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EXPLORACIÓN MARCIANA Y HALLAZGOS ASTROBIOLÓGICOS

Manchas de leopardo en Marte: el enigma microbiano que parece revelar que hubo la vida en el Planeta Rojo

El rover Perseverance descubre rocas con patrones que podrían ser la evidencia más clara de vida antigua en Marte

Periodista Digital 12 Sep 2025 - 18:52 CET
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Marte sigue guardando sus secretos bajo capas rojizas y moteadas.

Quizá algún día descubramos que las primeras formas vivas del universo dejaron sus huellas… con estampado animal.

A día de hoy, 12 de septiembre de 2025, científicos de la NASA han desvelado el descubrimiento de unas rocas marcianas que presentan «manchas de leopardo», un patrón moteado que no sólo ha capturado la imaginación del público, sino que podría convertirse en la pista más prometedora para resolver una de las grandes preguntas científicas: ¿existió vida en el planeta rojo?

La protagonista de esta historia es la roca Cheyava Falls, localizada en la formación Bright Angel dentro del cráter Jezero, una zona ya famosa por haber sido el cauce de un río hace millones de años.

El rover Perseverance, que explora este entorno desde 2021, detectó las peculiares manchas durante una inspección en julio de 2024. Lo llamativo no es sólo el aspecto visual, sino su composición química: en la Tierra, patrones similares suelen asociarse a procesos biológicos ligados a microorganismos.

La química detrás del misterio

Las rocas analizadas por Perseverance están formadas por arcilla y limo, materiales conocidos por su capacidad para preservar fósiles y materia orgánica. Además, los instrumentos PIXL y SHERLOC del rover detectaron compuestos como carbono orgánico, azufre, fósforo e hierro oxidado. Estos elementos, según los científicos, podrían haber sido fuente de energía para metabolismos microbianos primitivos.

Lo más intrigante son los minerales identificados en las manchas: vivianita (un fosfato ferroso) y greigita (un sulfuro ferroso). En nuestro planeta, la vivianita suele aparecer en sedimentos ricos en materia orgánica en descomposición, mientras que la greigita puede ser generada por ciertas bacterias. La coexistencia de ambos minerales en Marte apunta a posibles reacciones químicas compatibles con actividad microbiana.

Los bordes oscuros de las manchas contienen vivianita y las zonas internas más claras están formadas por greigita. El proceso se habría producido mediante una reacción redox —el material orgánico cede electrones al hierro—, dejando tras de sí estos minerales como auténticas «huellas dactilares» químicas.

¿Prueba definitiva o ciencia cautelosa?

Los expertos advierten que aunque el hallazgo es revolucionario —de hecho, Sean Duffy y Nicky Fox lo han calificado como «el rastro más claro de vida antigua visto en Marte»— aún no constituye una prueba directa. La razón es sencilla: los procesos inorgánicos también pueden generar estos minerales, aunque son menos probables en las condiciones específicas del cráter Jezero. La confirmación sólo será posible cuando las muestras puedan analizarse con equipos sofisticados en laboratorios terrestres.

La misión para traer los fragmentos marcianos está rodeada de incertidumbre política y técnica. Estados Unidos y China compiten por ser los primeros en lograrlo; mientras tanto, el rover Perseverance ya acumula treinta cápsulas esperando su viaje interplanetario. El destino del programa Sample Return pende ahora de los debates presupuestarios y tecnológicos.

El contexto marciano: Jezero y sus secretos

La elección del cráter Jezero no es casual. Hace miles de millones de años albergó un lago profundo alimentado por ríos, lo que lo convierte en uno de los enclaves más propicios para buscar biomarcadores. Las muestras recogidas incluyen no sólo las famosas «manchas de leopardo», sino también nódulos verdosos apodados «semillas de amapola», incrustados en lutita rojiza —otro indicio potencialmente biológico.

En este ambiente húmedo y templado, los procesos bioquímicos pudieron prosperar antes del gran cambio climático marciano que transformó el planeta en un desierto helado. Si se confirma la naturaleza biológica de las manchas y nódulos, podríamos estar ante la primera evidencia tangible de vida fuera de la Tierra.

La carrera científica y tecnológica

Mientras NASA espera luz verde para recuperar las muestras —una misión cuyo coste y dificultad han llevado a replanificarla varias veces— otras agencias espaciales también se suman al reto. El rover Rosalind Franklin de la ESA está previsto para lanzarse en 2028; su objetivo será perforar más profundamente el subsuelo marciano, donde los biomarcadores podrían estar mejor preservados frente a la radiación superficial.

China también planea una misión similar antes del final de esta década. Así pues, el misterio marciano se convierte en una carrera global donde ciencia, política y tecnología avanzan codo con codo.

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