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Antaño y hogaño (VI). 17. Período de la juventud

Tres foramontanos en Valladolid 10 Jun 2018 - 07:23 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Acuarela de Danny Quirk en paisajesybodegonesaloleo. blogspot.com) (*)

Dejamos relatado en (VI) -16- lo referente a justicia y fortaleza, espíritu de sacrificio, austeridad… Vengan conmigo ahora, si les pete a mis amigos y probables únicos lectores, para leer cómo vivió nuestro aún joven -17-18 años- la disciplina y subordinación. Virtudes estas imprescindibles para los que “sirven” en la milicia; que lo es con no menos necesidad -¡ay!- en la sociedad civil.

Seguimos en “la General” (AGM). Somnoliento o no, nuestro joven Cadete formaba al toque de diana, como todos los demás Caballeros, en albornoz y babuchas fuera o dentro éstas de los “pinreles” en disciplinado orden: disciplina. Con gusto o sin él –subordinación-, lo hacía igualmente para entrar en el pasillo de las duchas “colectivas”. Imposible saber dentro de ese “tubo”, de todo menos “de la risa”, quién graduaba la temperatura del agua que, generosa, vomitaban por todos los lados y con fuerza ocultos mecanismos. Si salía fría –heladora- el grito unánime: ¡caliente! daba salida al líquido elemento a temperaturas próximas a la ebullición. En el único ventanuco del túnel, se hacinaba multitud de jóvenes Cadetes donde a duras penas cabían dos para no ser escaldados como los pollos antes de ser desplumados.

Sin embargo, no faltaba el buen humor pese a soportar estoicamente friuras y calores temerosos: disciplina.

Buen humor, cuando el profesor, capitán de turno o de semana era uno muy especial por lo renegrido de su piel. Desde el túnel de los cuasi horrores, salía la voz: ¡que se duche el “Carbonilla” y el capitán así apodado, entre dientes: “Como pille a ese carbonilla lo voy a tener una hora en la ducha con agua fría”: disciplina con el buen humor de los jóvenes Cadetes.

Como curiosidad de antaño les digo hogaño cómo entraban en el “tubo de los horrores” los jóvenes Caballeros. Naturalmente no entraban vestidos a las duchas, porque mal podrían enjabonarse y limpiar sudores de las no pequeñas fatigas habidas y por haber. Su indumentaria era, con perdón, “en pelota picada” (¿) con sólo tapadas las partes pudendas con la llamada “trusa”. Ni que decir tiene que antaño no había en la General Damas Cadetes. Según me manifiestan hogaño, las duchas en el “tubo” ya no existen; pues con las de “camaretas” para cada 4- 6 Caballeros u otras para Damas, solucionan lo que hubiera sido inaceptable. Dicho lo cual, permitan al relator unas no pequeñas consideraciones a lo referido sobre duchas o aseos. Los que supongo no serán “transgénero”.

Parecería así solucionado el problema –problema he dicho, sí- de la inaceptable promiscuidad. Porque héteme aquí, que con orden de obligado cumplimiento, tienen libre acceso a la profesión que se inicia en la General no sólo las futuras Damas si superan las pruebas de ingreso, sino todas (y todos) según rezan las RR. OO. “Sin discriminación por razón de `género´ u `orientación sexual´ `fomentando la convivencia, compañerismo e integración intercultural”.

Comprende el relator que, leído así de corrido, no se aprecie más (ni menos, digo yo) que la anómala convivencia de Caballeros Cadetes normales, con los que por orientación sexual anormal – que lo es, ¡oigan!, en toda tierra que garbanzos cría – no lo son; y a los que no sólo se les admite tras el ¿minucioso? reconocimiento médico, sino que se ordena – así, como suena- ¡fomentar la convivencia! de normales, con los del “colectivo LGTBI”.

