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Quien fuera Astérix en la gran pantalla y protagonista de la saga cómica Los Visitantes, estrena en España 'Dios mío, ¿pero qué nos has hecho?', un éxito de taquilla en Francia dirigido por Philippe de Chauveron.

Christian Clavier, actor francés: «Lo cotidiano me angustia»

Gloria Scola 19 Ago 2022 - 10:30 CET
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En la terraza del Hotel Ritz de Madrid, en un día sofocante de verano, Christian Clavier (París, 6 de mayo de 1952) atiende amablemente a PERIODISTA DIGITAL para hablar de su nueva comedia, Dios mío, ¿pero qué nos has hecho? Esta tercera parte de la trilogía cómica creada por el director Philippe de Chauveron retoma el choque cultural del matrimonio Verneuil con sus cuatro familias políticas, todas ellas extranjeras.

Felicidades Sr. Clavier, por su estupenda interpretación.

Muchas gracias (en español) Me pongo aquí, que no hay sol.

Sí, hoy hace un calor en Madrid…

¡Terribile! (en italiano)

¿Viene ahora de Francia, de París?

No, vengo de Formentera.

¡Mucho mejor! Además, usted ya rodó Un verano en Ibiza. ¿Qué piensa de España?

Oh, yo adoro España. Desde hace muchísimo. Yo venía a España con mis padres cuando tenía ocho años. Era la época en la que España se abrió, cuando Franco abrió la España turística. Y descubrí un país absolutamente extraordinario. No he dejado de venir, y tengo una casa en Formentera (A finales de julio, Carla Bruni y Nicolas Sarkozy fueron sus invitados).

Esta es la tercera parte de la saga Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (2014). Con humor e inteligencia, ¿se puede abordar cualquier tema, incluido el racismo? 

Sí, todos los temas. Cómo le diría yo… El humor es inteligencia. La gente que no tiene inteligencia no tiene sentido del humor. Los dictadores no tienen sentido del humor. La gente aburrida no tiene sentido del humor. Los profesores que te hacen la vida imposible durante tu infancia en el colegio no tienen sentido del humor. Es un pleonasmo decir “humor con inteligencia”.

¿Hay alguien que se haya quejado desde que se estrenó la primera? ¿Algún sector?

No, en Francia, no. No, no. Todos los organismos de verificación han encontrado que la película es correcta, porque el punto de vista de Philippe de Chauveron, el director,  es muy personal, y él mismo está casado con una africana, y tiene un hermano que también forma parte de un matrimonio mixto. Su punto de vista es muy personal,  y no se equivoca nunca.

Aquí en España tuvimos una película del 2014, Ocho apellidos vascos, que incluso abordaba el terrorismo de ETA en clave de humor. Y tuvo una excelente acogida.

Sí, situada el País vasco. El Gran Dictador, la película de Chaplin, es extraordinaria. Y fue rodada en 1938 (su estreno tuvo lugar en 1940). Hoy podríamos hacer El Gran Dictador con Putin. Es lo mismo. Un gran despacho, enorme, con una mesa, un globo terráqueo, y un tipo completamente “loco” (lo dice en español).

Chaplin fue un valiente, haciéndola en esa época.

Chaplin es un genio, y sí, muy valiente por hacerla en esa época.

Usted es un reconocidísimo actor, sobre todo, de comedia.  ¿Cuál es la clave para ser un buen actor cómico? Siempre se habla del “timing”, es decir, del sentido del ritmo, la duración de la mueca, elegir el momento adecuado, la pausa…

Sí, todo eso. La clave es siempre el timing. Es importantísimo. Tienes que parar y tienes que cambiar y ajustar los tiempos. Todo el rato. Es un ejercicio muy extraño. Tienes que estar muy concentrado porque tienes que ir cambiando el sentido del ritmo. Tienes que ser una sorpresa. Todo el rato. Y en cualquier momento. Y  tienes que tener lo que llamamos en Francia y en Italia la vis cómica.

Y en España.

Y es algo que es un don, que no se puede aprender, aunque sí que se puede trabajar para mejorarlo. Lo que pasa es que esa vis cómica se percibe cuando tienes 11, 12, 13 o 14 años, y es tener una capacidad de hacer reír que los otros no tienen.

El otro día, haciendo zapping, vi en la tele el comienzo de una comedia protagonizada por usted, ¿Dónde estás, mamá? (2017), que empieza con su personaje en el supermercado, y al que un extraño le pone los Chocochips en su carrito, y luego se lo roba. Durante esa primera escena me moría de risa.

(Sonríe). Sí. Es una obra de teatro.

Usted ha hecho cine y teatro. Muchos actores coinciden en que Marlon Brando cambió la forma de interpretar.

Sí. Brando encarna. Lo que él hace no es actuar, sino ser. Curiosamente en las entrevistas de promoción me han preguntado si tengo una conexión con Claude Verneuil,  mi personaje en la saga Dios Mío… , y mi respuesta es que no, pero que si la prensa cree eso, significa que he hecho bien mi trabajo.

