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SISMÓLOGOS RESUELVEN UN MISTERIO PLANETARIO

El enigma del “temblor global” de 90 segundos: la ola que hizo vibrar la Tierra

Una vibración planetaria cada 90 segundos, registrada durante días, resulta ser el eco global de un megatsunami en Groenlandia provocado por el deshielo y el cambio climático

Periodista Digital 05 Sep 2025 - 01:43 CET
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Durante nueve días de septiembre de 2023, la Tierra pareció adoptar un ritmo propio: cada 90 segundos, una vibración sutil pero global atravesaba el planeta. No era un terremoto clásico ni una explosión subterránea. Los sensores sísmicos, siempre atentos a los latidos del planeta, detectaban una señal regular, inconfundible, y completamente desconcertante para los científicos. El misterio no tardó en desatar un torbellino de hipótesis internacionales: ¿se trataba de pruebas nucleares ocultas, actividad volcánica encubierta o incluso señales de origen desconocido? Nada encajaba.

Lo que nadie sospechaba era que la clave del enigma estaba en un remoto fiordo del noreste de Groenlandia, donde la naturaleza había preparado uno de sus espectáculos más impresionantes y catastróficos: un megatsunami causado por el colapso de una montaña entera.

Groenlandia golpea el tambor del planeta

El punto de origen fue el Dickson Fjord, una garganta helada y profunda encajada entre acantilados, donde el 16 de septiembre de 2023 se produjo un gigantesco deslizamiento de tierra y hielo. El glaciar que sostenía la montaña había adelgazado tanto —por efecto directo del cambio climático— que la roca cedió, liberando más de 25 millones de metros cúbicos de material al mar en cuestión de segundos.

Este brutal derrumbe generó una ola monstruosa: un megatsunami de hasta 200 metros de altura —el doble que la Estatua de la Libertad— que barrió el fiordo y dejó cicatrices visibles incluso desde el espacio. Pero lo más extraordinario no fue solo su tamaño colosal. Al quedar atrapada entre las paredes del fiordo, la ola rebotó una y otra vez, generando una oscilación conocida como seiche, como si alguien agitase vigorosamente una bañera gigante.

Y aquí reside el truco: este seiche funcionó como un tambor natural, enviando pulsos sísmicos a través del planeta cada 90 segundos. Durante nueve días, esos latidos recorrieron la corteza terrestre y fueron detectados por estaciones sísmicas desde el Ártico hasta la Antártida.

Ciencia a ritmo planetario

La resolución del misterio ha sido posible gracias a una combinación inédita de herramientas científicas modernas:

Los datos orbitales permitieron reconstruir milimétricamente cómo la ola iba rebotando dentro del fiordo durante días, manteniendo atrapada su energía como si fuera un eco interminable. La señal sísmica resultante tenía una sola frecuencia dominante —ese pulso cada 90 segundos— y era tan distintiva que se convirtió en uno de los “objetos sísmicos no identificados” más famosos recientes.

Un megatsunami nacido del cambio climático

La raíz última del fenómeno está en el rápido deshielo polar. El glaciar que mantenía estable la montaña colapsó tras décadas perdiendo masa por el calentamiento global. Sin ese “pegamento” helado, bastó un pequeño desequilibrio para desencadenar un desastre geológico.

La experiencia es también una advertencia: con un Ártico cada vez más cálido, estos episodios podrían volverse más frecuentes e intensos en las próximas décadas.

Impacto global y curiosidades científicas

El caso ha dejado huella tanto en la ciencia como en la cultura popular:

Anécdotas y datos curiosos para mentes inquietas

Y así, mientras seguimos explorando los límites entre ciencia y asombro, queda claro: a veces basta una ola atrapada para poner al mundo entero… a temblar al mismo compás.

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