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CEREBRO Y NUTRICIÓN EN LA ERA DE LOS ULTRAPROCESADOS

La trampa invisible de la comida basura: ¿cómo manipula nuestros recuerdos y deseos?

Los ultraprocesados activan nuestro cerebro, modifican la memoria y nos empujan a comer más sin darnos cuenta

Periodista Digital 23 Abr 2025 - 01:30 CET
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Puede que pienses que eliges lo que comes cada día, pero tu cerebro lleva la delantera en esta partida. Los alimentos ultraprocesados —o, como les gusta a los anglosajones, junk food— no solo conquistan nuestro paladar: también reescriben nuestros recuerdos y deseos. Y lo hacen con una eficacia de supervillano, activando circuitos cerebrales diseñados para la supervivencia… pero puestos al servicio de la industria alimentaria moderna.

Un estudio reciente ha revelado cómo el consumo habitual de estos productos altera regiones clave del cerebro, como el núcleo accumbens y el hipotálamo, responsables del control del hambre y la recompensa. Este efecto va más allá de la simple ganancia de peso: hablamos de cambios en la microestructura cerebral y en los mecanismos metabólicos, como la inflamación o los niveles de lípidos en sangre.

El placer tiene truco: así manipulan nuestras emociones

La industria alimentaria lo sabe bien. Cada bolsa de patatas fritas, cada refresco azucarado, está diseñado para encender las alarmas del placer en nuestro cerebro. Ingredientes como emulsionantes y endulzantes artificiales intensifican la respuesta de recompensa, creando un ciclo de retroalimentación: cuanto más comes, más quieres repetir. El resultado es una memoria sensorial que asocia ciertas marcas y sabores con momentos placenteros. Y ahí está el truco: cuando recuerdas ese “gustito” después de un bocado crujiente o dulce, tu cerebro no distingue entre el recuerdo real y el deseo fabricado por el marketing.

Por si fuera poco, hay estudios que comparan el efecto adictivo de ciertos ultraprocesados con sustancias como la cocaína. Por ejemplo, una simple galleta Oreo puede activar tantas neuronas en nuestro cerebro como drogas ilegales. La gula deja de ser solo un pecado capital para convertirse en un problema neurocientífico global.

Nutrición: cuando el menú sabotea tus recuerdos

El impacto de los ultraprocesados en nuestra dieta es profundo. No solo por su bajo valor nutricional —altos en calorías vacías, grasas trans y azúcares añadidos— sino porque dificultan la formación de recuerdos saludables relacionados con la alimentación equilibrada. El cerebro humano tiende a recordar con mayor intensidad los alimentos ricos en energía o placer inmediato, relegando al olvido las bondades de una ensalada o un plato de legumbres.

Algunos expertos advierten que esta manipulación de la memoria alimentaria puede perpetuar ciclos de sobrealimentación y dificultar cualquier intento serio por cambiar los hábitos nutricionales. Además, un alto consumo de ultraprocesados se asocia a enfermedades crónicas graves como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, cáncer colorrectal y cardiopatías.

¿Hay escapatoria? Reeducando al cerebro (y al paladar)

La buena noticia es que el cerebro también puede aprender nuevas asociaciones si le damos tiempo y repetición. Incluir alimentos frescos, ricos en fibra y nutrientes esenciales —como frutas, verduras o quesos ricos en ácido linoleico conjugado— puede ayudar a reducir la inflamación cerebral y mejorar las funciones cognitivas. El umami, por ejemplo, ese “quinto sabor” presente en tomates maduros o quesos curados, estimula zonas cerebrales relacionadas con el bienestar y podría servir como aliado para reconducir nuestros gustos hacia opciones más saludables.

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