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Un objeto que proviene de los confines más lejanos de la galaxia está cruzando nuestro sistema solar.
No se trata de una historia de ciencia ficción: el 3I/ATLAS es el tercer cuerpo interestelar identificado después de los célebres ‘Oumuamua’ y ‘Borisov’.
Este cometa fue descubierto en julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile y ha suscitado debates, simulaciones e incluso algunos titulares alarmantes sobre su posible impacto con la Tierra.
Afortunadamente, las trayectorias calculadas por los principales centros astronómicos han dejado claro que no hay un riesgo real: 3I/ATLAS no se aproxima lo suficiente a nuestro planeta como para representar una amenaza. Su máximo acercamiento será a unos 270 millones de kilómetros, alrededor del doble de la distancia entre la Tierra y el Sol.
En otras palabras, no pasará “rozando” nuestro hogar.
¿Dónde podría caer un objeto como 3I/ATLAS?
La cuestión persiste: si un objeto interestelar como 3I/ATLAS llegara a impactar la Tierra, ¿dónde sería más probable? Para resolver esta incógnita, los científicos han llevado a cabo simulaciones avanzadas que modelan millones de trayectorias potenciales de cuerpos interestelares.
Los hallazgos son sorprendentes y, al mismo tiempo, bastante lógicos:
- El mayor riesgo de impacto se concentra en las latitudes bajas, cerca del ecuador.
- Se registra un leve aumento del riesgo en el hemisferio norte, que casualmente es donde vive la mayor parte de la población humana.
Esto se explica por diversos factores físicos y astronómicos. La inclinación y dirección de la órbita terrestre respecto a la galaxia, así como el llamado «ápice solar» —la dirección hacia donde se desplaza nuestro sistema solar en la Vía Láctea— hacen que los objetos que provienen del plano galáctico o del ápice tengan más probabilidades de cruzarse con nuestro planeta.
Así que, si algún día un cometa interestelar parecido a 3I/ATLAS colisionara con la Tierra, lo más probable es que lo hiciera cerca del ecuador, con una ligera inclinación hacia el hemisferio norte. Pero hay que recalcar: en el caso concreto del 3I/ATLAS no hay amenaza alguna, ni para el hemisferio norte ni para ninguna otra parte del mundo.
Lo que hace único a 3I/ATLAS (y lo que nos enseña sobre el cosmos)
El 3I/ATLAS es mucho más que un posible peligro; representa una puerta abierta a otros sistemas estelares. Este cometa viaja a velocidades superiores a los 100.000 kilómetros por hora y sigue una trayectoria hiperbólica, lo cual significa que nunca volverá a acercarse al Sol tras su paso actual.
Su órbita es extremadamente inclinada y retrógrada, lo cual lo distingue incluso entre otros visitantes interestelares.
Ha exhibido comportamientos inusuales, como la aparición de una “anticola” —una formación de polvo y gas que apunta hacia el Sol en vez de alejarse—, fenómeno que ha sorprendido a los astrónomos y ha alimentado múltiples teorías.
Las observaciones realizadas por el telescopio James Webb han permitido apreciar cómo, al calentarse en su perihelio (su punto más cercano al Sol), esa anticola desaparecía para dar paso a una cola “normal”. El dióxido de carbono parece ser el principal responsable de su actividad, liberando chorros de gas y polvo que transforman su apariencia en cuestión de días.
En pocos meses ha perdido alrededor de 2 millones de toneladas de masa, aunque esta cifra representa solo una pequeña fracción de su peso total.
Impactos interestelares: ¿deberíamos preocuparnos?
La historia terrestre está marcada por impactos cósmicos. Es muy probable que durante sus 4.600 millones de años haya recibido visitas —y golpes— por parte de más de un objeto interestelar. Sin embargo, detectar estos cuerpos es extremadamente complicado; por cada 3I/ATLAS avistado, miles pueden haber pasado desapercibidos.
Un reciente estudio publicado en arXiv ha realizado simulaciones con una población sintética compuesta por 10.000 millones de objetos interestelares para estimar cómo podrían comportarse aquellos capaces de impactar la Tierra. La conclusión es clara: los cuerpos más peligrosos suelen ser hiperbólicos con baja excentricidad, ya que la gravedad solar puede desviar sus trayectorias hacia colisiones con nuestra órbita terrestre.
Pero, ¿cuántos han impactado realmente? No hay manera precisa de saberlo. El número sigue siendo un misterio; sin embargo, los datos recopilados por observatorios como Vera Rubin permitirán afinar estas estimaciones en el futuro próximo.
Una mirada curiosa: anécdotas y asombros del universo interestelar
- El cometa 3I/ATLAS fue avistado desde Chile, uno de los mejores lugares del mundo para observar fenómenos astronómicos gracias a sus cielos despejados y escasa contaminación lumínica.
- La extraña “anticola” ha llevado a algunos astrónomos a bromear sobre cómo este cometa parece “navegar contra corriente” en el tráfico galáctico habitual.
- La trayectoria hiperbólica del 3I/ATLAS implica que no regresará jamás tras su paso en 2025; es como si fuera un turista despistado sin mapa ni ganas de volver.
- La comunidad científica ha dado un toque humorístico al bautizar a estos objetos como “visitantes galácticos sin visa de retorno”.
- Dado que el 90% de la población mundial reside en el hemisferio norte, cualquier noticia sobre riesgos potenciales allí tiende a adquirir un aire más mediático… aunque sea mínima la posibilidad real.
En resumen, 3I/ATLAS nos recuerda que el universo está repleto de sorpresas. La ciencia avanza gracias al trabajo metódico basado en datos y simulaciones. Aunque las posibilidades de un impacto interestelar son remotas, nuestra curiosidad sigue siendo el verdadero motor detrás de nuestra aventura cósmica.
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