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El Enigmacursor mollyborthwickae

Un corredor misterioso: descubierta una nueva especie de dinosaurio del tamaño de un perro

Los científicos identifican un pequeño dinosaurio que convivió con gigantes hace 150 millones de años y reescriben parte de la historia jurásica

Periodista Digital 26 Jun 2025 - 07:18 CET
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Imagina pasear por las llanuras aluviales del Jurásico y, en lugar de cruzarte con un colosal Diplodocus, te encuentras a un animalito ágil, del tamaño de un labrador, correteando entre los pies de los gigantes.

No es el argumento de una película ni el sueño de un amante de los perros, sino la realidad científica tras el descubrimiento más reciente en el campo de la paleontología: Enigmacursor mollyborthwickae, un dinosaurio tan pequeño como escurridizo, que vivió hace aproximadamente 150 millones de años.

Este nuevo dinosaurio, bautizado como “corredor misterioso” por su nombre científico, ha revolucionado la manera en que entendemos la biodiversidad de aquella época. Mientras la atención solía centrarse en los grandes depredadores y herbívoros, este hallazgo pone bajo los focos a los pequeños habitantes del Mesozoico.

El Enigmacursor mollyborthwickae: vida a escala canina

Enigmacursor medía apenas 64 centímetros de altura y unos 180 centímetros de longitud —como un labrador bien alimentado pero con patas más largas y una cola desproporcionadamente extensa—. Los paleontólogos creen que sus extremidades alargadas le permitían huir rápidamente del peligro, moviéndose con agilidad entre la vegetación y los sedimentos ribereños del oeste americano. Su dieta era herbívora y, aunque convivía con los gigantescos Diplodocus y Ceratosaurus, su estrategia era pasar desapercibido y correr cuando era necesario.

El esqueleto encontrado está sorprendentemente completo. El ejemplar era aún un adolescente cuando murió, según han determinado por la ausencia de ciertas fusiones óseas típicas de los adultos. Este detalle ha sido clave para distinguirlo definitivamente del género Nanosaurus, con el que se había confundido en un principio durante décadas.

Un Jurásico diverso: cuando no solo mandaban los gigantes

Durante el tiempo que dominaron la Tierra —un periodo que abarca entre 215 y 245 millones de años según las últimas estimaciones— los dinosaurios ocuparon todos los nichos ecológicos imaginables. Desde depredadores aterradores hasta herbívoros colosales, pasando por especies pequeñas como nuestro protagonista canino, capaces de adaptarse a entornos cambiantes y sobrevivir gracias a su oportunismo.

La historia evolutiva de estos animales es fascinante. Los primeros dinosaurios surgieron hace unos 230 millones de años durante el Triásico medio. No fue hasta el Jurásico cuando lograron desplazar a otros tetrápodos y convertirse en las especies dominantes. Este proceso fue largo y complejo —alrededor de 30 millones de años— e incluyó episodios intensos de actividad volcánica, cambios climáticos drásticos y una competencia feroz entre grupos animales.

Las pruebas recientes obtenidas a partir del estudio de coprolitos (sí, excrementos fosilizados) han permitido reconstruir parte del auge ecológico que permitió a estos animales dominar ecosistemas enteros. La dieta variada y la capacidad para adaptarse rápidamente a nuevos entornos fueron factores clave para su éxito evolutivo.

El valor oculto de los pequeños fósiles

Hasta ahora, buena parte del conocimiento sobre la fauna jurásica provenía del estudio de huesos gigantescos. Sin embargo, como destaca la profesora Susannah Maidment, responsable del equipo investigador, este hallazgo demuestra que muchas especies pequeñas han pasado desapercibidas debido a su fragilidad o al simple desinterés por huesos minúsculos entre toneladas de piedra y sedimentos. “Enigmacursor” es una llamada a revisar miles de restos fósiles hasta ahora mal catalogados.

La importancia científica no es menor: este tipo de descubrimientos ayuda a rellenar huecos en el árbol evolutivo dinosauriano e incluso a reinterpretar cómo funcionaban las redes tróficas prehistóricas.

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Así pues, este diminuto “corredor misterioso” no solo nos recuerda lo mucho que queda por descubrir bajo nuestros pies… sino que también demuestra que en la ciencia paleontológica el tamaño nunca ha sido lo más importante.

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