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Una crisis demográfica que desafía el bienestar y la economía

La Humanidad en números rojos: la fertilidad global desciende a niveles nunca vistos

Más de la mitad del planeta ya tiene tasas de natalidad por debajo del reemplazo, con profundas consecuencias sociales y personales

Periodista Digital 10 Jun 2025 - 08:23 CET
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Hace apenas medio siglo, la preocupación global era cómo alimentar a una humanidad en constante explosión demográfica.

Hoy, el panorama ha dado un vuelco radical: el mundo asiste a un descenso de la fertilidad sin precedentes históricos.

Según estimaciones recientes, más del 55% de los países tienen tasas de natalidad inferiores a 2,1 hijos por mujer, el umbral necesario para mantener estable la población a largo plazo sin recurrir a la inmigración.

Este fenómeno, que empezó en economías avanzadas como Japón o Alemania, se ha extendido rápidamente a países tan diversos como Brasil, Irán o incluso India.

La caída es especialmente visible entre las mujeres menores de 30 años y se traduce en una pirámide poblacional cada vez más envejecida.

Pero, ¿qué implica este descenso para la salud, el bienestar personal y el futuro de sociedades enteras?

El mapa mundial del declive: los 10 países con la fertilidad más baja

El ranking de las naciones con menor tasa de fertilidad puede sorprender por su diversidad geográfica y cultural. Encabeza la lista Corea del Sur, con una tasa que en 2023 cayó a 0,72 hijos por mujer, menos de la mitad del nivel de reemplazo y la más baja jamás registrada en un país moderno. El país asiático ha declarado la situación como emergencia nacional, desplegando subsidios y políticas públicas para intentar revertir la tendencia.

Le siguen otros países donde el invierno demográfico ya no es solo una metáfora:

Esta reducción no se limita al Viejo Continente o Asia Oriental; América Latina también vive su propio giro demográfico. México ha pasado de una tasa superior a 5 hijos por mujer en los años sesenta a apenas 1,6 en la actualidad.

España: invierno demográfico a la ibérica

El caso español merece capítulo aparte. Mientras el país bate récords poblacionales gracias a la inmigración, su motor demográfico interno está «gripado», como describen algunos analistas. En 2023 se registraron apenas 322.075 nacimientos, un desplome del 24% respecto a una década atrás. El saldo vegetativo —la diferencia entre nacimientos y defunciones— es ya negativo: mueren más españoles que los que nacen.

Curiosamente, ahora nacen más bebés de madres mayores de 40 años que de menores de 25. La maternidad tardía se ha convertido en norma y no en excepción. Este retraso está vinculado tanto a cambios culturales como económicos —dificultad para independizarse, precariedad laboral o incertidumbre vital—.

El llamado «invierno demográfico» español tiene consecuencias profundas:

Las comunidades autónomas más afectadas —Asturias o Castilla-León— han visto caer su natalidad casi un 25% en solo diez años.

Salud y bienestar personal en tiempos de baja fertilidad

La caída de la fertilidad no solo es un asunto estadístico o económico. Tiene ramificaciones directas sobre el bienestar personal y colectivo. Por un lado, muchas personas pueden decidir retrasar o renunciar voluntariamente a tener hijos para priorizar otros aspectos vitales —formación académica, desarrollo profesional o incluso salud mental—.

Sin embargo, hay factores menos amables detrás de esta tendencia:

El resultado es una generación que llega a la paternidad/maternidad más tarde —si es que lo hace— con implicaciones sobre su salud física (mayor riesgo obstétrico) y emocional (soledad no deseada en edades avanzadas).

¿Qué efectos tiene el declive demográfico sobre nuestras sociedades?

El invierno demográfico trae consigo retos mayúsculos:

En Europa se espera que casi un tercio de los ciudadanos tenga más de 65 años en 2050; sectores clave como sanidad o tecnología afrontarán déficit crítico de talento joven.

Para romper el hielo

Para cerrar este repaso sin caer en fatalismos puros —al fin y al cabo seguimos aquí— unas pinceladas curiosas sobre esta revolución silenciosa:

La historia humana nunca había asistido a un reto tan silencioso pero profundo: reproducirnos menos puede cambiarlo todo —desde cómo vivimos hasta cómo nos relacionamos—. Quizás sea momento no solo para contar nacimientos… sino también historias nuevas sobre qué significa prosperar como sociedad.

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