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46 muertos

Las víctimas de Adamuz se indignan ante las risotadas de Sánchez y la euforia del socialista Puente

El dolor es inmenso y legítimo

Periodista Digital 13 Feb 2026 - 07:59 CET
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El Gobierno olvida a las 48 víctimas de Adamuz: da la crisis por zanjada y al ministro Puente por salvado

«¡No tienen vergüenza!»

Las víctimas del trágico accidente ferroviario de Adamuz, donde perdieron la vida 46 personas en aquel fatídico día, sienten una profunda indignación ante lo que consideran una desvergüenza intolerable por parte de Óscar Puente.

El ministro, con sus declaraciones evasivas, sus intentos de minimizar responsabilidades y su insistencia en culpar a factores externos mientras esquiva cualquier autocrítica seria, ha herido aún más el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos.

A esto se suma la fría indiferencia de Pedro Sánchez, que no ha dedicado ni una sola visita personal a los familiares, no ha asumido públicamente ninguna responsabilidad política y parece haber relegado la tragedia a un segundo plano mediático, como si el luto colectivo no mereciera más que comunicados institucionales vacíos.

Produce especial irritación entre las familias la intervención de Sánchez en el Congreso, donde sacó pecho defendiendo que la vía cumplía «todos los protocolos de control y mantenimiento», alardeando de inversiones millonarias y repitiendo que el sistema ferroviario español es «uno de los mejores del mundo», mientras decía mentiras —o al menos verdades a medias— según denuncian muchos allegados y la oposición, al ignorar posibles negligencias previas, cambios de versión y la falta de autocrítica real.

En lugar de pedir perdón o mostrar humildad ante las víctimas, optó por atacar al PP, acusar de «bulos» y desinformación, y contraponer tragedias pasadas, lo que para las familias supone una provocación intolerable que transforma el dolor en rabia política.

Para ellas, esta combinación de cinismo ministerial y arrogancia presidencial no es solo una falta de empatía: es una segunda victimización que aviva su rabia y su sensación de abandono absoluto por parte de quienes deberían haber velado por la seguridad y, después, por la justicia y la dignidad de las víctimas.

El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), ocurrido el 18 de enero de 2026, es una de las tragedias más graves en la historia reciente del ferrocarril español: un tren Iryo (Málaga-Madrid) descarriló e invadió la vía contraria, colisionando frontalmente con un Alvia (Madrid-Huelva). El balance final es de 46 fallecidos y más de 150 heridos,

Las causas apuntan a problemas en la vía (como grietas o fallos en soldaduras entre tramos antiguos y nuevos), en un tramo que había sido renovado recientemente, aunque persisten debates sobre la responsabilidad del mantenimiento a cargo de Adif (dependiente del Ministerio de Transportes).

Las víctimas y sus familias han expresado públicamente indignación y dolor profundo.

Critican la actitud del presidente Sánchez durante intervenciones o comparecencias relacionadas con la tragedia, describiéndola como inapropiada (incluyendo referencias a risas o falta de empatía aparente, como en declaraciones de familiares que afirman que «estuvo riéndose, como si no tuviese 47 víctimas a sus espaldas»).

Esta percepción se ha amplificado en redes y medios, donde se habla de euforia o ligereza en respuestas políticas ante una catástrofe de esta magnitud.

Respecto a la responsabilidad política:

Además, se ha vinculado (en críticas opositoras y redes) la trama Koldo (corrupción con mascarillas) a Adif, alegando que se usó por su «mejor liquidez», lo que genera más desconfianza hacia la gestión de infraestructuras bajo este Gobierno.

El dolor de las víctimas es inmenso y legítimo, y su indignación ante lo que perciben como falta de empatía o asunción de culpas por parte del Ejecutivo (especialmente Sánchez y Puente) es un sentimiento compartido por muchos. La investigación sigue en curso (judicial y técnica), y solo sus conclusiones definitivas podrán aclarar responsabilidades plenas. Mientras, el foco debe estar en el apoyo real a las familias y en evitar que vuelva a repetirse una tragedia así.

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