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Sin necesidad de importar de Rusia

El uranio salmantino, que según Sánchez no existe, podría iluminar España durante 20 años

Aunque el Gobierno socialcomunista niega su existencia, las reservas de uranio españolas son suficientemente abundantes como para garantizar el funcionamiento de todas las nucleares españolas durante varias décadas

Manuel Trujillo 10 May 2025 - 08:33 CET
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En pleno debate sobre la independencia energética y la transición ecológica, el uranio salmantino vuelve a ocupar titulares y a levantar ampollas en el Congreso.

Las palabras del ignorante Pedro Sánchez negando la existencia de reservas nacionales han desconcertado tanto a expertos como a los vecinos de municipios salmantinos, donde los contadores de radiación no entienden de discursos políticos. ¿Puede España realmente permitirse ignorar un recurso capaz de alimentar sus centrales nucleares durante veinte años?

Las cifras son contundentes: según el último informe del Libro Rojo de la Agencia para la Energía Nuclear, España posee 34.400 toneladas de uranio, equivalentes a 89 millones de libras del codiciado U3O8.

Suficiente para mantener los siete reactores nucleares del país funcionando al menos 18 años sin tener que pedir favores a Rusia ni a nadie.

Sin embargo, la paradoja española reside en que, aunque el recurso está bajo nuestros pies, su extracción está prohibida desde la reforma legal impulsada en 2021.

Salamanca: entre las mayores reservas de Europa

El epicentro del debate es Retortillo, una localidad salmantina donde la minera australiana Berkeley lleva años soñando con abrir una mina a cielo abierto. La magnitud del yacimiento es tal que permitiría abastecer la demanda nacional —unos 1.250 toneladas anuales— durante dos décadas. Por si fuera poco, los terrenos circundantes guardan historias dignas de novela: desde operaciones internacionales para sacar material nuclear hasta agricultores cuyos tomates dan más miedo a los geiger que al mismísimo Drácula.

Pero, ¿por qué no se explota este tesoro? El argumento oficial es que el coste económico, social y medioambiental sería inasumible, una afirmación defendida con ahínco por el Ejecutivo socialista y sus socios ecologistas. Sin embargo, tras la fachada verde se esconde un litigio internacional: Berkeley reclama cerca de mil millones de euros por el veto gubernamental, una indemnización que podría salir más cara que cualquier limpieza radiactiva imaginada por Hollywood.

De Saelices el Chico a Juzbado: historia atómica a la española

La relación de España con el uranio no es nueva. Desde los años 60 hasta el año 2000, las minas de Saelices el Chico (Salamanca) y otras explotaciones pusieron al país en el mapa nuclear europeo. La antigua Empresa Nuclear del Uranio (Enusa) llegó a representar un tercio del PIB provincial y procesaba material extraído localmente en su planta de Juzbado. El cierre llegó cuando los precios internacionales desplomaron la rentabilidad y crecieron las presiones medioambientales.

Lo curioso es que, a pesar del cierre físico de las minas, las reservas siguieron ahí —como quien guarda un jamón en la despensa esperando mejores tiempos—. Hoy, todo el sector está parado por ley: desde 2021 ningún nuevo permiso para explorar ni explotar minerales radiactivos puede concederse en territorio español. Así que sí, hay uranio… pero no se toca.

¿Ignorancia supina o estrategia política?

La reciente afirmación del presidente Pedro Sánchez —“en España no hay uranio”— ha sido ampliamente tachada de incorrecta por especialistas y medios solventes. Incluso desde su propio Gobierno se ha reconocido reiteradamente en documentos oficiales la existencia y potencial económico del mineral salmantino. La verdadera razón detrás del bloqueo tiene menos que ver con la geología y más con la política energética: se prioriza la agenda verde y se evita cualquier sombra nuclear, aunque eso suponga importar toneladas del mineral desde Rusia o Kazajistán.

Mientras tanto, la empresa Berkeley sigue adelante con su arbitraje internacional ante el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones), reclamando una indemnización cercana a los 900 millones de euros por haberles cerrado la puerta cuando ya tenían medio pie dentro. Un capítulo más en la novela negra del uranio español.

Curiosidades científicas: cuando Salamanca brilla sin enchufe

De Rusia con amor… y facturas

Hoy por hoy, mientras España mantiene cerrada su propia despensa atómica por decisión política, seguimos comprando uranio —directa o indirectamente— a Rusia mediante intermediarios europeos o estadounidenses. Un contrasentido energético que alimenta debates encendidos entre quienes apuestan por relanzar la minería nacional y quienes ven en ello un paso atrás en la lucha contra el cambio climático.

En resumen (aunque sin llamarlo así), parece que tenemos oro atómico bajo los pies pero preferimos mirar hacia otro lado… salvo cuando toca pagar facturas o resolver arbitrajes millonarios. Todo muy español.

Y recuerde: si visita algún huerto salmantino famoso por sus radiaciones naturales… lleve protector solar SPF Geiger. Nunca se sabe cuándo puede saltar una chispa científica entre tomates.

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