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CARTOGRAFÍA REVOLUCIONARIA DE LA ANTÁRTIDA BAJO EL HIELO

Antártida: El continente oculto y un descubrimiento asombroso bajo dos mil metros de hielo

Un mapa sin precedentes desvela montañas, valles y cañones enterrados en la Antártida, cambiando nuestra percepción del continente más remoto y helado del planeta

Periodista Digital 16 Ene 2026 - 10:44 CET
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Durante años, la Antártida ha sido uno de esos enigmas geográficos que fascinan a científicos y curiosos por igual.

Bajo su inmenso manto de hielo, que en ciertos puntos alcanza los tres kilómetros de espesor, se ocultaba un mundo completamente inexplorado.

Ahora, gracias a una combinación revolucionaria de tecnología satelital, mediciones en el terreno y nuevos enfoques físicos, un equipo internacional de investigadores liderado por la Universidad de Edimburgo ha conseguido lo que parecía un sueño: cartografiar con una precisión sin igual el relieve escondido del continente austral.

El resultado es Bedmap3, el mapa más detallado jamás realizado de la Antártida, que muestra un paisaje tan intrincado y diverso como cualquier continente libre de glaciares.

Este avance científico marca un punto de inflexión en la investigación polar.

La creación del nuevo mapa ha sido posible gracias a la fusión de datos satelitales de alta resolución, mediciones precisas del grosor del hielo y un enfoque físico conocido como Análisis de Perturbación del Flujo de Hielo (IFPA). Esta metodología innovadora ha permitido sortear los obstáculos técnicos que habían mantenido en la penumbra el subsuelo antártico durante décadas.

Lo más asombroso es que el IFPA tiene la capacidad de detectar formaciones topográficas intermedias, que oscilan entre dos y treinta kilómetros, las cuales resultaban completamente invisibles con las técnicas tradicionales.

Cuando una masa glacial de hasta tres kilómetros se desplaza sobre un cañón subglacial de cien metros, la elevación superficial apenas experimenta variaciones mínimas, cambios que antes eran indetectables.

Montañas fantasma y valles olvidados

Lo que este nuevo mapa pone al descubierto es realmente impactante: bajo el hielo antártico se extiende un mundo repleto de montañas majestuosas, valles profundos como los Alpes, cañones glaciares que se despliegan a lo largo de cientos de kilómetros, llanuras amplias, cuencas y sistemas lacustres. Entre estas formaciones destaca la cordillera de las Montañas Transantárticas, una estructura colosal que se extiende más allá de los tres mil quinientos kilómetros. No es solo una formación monolítica y estática; es un testigo geológico que narra historias pasadas marcadas por ciclos de levantamiento, erosión y colapso. Los análisis indican que las rocas en la base de estas montañas han atravesado múltiples episodios de actividad tectónica y glaciación, dejando huellas claras en su estructura.

Aún más intrigante es el hallazgo de los Montes Subglaciales Gamburtsev, un sistema montañoso cuya antigüedad se estima en quinientos millones de años y que permanece completamente sepultado bajo varios kilómetros de hielo. Estos montes fueron descubiertos en 1958 por una expedición soviética mediante técnicas sísmicas; sin embargo, su verdadera naturaleza ha sido objeto de especulación durante años. Estudios recientes sugieren que estas montañas surgieron durante la colisión entre bloques continentales que dieron origen al supercontinente Gondwana. Los datos indican que los Gamburtsev comenzaron a elevarse hace unos seiscientos cincuenta millones de años, alcanzaron su máxima altura alrededor de quinientos ochenta millones y empezaron a colapsar hace unos quinientos millones. Durante ese tiempo, el movimiento interno de rocas calientes bajo la corteza contribuyó a su inestabilidad, provocando un aplanamiento parcial, pero dejando una «raíz» profunda en el manto terrestre que sigue intacta hoy en día.

Gran parte del conocimiento sobre estos paisajes desaparecidos proviene del estudio del mineral circón, un pequeño cristal que actúa como un cronómetro natural al registrar con precisión los cambios térmicos y estructurales del entorno en el que se formó. Gracias a este mineral, los investigadores han podido reconstruir el momento exacto en el que surgieron y colapsaron las antiguas montañas antárticas. El estudio fue publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters y dirigido por el geólogo Timothy Paulsen, quien analiza minuciosamente la evolución térmica y química presente en las rocas ígneas, compuestas mayoritariamente por granito, de esta cordillera.

