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“Ego sum vitis vos palmites”

Tres foramontanos en Valladolid 25 Sep 2018 - 07:24 CET
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Por Carlos de Bustamante

( Viñas en La Legua, Cigales. Acuarela de J. M. Arévalo. 36×43) (*)

Pensaba si iniciar el presente artículo –próximo al 1.500 en nuestro blog- endosándole un título tan jocoso como “el sacapuntas”. Algo parecido a los que con el sobrenombre de “el Rezongón” les he atormentado durante meses o años. Me explico para que si por un casual logro que me entiendan…: saben mis amigos y probables únicos lectores, que tanto “rezongar” como “sacar punta” a las noticias que nos soliviantan un día sí y otro también, es algo que me satisface. Alternen si les pete un apodo con otro; incluso los desconocidos sabrán quién le da tanto a la tecla hasta aburrir a las ovejas.

Sin embargo, hay ocasiones en las que callar (no rezongar, no sacar punta), es otorgar. En lo opinable, nada que objetar a uno u otro calificativo. Mas en estos aciagos días, parece que es preciso no sólo rezongar y sacar punta a escritos, decires, dimes y diretes, sino pese a quien pese, poner los puntos sobre las íes.

¿Con ese título de arriba señor sacapuntas…? ¡“Aguarden, que se lo traduzco”!: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Y eso, ¿”a qué ton”? ¡Aguarden!

Lo escuché primero en las “peticiones” después del Evangelio en la Santa Misa de cierta parroquia…: “Para que la Iglesia pida perdón por los abusos cometidos…Roguemos al Señor”. Y todos: “Te rogamos óyenos”. Menos el sacapuntas.

Fue entonces cuando “se me vinon a las mientes” esos latines leídos no sé dónde y referidos a la Iglesia. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Supe entonces el porqué de mi silencio a la petición dicha. Ego sum vitis vos palmites. Y lo traduje de derecha a izquierda. Nosotros sarmientos. ¿De qué…? De la vid, claro. Medité. ¡ Que sí oigan, que alguna vez lo hago! Ergo, me dije, si somos sarmientos en el conjunto de la Iglesia, es que lo somos de un mismo tronco. O sea, de la vid. De la cepa. Miembros, pues, de un Cuerpo. Y al ser miembros de la iglesia –el Cuerpo, la vid, la cepa – lo somos del Cuerpo de Cristo: “ego sum vitis”. ¡La Iglesia es el Cuerpo de Cristo! “Vos palmites”. Miembros. Sarmientos. ¿A qué ton va a pedir perdón el Cuerpo de Cristo (Ego sum vitis)? Los palmites, sí; por alto que sea el cargo que ocupemos en Ella. ¡¡La Iglesia (ego sum vitis ), no tiene que pedir perdón de nada!! ¡¡ Es el Cuerpo de Cristo!!

Como en prensa, radio, televisión se dice como en esa petición, tengo que ser rezongón y sacapuntas. Digo entonces a la periodista Silvana Ramos, que sigue en este escrito, ¡que no, mi amiga, que el Cuerpo de Cristo no comete fallo alguno (ego sum vitis)! ¡Que la Iglesia no tiene nada que enmendar! ¡Que es (vitis) el Cuerpo de Cristo!

¿Repasamos el Credo…?: “Creo en la Iglesia, que es una, santa…” . Sin mancha ni arruga –santa- nada tiene que enmendar, ni pedir perdón. Nosotros –“los palmites”-, enmienda y perdón. Nosotros –sarmientos- somos los que la hacemos aparentar fea y sucia. Enmienda y pedir perdón. Claro ¿no? Pues eso. ¡Ah… y que bendita sea la rama que al tronco sale! Nos vemos.

Texto al que me refiero: 26 agosto 2018. “Ante los fallos `en la Iglesia´, ¿qué actitud adoptar desde la fe? Cuatro consejos que pueden ayudarte.

TAGS: Razones para creer

Una cosa ha sido leer las escrituras -explica en Catholic Net la periodista Silvana Ramos-, encontrarme con la historia de Job y sorprenderme con la grandeza de su fe y fidelidad a Dios. Job, mi gran aliado en la caída. Sinceramente hoy la imagen de Job a duras penas me saca a flote; el enojo, la vergüenza, la indignación, es escándalo, el sentir el orgullo aplastado, el amor tirado por el piso, la confianza traicionada. ¡Cómo duele la Iglesia en estos días! Quiero compartir lo que como pueblo católico estamos viviendo, esperando que este recurso de alguna manera pueda aportar en algo hacia “la necesaria enmienda de la Iglesia”. Una iglesia que no solo es responsabilidad de algunos, sino de todos sus miembros.

Las denuncias por abuso y encubrimiento son reales, los hechos me dejan sin palabra, la culpa es innegable y grande, muy grande. Cuando las denuncias empezaron a ver la luz, la primera reacción que he visto en muchos de mis hermanos (incluida yo), es tratar de salir a defender, a excusar lo sucedido, a tratar de separar el trigo de la cizaña: “¡No son todos!”, “la Iglesia está tomando cartas en el asunto…”, “sucedió hace muchos años”. Las palabras se quedan cortas, parecemos locos tratando de defender lo indefendible.

Los amigos se nos vienen encima, la familia también, muchos abandonan la fe, el odio de otros tantos crece y con argumentos sólidos: ¿Cómo no llenarse de rabia contra aquel que me prometía el cielo mientras mataba a mis hijos? Yo que soy madre, no quiero ni pensar en el dolor de las víctimas.

Quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones que nacen durante este tiempo a raíz de lo que la Iglesia vive en este minuto…”

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c2.staticflickr.com/2/1877/42555545610_b588dc62e0_b.jpg

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