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Camille Paglia

‘Sexual Personae’: Decandentismo, Dandis y Vampiros

'Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson, el libro fundacional del nuevo feminismo más provocador

Periodista Digital 03 Mar 2020 - 17:39 CET
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«El Decadentismo está empapado en el sexo, pero en el sexo como idea, más que como acción. El Decadentismo es una incursión apolínea en el reino de lo dionisíaco, en la que la agresiva mirada occidental clava y congela los turbios objetos de la naturaleza.»

«El padre del Decadentismo francés e inglés es Theophile Gautier, quien comenzó su carrera como pintor. Él crea el esteticismo, el culto neopagano a la belleza. La liberalización y la ritualización del ojo que lleva a cabo Gautier transforma el Romanticismo de ctónico en apolíneo, situándolo en la gran corriente jerárquica occidental que comenzó en Egipto y Grecia. Gautier influyó profundamente en Baudelaire, Flaubert, Mallarmé y Swinburne y, por lo tanto, está muy presente en Walter Pater y Oscar Wilde.»

«La prosa de Baudelaire contiene una teoría de la “persona” masculina ideal. Le peintre de la vie moderne (1863)  convierte  al  dandi  en  un  compendio  del  estilo  personal  […].  Baudelaire  considera  que  el dandismo es el “culto a uno mismo” que nace de “la ardiente necesidad de hacerse una originalidad personal”.»

«En algún otro lugar Baudelaire dice: “La mujer es lo contrario al dandi. De modo que debe producir horror… La mujer es natural, es decir, abominable”. ¿Por qué horror? Una palabra extrañamente intensa en el contexto del dandi. La respuesta es que la carne mineral de los vampiros de Baudelaire restringe y confina la liquidez ctónica. La mujer es lo opuesto al dandi porque carece de contorno espiritual y habita en la esfera procreadora de los fluidos donde los objetos se disuelven. Todo arte, como culto al objeto autónomo, es una huida de la licuefacción.»

«Para Baudelaire, el sexo es limitación, no liberación. El deseo, que normalmente es un acicate de la acción masculina, hace que el hombre se muestre pasivo ante su cuerpo nacido de mujer. El cuerpo le ha traicionado; la debilidad sexual le deja a merced de las manos femeninas. El poder de la naturaleza lo ejercen vampiros sin piedad, las “personas” más numerosas en la poesía de Baudelaire. Igual que en Poe, la mujer es siempre superior.»

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