¿Solucionado, pues, el problema con las modernas camaretas para 4-6 Caballeros o Damas cadetes?, pues “ni hablar del peluquín”; porque en dicho habitáculo pudiera darse la posibilidad de convivir Caballeros normales con los que – otra vez con perdón-, no lo son. ¿Y ya…? Pues va a ser que no.

Pero ¡oiga, ilustrísimo señor anciano!, ¿seguro que no chochea o se ha pasado usía `muchos pueblos´? ¡¡Aguarden!! :

¿No rezan las RR.OO. ` Sin discriminación por `género´ u ´orientación sexual´? Pues según lo que reclama el fundamentalismo y admitido feminismo, ¿por qué excluir a las damas `anormales por lesbianas´ de convivir en camaretas con Damas normales? Después del ¡aaah, claro! colectivo, ¿no les parece mis amigos y probables únicos lectores, que el problema continúa aumentado y agravado? ¿O es que, ingenuos, nos vamos a creer que en ese revoltijo de camaretas los caballeros homosexuales “activos” se dedicarán a rezar, -vaya, con perdón otra vez- el Rosario con los otros?, ¿o en las de Damas con damas lesbianas “activas” van a hacer otro tanto? Si como dicen los científicos y otras voces autorizadas, lo suyo es enfermedad, cúrense primero y luego, digo, preséntense al ingreso Académico.

Pero oiga, ilustrísimo señor anciano, ¿acaso no sabe que en las elementales normas de convivencia los actos sexuales en el recinto académico están severamente prohibidos y que, por ello, sus supuestos son vanos?

A tan sabio recordatorio, permítanme también objeciones: ¿Cuántos oficiales de servicio serían precisos para evitar dichos actos dentro de las camaretas de enfermos con sanos? Y pese a ello ¿no se nos ordena `fomentar la convivencia´, compañerismo etc.?

Así que una de tres: o de verdad chocheo y no “me jalo – con perdón por el palabro- un rosco”; desobedezco la orden; o a mis años no entiendo un “pimiento” de milicia. Y como en mi sano juicio, no encajo en ninguno de los tres supuestos, he de afirmar con respeto pero absoluta firmeza, que el artículo de las reformadas Ordenanzas, es un disparate mayúsculo.

Item digo que si a lo dicho para ambos sexos le añadimos lo del impresentable y gramaticalmente malinterpretado `género´, el lío ya es entonces monumental; porque cada uno o cada una podrían ser hombre o mujer independientemente del sexo y ADN de nacimiento. Y si lo de en la referida promiscuidad es cuasi, o sin él, monstruoso en la milicia, no lo es menos el mayúsculo gol por toda la escuadra del ´género´. Y como con lo dicho con pocas palabras hubiera bastado para el buen entendedor, ni les digo con éstas muchas que llevo dichas. Así pues, con todo y disciplinado respeto, digo, que ¡ya es tarde! para eliminar el no por casualidad incluido artículo de “marras”. Para concluir y puesto que de milicia hablamos, me entienden si les digo, que para aclaraciones a tan perverso y premeditado disparate, por favor: “! al maestro armero!”.

Cierto que según el juramento realizado en la jura de la Bandera, los mayores adquirimos el grave compromiso, y supongo que lo mismo nuestro joven, “respetar y obedecer siempre a nuestros jefes, no abandonarles nunca”….: subordinación; y derramar si fuera preciso en defensa del honor e independencia de la Patria hasta la última gota de vuestra sangre”. ¿Habrase visto, digo, mayor subordinación que ésta, aunque el jefe fuese un “tarugo” con aptitudes deficientes para el ejercicio del mando?

Y es que esto de la disciplina y subordinación, mis amigos y probables únicos lectores, es lo que hace a la milicia una “religión de hombres honrados, donde la más principal hazaña es obedecer, no pedir ni rehusar”… ¿De acuerdo? Pues les dejo con nuestro Calderón de la Barca, que el ya anciano relator les permite descansar hasta el próximo si Dios es servido.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/1/962/42238114452_99ca28d125_o.jpg

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