su domicilio, acompañado por sus seres queridos, disponiendo de los profesionales cuando los necesite para aliviar cualquier tipo de sufrimiento (físico, emocional, social o espiritual), con tratamientos específicos y con la energía necesaria, evitando aquellos tratamientos que le hagan sufrir más que la propia enfermedad y disminuyendo su consciencia con la sedación cuando sea necesario. Todo ello, teniendo en cuenta siempre los deseos del enfermo. Es decir, una atención integral de la persona con los cuidados paliativos.

Reconozco que pueden darse casos en que, a pesar de ofrecerles unos adecuados cuidados paliativos, persistan en su petición de la eutanasia, pero una legislación no debe plantearse a partir de casos límite.

La tentación de la eutanasia como solución precipitada se da cuando un paciente solicita ayuda para morir y se encuentra con la angustia de un médico que quiere terminar con el sufrimiento del enfermo porque lo considera intolerable y cree que no tiene nada más que ofrecerle. Creo que el verdadero fracaso de un médico es tener que admitir la eutanasia como solución alternativa al alivio de los síntomas, al acompañamiento terapéutico y a la comunicación.

Considero que la legalización de la eutanasia sería una solución innecesaria para un problema que, en algunos lugares de nuestro país, está sin resolver por la inequidad asistencial en cuidados paliativos.

Por otro lado, el debate de la eutanasia polariza a la población y ocupa muchas páginas en la prensa y discusiones entre los poderes políticos, centradas demasiado en la reivindicación de un derecho a la eutanasia, mientras se descuida otras prestaciones que deben ser prioritarias como son los cuidados paliativos.

Desear tener una buena muerte, morir bien, es una legítima aspiración de toda persona y es por ello por lo que los profesionales de la salud estamos obligados a ayudar a nuestros enfermos a que mueran bien, sin sufrimiento. Para ello, no debemos precipitar deliberadamente su muerte, pero tampoco debemos prolongar innecesariamente su agonía, sino que debemos ayudar a no sufrir mientras llega su muerte.

Artículo en: https://www.forofamilia.org/noticias/es-el-momento-de-regular-la-eutanasia/?utm_source=Bolet%C3%ADn+Foro+Espa%C3%B1ol+de+la+Familia&utm_campaign=1721465447-EMAIL_CAMPAIGN_2018_04_26_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_cf0d66be1e-1721465447-196722845

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/1/890/41478433435_dfdfaf8f4e_b.jpg

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