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El pasado 28 de abril, un apagón eléctrico sin precedentes paralizó la España peninsular y también afectó a Portugal, dejando a millones de personas sin suministro eléctrico durante horas. Esta situación de emergencia provocó escenas que muchos creían superadas desde la pandemia: colas interminables en supermercados y la repentina desaparición del papel higiénico de las estanterías.
Durante las primeras horas del corte eléctrico, los supermercados lograron mantener cierta actividad gracias a generadores. Sin embargo, conforme pasaron las horas, la incertidumbre creció y los ciudadanos acudieron masivamente a abastecerse. Entre los productos que más rápido se agotaron estuvieron los platos preparados, el agua embotellada y, una vez más, el papel higiénico.
Pánico y memoria colectiva: ¿por qué siempre el papel higiénico?
La reacción no es nueva ni exclusiva de España. Desde la pandemia de COVID-19, la compra compulsiva de papel higiénico se ha convertido en un fenómeno global. Pero, ¿qué impulsa exactamente esta conducta? Los psicólogos explican que en situaciones de amenaza o incertidumbre, como un apagón inesperado o una crisis sanitaria, las personas buscan recuperar la sensación de control sobre su entorno adquiriendo productos esenciales y difíciles de sustituir.
- El papel higiénico es un producto básico e insustituible para la mayoría.
- Su tamaño voluminoso hace que, ante una avalancha inicial, las estanterías se vacíen rápidamente, reforzando la percepción de escasez.
- El “efecto bola de nieve”: ver que otros compran grandes cantidades genera miedo a quedarse sin reservas y empuja al acaparamiento.
- La falta de información fiable y la desconexión digital amplifican la ansiedad colectiva.
En este caso concreto, el apagón dejó sin cobertura móvil a buena parte de la población. Sin acceso a noticias actualizadas ni redes sociales, el rumor y la observación directa (ver carros llenos de papel) bastaron para desencadenar una ola de compras impulsivas.
Supermercados ante el caos: logística y prevención
Las cadenas como Mercadona, Carrefour o Alcampo intentaron mantener la normalidad operativa con generadores. Sin embargo, muchas tuvieron que limitar pagos únicamente en efectivo por la caída de datáfonos y sistemas informáticos. En paralelo, los problemas logísticos por la falta de refrigeración causaron pérdidas cuantiosas en productos frescos y congelados.
La avalancha ciudadana fue especialmente visible durante las primeras seis horas del apagón:
- Se agotaron rápidamente alimentos no perecederos (conservas, pan industrial).
- El agua embotellada desapareció en cuestión de minutos en muchas localidades.
- El papel higiénico se convirtió en uno de los artículos más demandados junto a pilas y linternas.
En algunos barrios se vivieron escenas solidarias: vecinos ayudando a ancianos a cargar provisiones o compartiendo recursos. Sin embargo, también hubo momentos de tensión por temor a saqueos; las autoridades recomendaron incluso cerrar algunos establecimientos antes del horario habitual.
Factores culturales y aprendizaje reciente
La compra masiva de papel higiénico está profundamente arraigada en la memoria colectiva tras el confinamiento por COVID-19. Aquel episodio marcó un antes y un después en cómo respondemos ante amenazas percibidas. Según expertos en comportamiento social:
- La experiencia previa refuerza respuestas automáticas: si antes faltó papel higiénico durante una crisis, se asume que ocurrirá lo mismo ante cualquier nueva amenaza.
- En España, además, hay un componente cultural ligado al bienestar doméstico: disponer siempre de productos básicos es símbolo de previsión y cuidado familiar.
La reciente recomendación europea —emitida en marzo— para que cada hogar prepare un kit básico para emergencias (incluyendo agua, medicinas y artículos esenciales) ha calado parcialmente entre los ciudadanos. No obstante, este consejo institucional se ha mezclado con el recuerdo emocional del desabastecimiento pandémico, creando una reacción desproporcionada ante cualquier crisis real o percibida.
Papel higiénico: símbolo práctico… y psicológico
A pesar del tono humorístico con el que se ha tratado muchas veces este fenómeno (memes incluidos), lo cierto es que el papel higiénico cumple funciones prácticas más allá del aseo personal. Durante cortes eléctricos prolongados:
- Se utiliza para limpiar superficies cuando no hay agua corriente.
- Puede servir como absorbente en neveras descongeladas para evitar malos olores o acumulación de humedad.
- Es ligero, fácil de almacenar y no perecedero.
Su versatilidad refuerza su valor percibido en situaciones límite.
El ciclo del acaparamiento: control, rumor y contagio social
Las investigaciones sobre consumo durante crisis señalan tres fases bien diferenciadas:
- Inicio: La falta de información genera miedo e impulsa compras preventivas.
- Contagio: Ver estanterías vacías o carros llenos provoca efecto dominó; todos quieren asegurarse su parte.
- Normalización: Una vez asegurada cierta cantidad mínima por hogar (aunque sea excesiva), desaparece el impulso inicial.
En este proceso influyen tanto factores racionales (la necesidad real) como emocionales (el miedo al desabastecimiento). La limitada capacidad logística para reponer rápidamente grandes volúmenes solo amplifica el problema inicial.
¿Qué podemos aprender?
El apagón ha vuelto a poner sobre la mesa hasta qué punto nuestra sociedad sigue siendo vulnerable a crisis súbitas. Pero también ha evidenciado fortalezas:
- Los supermercados han mejorado sus protocolos desde 2020.
- La ciudadanía mostró mayor serenidad tras las primeras horas iniciales.
- La radio —y no solo internet— recuperó protagonismo como fuente fiable cuando fallaron otros canales.
Sin embargo, el “caso papel higiénico” demuestra que la percepción pesa tanto como la realidad objetiva. Ante nuevas amenazas —sean tecnológicas o sanitarias— es probable que volvamos a ver comportamientos similares hasta que exista mayor educación social sobre gestión doméstica y resiliencia comunitaria.
En definitiva: si algo enseña cada crisis es que nuestras reacciones colectivas dicen tanto sobre nuestra cultura como sobre nuestras necesidades reales.
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