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Imagina una escena: un lobo ibérico avanza sigilosamente por el monte, olfatea el aire y se detiene.
No es un ciervo ni una oveja lo que le atrae, sino un jabalí que se mueve torpemente, mostrando signos evidentes de enfermedad. El lobo se lanza al ataque.
No lo hace por hambre desesperada, sino porque su instinto le indica que ese animal no está bien.
Lo que ocurre a continuación tiene más relevancia de la que podría parecer: el lobo elimina a un ejemplar infectado con peste porcina africana, disminuyendo así el riesgo de contagio a otras especies, incluidas las porcinas domésticas.
Este comportamiento, que aún se encuentra bajo investigación, no es simplemente un hecho aislado.
Cada vez hay más pruebas de que el lobo ibérico actúa como un regulador natural de poblaciones de ungulados, especialmente de jabalíes. La explosión demográfica de esta especie en España ha generado un problema ecológico y sanitario considerable.
Un depredador que elige presas débiles
Los lobos no cazan al azar. Optan por presas más vulnerables: jóvenes, ancianos, heridos o enfermos. Esta estrategia no solo mejora sus posibilidades de éxito en la caza, sino que también cumple una función ecológica esencial. En el caso de los jabalíes, cuya población ha crecido cuatro veces en los últimos años en España, el lobo podría estar actuando como un filtro natural contra enfermedades como la peste porcina africana.
Investigaciones recientes sugieren que los lobos tienden a atacar a jabalíes con comportamientos inusuales, como movimientos torpes o aislamiento del grupo. Estos son precisamente los síntomas típicos de los jabalíes infectados con el virus de la peste porcina africana. Al eliminar a estos individuos enfermos, el lobo contribuye a reducir la carga de enfermedad entre la población silvestre y, en consecuencia, el riesgo para las granjas porcinas.
¿Están en peligro de extinción?
El lobo ibérico no está extinto; sin embargo, su situación es delicada. A lo largo del siglo pasado sufrió una notable reducción en su distribución geográfica; hoy día se mantiene principalmente en el noroeste de la península, con algunas manadas dispersas en otros lugares. Según el último censo nacional publicado en 2024, el estado de conservación de esta especie es desfavorable, lo cual indica que no cumple con los criterios necesarios para considerarse una población estable y segura.
En las regiones del norte de España—particularmente Castilla y León, Asturias y Galicia—el lobo ha logrado sobrevivir. Sin embargo, su expansión hacia el este y sur sigue siendo bastante limitada. En Cataluña, donde estuvo ausente durante más de cien años, apenas hay presencia estable. La falta de conectividad entre poblaciones y la escasa diversidad genética son factores que incrementan su vulnerabilidad.
Por ello, muchos biólogos y conservacionistas advierten sobre la necesidad urgente de no perder al lobo en España. No solo por su valor simbólico; su desaparición podría acentuar aún más los desequilibrios ecológicos ya existentes en nuestro país.
¿Son un peligro para los humanos?
A pesar del estigma popular que rodea a esta especie, el lobo ibérico no representa una amenaza real para las personas. Los ataques directos a humanos son prácticamente inexistentes en la historia reciente española. Lo que sí ocurre con cierta frecuencia son ataques al ganado—particularmente ovejas y terneros—lo cual genera tensiones con los ganaderos locales.
En 2023, solo en Castilla y León se registraron más de 3.500 ataques a animales domésticos por parte de lobos; en Asturias la cifra superó los 3.000. Estos incidentes generan pérdidas económicas y conflictos sociales pero también demuestran que el lobo sigue desempeñando su papel como depredador dentro del ecosistema donde otros grandes carnívoros han desaparecido.
La clave está en encontrar formas para coexistir pacíficamente. Medidas como utilizar perros pastores o vallados eléctricos pueden ayudar a minimizar conflictos sin necesidad de recurrir a la eliminación masiva de lobos.
El lobo ibérico: una pieza clave en el rompecabezas
El lobo ibérico es mucho más que un depredador; actúa como regulador ecológico vital. Su presencia ayuda a controlar las poblaciones de ciervos, jabalíes y otros ungulados evitando así desequilibrios en el ecosistema. En tiempos marcados por el cambio climático, la despoblación rural y brotes epidémicos como la peste porcina africana, su rol es crucial.
En Cataluña, donde apenas comienza a reaparecer esta especie, su regreso podría ser determinante para gestionar la proliferación desmedida de jabalíes especialmente en zonas como el Parque Natural de Collserola. Allí los jabalíes han llegado a convertirse en una especie problemática: dañan cultivos, generan riesgos sanitarios e incluso provocan accidentes viales. Un lobo sano y bien gestionado podría ser parte integral de la solución.
Población de jabalíes: un desafío sanitario y ecológico
La población actual de jabalíes en España ha aumentado considerablemente en los últimos años; se estima que hay entre 1,2 y 2 millones ejemplares—un ratio sorprendente: un jabalí por cada 41 habitantes del país. Este crecimiento se atribuye a varios factores:
- El abandono de tierras agrícolas y ganaderas ha dejado grandes áreas sin competencia.
- La expansión del maíz proporciona alimento y refugio.
- La disminución del número total de cazadores junto con una falta evidente de relevo generacional.
- El cambio climático ha propiciado inviernos más suaves favoreciendo así la supervivencia juvenil.
Este aumento desmedido no solo afecta negativamente a la agricultura o aumenta riesgos viales; también facilita la propagación rápida de enfermedades infecciosas. Cuantos más animales haya concentrados en una misma área mayor será la probabilidad del brote viral como puede ser la peste porcina africana.
En este contexto complicado, contar con depredadores naturales como el lobo ibérico podría ayudar a mantener controladas las poblaciones jabalescas reduciendo así riesgos epidémicos futuros.
Biólogos alertan: no podemos perder al lobo
Cada vez son más los científicos preocupados porque consideran al lobo ibérico ante una decisión crítica. Por un lado su función ecológica resulta insustituible; por otro lado sigue siendo víctima del juego político donde intereses sectoriales prevalecen sobre estrategias sostenibles.
“El lobo enfrenta muchas dificultades”, advierten investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales “Las cifras actuales indican claramente que cazarlo pondría su supervivencia seriamente en peligro”. En tiempos donde enfrentamos ya una sexta gran extinción masiva perder al lobo ibérico sería tanto un error ecológico como ético cuyas consecuencias podrían ser imprevisibles.
Curiosidades sobre el lobo ibérico
- Esta subespecie es única; distinta del europeo adapta perfectamente sus hábitos a los ecosistemas peninsulares.
- Puede recorrer más de 20 kilómetros durante una sola noche buscando comida.
- Las manadas están compuestas generalmente por una pareja reproductora junto con sus crías.
- Aunque son carnívoros ocasionalmente consumen frutos o insectos.
- Su característico aullido sirve tanto para señalar advertencias como para mantener cohesionada a la manada o marcar territorio.
El lobo no es un monstruo ni una bestia indomable; es un ser inteligente socialmente adaptado e indispensable para preservar el equilibrio natural español. Y si resulta cierto que puede detectar jabalíes enfermos para eliminarlos entonces va mucho más allá del simple rol depredador: se convierte en un guardián silencioso del bienestar forestal.
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