Por Javier Pardo de Santayana

( La cruz del Valle de los Caídos, la más grande de la cristiandad) (*)
Ayer escribí sobre la España grande y poderosa: la España fecunda que restituyó a Europa sus fronteras y alumbró nuevos mundos. Mas, lamentablemente, hoy he de hablar de la España pequeña; la mezquina, esa patria del odio desmedido.
Ya suponía yo que un gobierno débil como es ahora el nuestro; un gobierno que, incapaz por la falta de votantes, llegó al poder gracias al apoyo de una colección de resentidos, indignados, destructores en potencia e independentistas que odian a su patria grande, buscaría el postureo y los caminos más clásicos y fáciles. Y como se siente obligado a pagarlos el peaje, podemos bien imaginar cuales son éstos. Ya lo apuntan, sin el menor recato, trayendo a colación de nuevo la destrucción de un importante monumento funerario que, por lo que se ve, lo aguanta todo; en primer lugar porque es de piedra, y en segundo lugar porque lo que en su interior alberga es una colección de muertos que no tienen la posibilidad de protestar. Lo malo es que así resucitan viejos resentimientos que harán flaco servicio a la paz entre los españoles. Añadiendo, además, la hipocresía, pues justifican la idea argumentando que lo que pretenden es contribuir a la reconciliación entre ellos, lo cual es muy difícil de tragar porque lo que pretende conseguir es precisamente lo contrario.
¡Que pena da oír estas cosas! Para empezar dígame usted a qué santo viene el empeñarse en un desahogo tan sectario como inútil. Pues de entrada con la llamada “transición política” ya habíamos convertido en realidad el natural deseo de reconciliación a que se alude, y cuyo cumplimiento había supuesto un formidable tanto para España. Así lo vieron todos en su día y así crecería nuestra imagen ante las instancias internacionales, sorprendidas de ver como un crítico periodo de la Historia se archivaba de forma democrática y pacífica para empezar a trabajar todos unidos por el progreso de nuestra sociedad. Sí señor, ¡qué pena da ver ahora el hundimiento de nuestro prestigio! Pues quienes oigan lo que se quiere hacer ahora se dirán con razón de los españoles que “no tienen remedio” y pensarán que una vez más se cumple el viejo dicho de que “cuanto más alto se llega más dura es siempre la caída”. Y esto es lo que finalmente nos sucede tras el paso hace años por el gobierno de quien no tiene ya perdón posible por haberse cargado un paz trabajosamente conseguida y haber desarmado a la “ciudadanía” favoreciendo un clima de feroz relativismo.
Pues lo que en realidad quieren hacernos ahora no es sino volver a las andadas. Por lo que se ve, la reconciliación era juzgada insuficiente para algunos de los nietos de quienes intentaron hacer de España en un momento clave de la historia un país ganado para el comunismo y por el anarquismo que pretendían dominar a Europa con el apoyo de los tontos útiles: aquellos que, temerosos, quisieron justificar el desgobierno y los desmanes hoy silenciados por la famosa “posverdad”. Porque ya se considera algo pecaminoso siquiera mencionar el alevoso asesinato del jefe de la oposición anunciado por una parlamentaria que hoy se presenta como una demócrata de libro, o las trampas en las elecciones que darían el poder a un agresivo frente popular. Como también referirse a la feroz persecución de los cristianos o la escalofriante quema de los templos, la ferocidad de los “paseos” practicados por las checas, o los encarcelamientos injustificables por poseer bienes de familia o por la simple razón de ser monárquicos, que ambas cosas puedo documentar yo mismo sin salir de mi más estricto entorno. O la exterminación de familias enteras, como fue también frecuentemente el caso. O la fabricación de viudas de familias numerosas de las de antes o sea de ocho hijos para arriba, como hace unos días oía a un compañero mío de academia a quien esto sucedió teniendo cuatro años.
Mas lo más grave, y también lo más estúpido y falaz, es que se quiere reescribir la Historia y castigar por decreto a quienes osen, no ya hablar bien, sino simplemente recordar el peligro del que en su día nos libramos a juzgar por lo que acto seguido sucedió en Europa. ¿Qué digo en Europa? Pero si hubo una guerra mundial prolongada por una “guerra fría” en la que el comunismo – hoy denostado incluso por los propios rusos – pretendería extenderse y dominar el mundo… Y, sin embargo, España permanecería en paz todo ese tiempo, o sea cosa de cincuenta años, y crearía una amplia clase media en un ambiente de preocupación por lo social que engendraría una nutrida clase media y una gran parte de los avances laborales de que hoy definitivamente disfrutamos, posibilitando así la transición pacífica hacia una democracia perfectamente homologable y la recuperación de la continuidad histórica mediante la restauración monárquica.
Bueno, pues toda esa aventura que la transición política permitiría culminar con el mayor éxito está ya a punto de pasar a mejor vida gracias a una generación de irresponsables.
Estén, pues, atentos mis lectores, y espérense tan sólo un poco, porque si Dios no lo remedia, después de armar un lío vomitivo de cadáveres que se utilizarán para marcarse un tanto con los insaciables odiadores que ya han salido a flote, nuestros próceres – tan reacios al crucifijo y a la Biblia – buscarán lo de siempre, que será meterse con la Iglesia y hacer la vida imposible a los cristianos. Para lo cual volverán a la murga de la revisión de un famoso documento – “concordato” ellos lo llaman – que, además, no existe.
Aunque mucho me temo que el desideratum de esa chusma fuera ver como se troncha y se derrumba en Cuelgamuros, con los evangelistas incluidos, la impresionante cruz de Juan de Ávalos.
PS: Una vez más les ruego que imaginen lo que les habría ocurrido en Francia si allí se hubieran aplicado los criterios que aquí nos pretenden imponer con la ”memoria (?) histórica”. Para empezar habrían entregado a los okupas los Inválidos una vez que la famosa tumba se hubiera vaciado de los despojos del Emperador. Y, claro está, habrían metido en la Bastilla, si algo quedara de ella, a todos cuantos ensalzaron la figura del “Gran Corso”. Es decir, a casi todos los franceses..
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c2.staticflickr.com/2/1773/41123695870_7a2fee85c3_b.jpg
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