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Desagravio a la Virgen María

Tres foramontanos en Valladolid 14 Jun 2019 - 07:27 CET
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Por Carlos de Bustamante

( La Inmaculada de Alonso Cano) (*)

Si hay algo en lo que todo ser humano normal coincide, es, cuando menos, en el respeto y agradecimiento a su madre. Podrá morir de viejo, tener esposa y muchos o pocos hijos. Y todos queridísimos. Pero lo que siempre permanece, sin ser excluyente, es el amor a la madre que lo parió. De los anormales que ni sienten ni padecen y que no entran en lo que es habitual, no se trata. Lo anormal o enfermizo o, con más propiedad “degenerado”, entra en el campo de la psiquiatría, neurología o, en cualquier caso, tratamiento médico.

Cuando no se profesa ninguna de estas especialidades y se posee `sólo´ el título y convencimiento de católico que es militar y de Infantería, se respeta, ama y agradece, sí, a la madre que lo parió; pero aún más y mejor-sin ser excluyente- a la Madre, que lo es de Dios y nuestra, con el secular añadido de ser Patrona de la Infantería desde los Tercios de Flandes y milagro de Émpel.

Créanme que me considero incapaz de hacer endecasílabos de mi prosa en desagravio a nuestra Madre y Patrona como ya han hecho otros Infantes. Por la vil ofensa a la que es Virgen Santísima e Inmaculada, he de forzar el sentimiento de agravio personal, para revertirlo en el perdón a quien la ofendió de forma tan ominosa. Y como mi perdón no es significativo – criatura llena de imperfecciones que también lo necesita-, hago que lo imposible sea posible con las mejores alabanzas que conozco, para ahogar el mal con abundancia de bien, las del Santo Rosario:

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
Dios, Hijo Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios,
“Santa María,

… Y acaba:

Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y, por la intercesión gloriosa de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Y para finalizar con el deseo de que, por el medio que sólo Dios sabe le llegue a quien dibujó la imagen de la que es “Purísima” de forma altamente ofensiva y blasfema copio la oración de san Bernardo, que ojalá sirva de guía para, meditada, suplique el perdón y desagravio por la ofensa cometida:

Mira a la estrella, invoca a María. (San Bernardo).

“¡Oh tú que te sientes lejos de la tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y de las tempestades, si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta Estrella, invoca a María!

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María.

Si eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María.

Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.

“Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María.
En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud.

No te extraviarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas.

Si Ella te tiende su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si Ella te ampara”.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/65535/47884536501_0ef246bd37_b.jpg

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