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Mucho tiener que ver la Madrastra Naturaleza.
Buena parte es consecuencia de las copiosas lluvias de primavera, porque al llegar el estío la hierba y los matojos se han metamorfoseado en yesca.
Otro factor son los pirómanos.
Y clave la ineptitud del Gobierno Sánchez y la falta de prevención general.
España asiste impotente a una de las peores cadenas de incendios forestales de la última década.
El avance de las llamas, de norte a sur, ha calcinado casi 67.000 hectáreas a día de hoy, 13 de agosto de 2025.
El drama se cuenta en víctimas: dos muertos, decenas de heridos —al menos tres de gravedad— y miles de evacuados. Las regiones más afectadas: Castilla y León, Galicia, Extremadura, Andalucía y Madrid, viven jornadas de angustia con evacuaciones masivas, cortes ferroviarios y pueblos enteros amenazados por el avance de las llamas.
El calor extremo, los vientos cambiantes y la imprudencia —o la acción directa— de pirómanos han convertido el verano en una sucesión de emergencias.
El Ministerio del Interior ha declarado la fase de preemergencia del Plan Estatal General de Emergencias, movilizando a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y reforzando la coordinación con las comunidades autónomas.
El propio ministro, Fernando Grande-Marlaska, ha admitido que la situación “es realmente difícil desde el punto de vista climatológico” y no descarta pedir ayuda urgente a la Unión Europea si la tendencia no se revierte en los próximos días.
Ineptitud y desborde: el Gobierno y las CCAA, contra las cuerdas
La magnitud de la tragedia ha evidenciado las carencias en la prevención y la respuesta institucional. El Gobierno Sánchez, junto a las comunidades autónomas, se ve superado tanto por la virulencia de los fuegos como por la coordinación de recursos.
La activación de la preemergencia no implica la intervención directa del Estado, manteniendo la gestión en manos autonómicas, pero la realidad es que la mayoría de los fuegos activos se encuentran en nivel 2: los medios locales ya no bastan y se requiere ayuda estatal y, posiblemente, europea.
La reacción tardía y la falta de anticipación han avivado las críticas. Diversas voces señalan la ausencia de una política forestal eficaz, la escasez de recursos en prevención, vigilancia y extinción, y la lentitud en la toma de decisiones estratégicas.
El propio Ejecutivo se ha visto obligado a abrir un canal directo con el Mecanismo Europeo de Protección Civil, dejando la puerta abierta a la llegada de medios aéreos y efectivos comunitarios si la situación sigue agravándose.
La ‘Madrasta Naturaleza’: cuando el clima y el hombre conspiran
El término ‘Madrasta Naturaleza’ cobra sentido en este contexto. Las olas de calor extremo, cada vez más frecuentes y largas, multiplican el riesgo de incendios de nueva generación: fuegos que avanzan a gran velocidad, saltan cortafuegos y se alimentan de masas forestales densas y secas. A esto se suma la acción humana. Las fuerzas de seguridad han detenido al menos a dos presuntos pirómanos en los últimos días, incluido un trabajador forestal en Ávila, mientras se investiga la posible intencionalidad en varios focos simultáneos.
El impacto de estos fuegos va más allá de lo ecológico. Se calcula que el 80% de las hectáreas calcinadas corresponden a bosques y matorrales, pero también se han visto afectadas zonas agrícolas, infraestructuras y viviendas. El coste económico y social, aún por cuantificar, será millonario.
Datos y tendencias: menos incendios, más destructivos
Paradójicamente, la masa forestal en España ha crecido un 7% en las últimas dos décadas, pero los incendios que se producen son más devastadores. Aunque el número total de fuegos ha descendido un 35% respecto a la década anterior, la proporción de grandes incendios —los que superan las 500 hectáreas— no deja de crecer. En lo que va de año, se han registrado 14 grandes incendios, una cifra récord para el ecuador de agosto y sólo superada por 2022 en los registros recientes.
Las estadísticas muestran otro dato preocupante: en 2025 ya han fallecido más personas por incendios forestales que en años completos como 2018, 2019, 2021, 2022 y 2023, situándose sólo por detrás de 2017 y 2020, que registraron seis víctimas mortales cada uno.
Perfil de la crisis: protagonistas y anécdotas
Entre los nombres propios de esta tragedia destacan los de los efectivos de la UME, los bomberos forestales y los voluntarios que, jugándose la vida, han logrado frenar el avance de las llamas en lugares como Tres Cantos (Madrid) y Tarifa (Cádiz). También el ministro Grande-Marlaska, convertido en portavoz de la emergencia, y los presidentes autonómicos que han reclamado más medios y coordinación.
Algunas curiosidades y anécdotas de estos días:
- Un joven de 35 años, fallecido en León, intentó salvar su vivienda y sus animales, atrapado por el fuego.
- En Ávila, la detención de un trabajador forestal por provocar un incendio ha generado una fuerte polémica sobre la vigilancia interna y los protocolos de contratación.
- Vecinos de varias localidades han formado cadenas humanas para proteger casas y granjas, ante la desesperación por la lentitud de los servicios de emergencia.
- La línea ferroviaria Madrid-Galicia ha estado interrumpida durante horas por el avance de las llamas en varios tramos, afectando a miles de viajeros.
Prevención o resignación
La cadena de incendios de nueva generación ha puesto a prueba la resiliencia del sistema español de emergencias y la capacidad de reacción del Gobierno Sánchez. La falta de prevención, la insuficiencia de recursos y la presión creciente del cambio climático auguran que esta crisis no será la última. La pregunta es si se aprenderán las lecciones necesarias o si, cada verano, España volverá a arder bajo el sol y la ‘Madrasta Naturaleza’.
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