Implicaciones para el cambio climático

La relevancia de este hallazgo va más allá del mero interés geológico. Comprender cómo ha evolucionado la topografía subglacial en la Antártida es clave para anticipar el comportamiento futuro de sus glaciares y su repercusión sobre el nivel del mar. Los científicos sostienen que este mapa podría ofrecer pistas sobre cómo responderá esa vasta capa helada al cambio climático. El relieve existente bajo el hielo antártico podría haber influido significativamente en la evolución de los glaciares y, por ende, también en el clima global. Estos aspectos tienen un impacto directo en el flujo del hielo y en las variaciones de la superficie helada, variables cruciales para establecer modelos predictivos sobre el comportamiento glacial y su efecto en el nivel del mar.

La precisión lograda con Bedmap3 mejora las proyecciones sobre cómo se comportará el hielo antártico e impulsa una planificación más efectiva de futuras expediciones científicas. Su valor logístico y climático resulta incalculable: es esencial para analizar procesos de deshielo e inferir impactos sobre los niveles marítimos. Al reducir la incertidumbre respecto a qué masa helada podría perderse y cómo eso afectaría al ascenso del nivel oceánico, estos datos resultan útiles no solo para investigaciones actuales, sino también para guiar futuras misiones geofísicas en esta región remota. La disminución de la incertidumbre proporcionada por estos nuevos mapas ayuda a evaluar posibles riesgos para zonas costeras de todo el mundo.

El trabajo conjunto internacional ha reunido observaciones meticulosas sobre la superficie helada, junto con medidas precisas del grosor del manto gélido, para alimentar al IFPA. Este enfoque permite traducir variaciones mínimas de la superficie en información detallada sobre elevaciones o depresiones ocultas. El método fue diseñado para interpretar cómo fluye el hielo sobre lechos rocosos y demostró ser notablemente sensible al distinguir paisajes cubiertos durante épocas pasadas, algunos nunca antes visualizados ni cartografiados. La colaboración detrás del proyecto incluyó expertos glaciólogos, geofísicos, así como especialistas en tecnologías satelitales procedentes de diferentes países.

Curiosidades que desafían la imaginación

La Antártida sigue sorprendiendo a los científicos con descubrimientos inesperados. Una anécdota curiosa es el hallazgo conocido como «pirámide de hielo», una formación rocosa situada en la cordillera Ellsworth que recuerda sorprendentemente a las pirámides egipcias. Localizada en las coordenadas 79°58′39″ S y 81°57′32″ O, esta estructura generó especulaciones en línea acerca de su posible origen artificial; sin embargo, expertos aclararon que se trata simplemente de un nunatak, término geológico que designa cualquier pico rocoso que sobresale entre áreas heladas. La montaña es el resultado natural del trabajo combinado del hielo, la nieve y el viento durante millones de años.

Otro dato fascinante indica que antaño la Antártida fue verde. Investigadores encontraron polen perteneciente a Nothofagus, una especie arbórea típicamente asociada a regiones templadas frías; estos restos datan de hace aproximadamente tres millones de años. Esto sugiere que el continente experimentó climas mucho más cálidos en un pasado relativamente reciente dentro del contexto geológico. Además, aunque se considera el continente más frío del planeta en la actualidad, también ostenta el récord de ser uno de los más ventosos. En su corazón helado se alza el monte Erebus, ubicado en la isla de Ross; alberga dos lagos volcánicos famosos por su actividad estromboliana. Tras permanecer inactivo durante décadas, ha mostrado incrementos significativos desde mediados de los años setenta; estos lagos son vigilados constantemente desde estaciones antárticas estadounidenses como McMurdo.

Bajo las plataformas flotantes existentes en la Antártida habita un mundo marino extraordinario. Cuando una plataforma helada se desprendió, abriendo paso a unos quinientos diez kilómetros cuadrados libres de hielo, científicos utilizaron vehículos ROV como SuBastian para explorar fondos marinos de hasta mil trescientos metros de profundidad durante ocho días; descubrieron arañas marinas gigantes, grandes corales e isópodos adaptados a condiciones extremas, sorprendentes para nuestra comprensión sobre el origen y la persistencia de la vida terrestre.

El punto culminante del territorio antártico es el macizo Vinson, situado a cuatro mil ochocientos noventa y dos metros sobre el nivel del mar, y descubierto originalmente por Lincoln Ellsworth en 1935. Hasta tiempos recientes se consideraba esta vasta extensión como «una superficie poco explorada incluso dentro del sistema solar», pero esta nueva cartografía está transformando radicalmente nuestro entendimiento de las investigaciones polares. La disponibilidad de este mapa revolucionario para su uso científico permite establecer bases sólidas no solo para desarrollar modelos climáticos más precisos, sino también para formular nuevas pautas centradas en dinámicas investigativas relacionadas directamente con los ambientes polares, ampliando de forma considerable nuestro conocimiento global sobre los procesos ambientales que influyen en las regiones polares.

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