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Una quinceañera británica pormenoriza cómo vivir bajo la estética de una muñeca siguiendo las tendencias estéticas heredadas de Japón

La enfermiza obsesión por convertirse en una muñeca viviente

Su madre, encantada con su afición: «Estaría realmente aterrada si llegara a casa borracha o embarazada».

Periodista Digital 14 Abr 2012 - 14:57 CET
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Venus Angelica es una joven londinense que a sus quince años se afana a diario por parecer una muñeca viviente.

Su estética con grandes lazos en la cabeza, coletas y el pelo alisado la combina con vestidos infantiles con un toque extravagante y un maquillaje inspirado en la artificialidad de las muñecas de porcelana.

«Siempre he sido así. Yo llevaba un vestido con volantes y me hacía trenzas», asegura la adolescente, que cuenta con vídeo en Internet donde asesora a otras chicas cómo lograr su «look».

«Hay muchas personas a las que les gusta el estilo y quiero ayudarlas a alcanzarlo».

Explica I. Blanco en ‘La Razón’ que, según sus instrucciones, la sesión dura en torno a 15 minutos:

Polvos, sombras de color rosa, una máscara para las pestañas, barra de labios y un toque brillante, junto a unas lentes de contacto de colores, dan como resultado el rictus de una verdadera muñeca.

En la Red hay más de 78 vídeos para consagrarse a esta moda y Venus cuenta en Facebook con más de 13.000 fans.

La joven británica comenzó su «conversión» tras un viaje a Japón, país en el que este tipo de tendencias están muy arraigadas.

Las muñecas como las «blythes», «pullips», «dollfies» o «pinkies», con rasgos estéticos en común, inspiran la forma de vestir de muchas adolescentes niponas.

En concreto, la moda que trata de expandir Venus es conocida como «sweet» (dulce), definida por el uso de colores en tonos pastel, preferiblemente el rosa claro y el celeste y la abundancia de encajes.

«Mejor que borracha»
A quien parece no importarle en absoluto «el qué dirán» es a Margaret, su madre:

«Mejor eso a que llegue a casa borracha», afirmó en un programa de televisión.

«Estaría aterrada si ella llegara a casa embarazada, pero no que a esta chica inocente le gusten los vestidos bonitos, los volantes y los lazos».

 Margaret también prefiere esta afición de su hija «a que fume».

 

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