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SerGordo.com / No recuerdo haber comprado nunca vestuario que hubiera elegido libremente: sólo me fijaba en si habría talla para mí

«Hoy me despido de la comida como hasta ahora la tenía concebida… pero antes, hablemos de las ‘tallas especiales’ de ropa»

La vestimenta nos marca y diferencia del resto, por no hablar del precio

Concha Páez 19 Jun 2010 - 08:53 CET
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«Hola, me llamo Concha, tengo 50 años y soy gorda»

Es muy reconfortante, la cantidad de comentarios que he recibido, alguno impertinente, pero los menos.

Cierto que casi todos son de familia y amigos, pero es evidente el interés que en las sociedades occidentales despierta la obesidad.

Es una de las mayores lacras para la salud en las sociedades avanzadas, pues viene asociada a numerosas patologías: diabetes, problemas renales, artritis…

LOS GORDOS SOMOS GORDOS, ¿POR QUÉ?

Porque comemos demasiado en cantidad y calidad.

Cuando nacemos no estamos gordos, normalmente empezamos a coger kilos a partir de los treinta años, una vida mas sedentaria, abandono de los hábitos alimenticios de nuestra familia, comidas rápidas en la calle, alcohol…

No es mi caso. Yo me siento gorda desde que me recuerdo con consciencia; lo que no quiere decir que lo estuviera, ni lo fuera en gran medida, pero así era.

No obstante, he sido tan afortunada que no me ha afectado mi autoestima, al menos en el ámbito profesional e intelectual, aunque si me ha afligido, y mucho, en mis relaciones con los hombres.

Claro que las he tenido –y estupendas–, aunque hoy están en franca recesión, como la economía española, y alguna vez espero interrumpir la prescripción inmemorial que les afecta.

SER GORDO ES UNA LACRA

Pero es cierto que socialmente ser gordo es una lacra.

No te puedes vestir adecuadamente, la ropa grande te hace parecer una abuela de los años sesenta.

Hay ciertas tiendas con estilo, pero ya el nombre de tallas especiales nos hace ir a centros especializados, nos marca y diferencia del resto; por no hablar del precio, que triplica o cuadriplica el de la ropa estándar.

En mis 50 años de vida, no recuerdo haber comprado nunca ropa que hubiera elegido libremente: sólo me fijaba en si habría talla para mí.

Hoy me despido de la comida como hasta ahora la tenía concebida.

Mañana empiezo a beber batidos proteínicos.

Buenos días y buena suerte.

 

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