¿Acudió a una escuela de interpretación?

Sí, yo fui formado por una actriz de teatro muy célebre en Francia, Tsilla Shelton, que hizo una película con el director Etienne Chatillez titulada Tatie Danielle (¿Qué hacemos con la abuela?, de 1990) y que fue un éxito. Ahí interpretaba a una mujer mayor (la actriz tenía 71 años) muy insubordinada, traviesa, políticamente incorrecta y extremadamente divertida. Tsilla Shelton era profesora de arte dramático y nos formó a todos los que integrábamos el grupo de teatro Le Splendid, y durante dos años y medio hicimos con ella todos los clásicos: Shakespeare, Molière, Eugène Ionesco, Bossuet, Mirabeau…  Y murió hace unos años (en 2012, a los 94 años).

¿Qué es lo que le proporciona la interpretación? Una forma de vida, la oportunidad de interpretar a diferentes personajes en una sola vida, viajar…

Todo eso. Porque lo cotidiano me aburre. Y es una forma de no tener que lidiar con el día a día, de evitar lo cotidiano. No es que lo cotidiano me aburra, porque decir eso es pretencioso, pero sí que puedo decir que  lo cotidiano me angustia.

Una reflexión muy interesante.¿ Por eso hay que esconderse detrás de un personaje?

Siempre. Eso es fantástico.

Y  terapéutico, entonces.

Es una posibilidad de vivir. La risa y la comedia son la elegancia frente a la muerte. La risa es la vida. Y por eso a la gente le gusta. Los malos críticos de cine piensan que la comedia es un género menor, y en realidad es un género fundamental.

¿Es más difícil hacer comedia que drama?

Bueno, no es una cuestión de si es más difícil o no, es que es fundamental. La risa es la vida. La emoción es la vida. Y la risa es la vida porque es un contendiente positivo. Si no, la gente se toma  cien pastillas o se tira por la ventana.

La película está ambientada en Chinon, que es precioso. ¿Eso lo ha puesto de moda en Francia como destino turístico?

No. Siempre ha estado de moda porque Chinon fue residencia real. Enrique III. Y luego hay que recordar que Francisco I, gran rival de Carlos V, vivió cerca de Chinon (en Amboise).

En España, la casa de Ocho apellidos vascos se convirtió en un destino turístico. La casa de su película es una maravilla. En el cine francés las casas son siempre preciosas, con una decoración exquisita.

Sí. Nos gusta mucho. Claro que sí.

Usted también es escritor y productor. ¿Lo disfruta?

Producir no lo disfruto, pero me da libertad. Pero escribir me encanta, lo disfruto muchísimo, porque es la libertad absoluta. Todo lo que pueda inventar e imaginar, un avión que se estrella sobre el puente Alejandro III en París en 1940, con los alemanes que llegan, gente que se escapa… está ahí.  Después ya es el productor el que te dice: “No, no es posible” (Sonríe).

¿Le gusta escribir comedia o drama?

Comedia, porque esa es mi mirada hacia el mundo. Es una mirada de comedia, no de drama. Me encanta el drama para verlo en el cine, no para contarlo. Yo lo veo todo. Veo todos los géneros.

El covid ha sido horrible y ha cambiado nuestra vida en todos los aspectos, también en la forma de ver cine. ¿Cómo cree que va a evolucionar? ¿El covid o el cine?

Ambos.

Para el cine creo que es un cambio total de paradigma. El único problema que tenemos en Europa, y, desde luego, en Francia, es que no podemos estar totalmente bajo la batuta de los norteamericanos. Tenemos que intentar encontrar una solución frente al gran dinero que viene de la industria norteamericana y tener una plataforma europea. Eso nos permitiría mantener nuestra creatividad. Y en cuanto al covid… no sé. Creo que tendremos el virus para siempre.

Mucha gente le recuerda por Astérix y por Los visitantes. ¿Guarda a sus personajes en su corazón?

En realidad, los guardo en un cajón. Y de tanto en tanto, salen. Tengo un cariño especial por el personaje de Los visitantes porque lo escribí yo.

¿Vuelve a ver sus películas?

Jamás.

¿Por qué? ¿Por pudor, o porque piensa:  “Ay, esto lo podría haber hecho de otra manera…”?

No, porque odio verme. Es muy difícil verte cuando tenías 25 años, y ahora tienes 70. No es una buena idea. Confía en mí. ¡Uno no quiere eso!

Si ve esta película, ¿es capaz de reírse?

Sí, por supuesto. Pero veo dos o tres minutos, y eso es todo.

Por último, empieza a rodar en tres semanas.

Sí. Empiezo a rodar a las órdenes de Pierre-François Martin-Laval  Les Trois Vengeances de Maître Poutifard (Las tres venganzas del Maestro Poutifard), una película de adolescentes sobre la venganza. El personaje es un profesor que, veinte años atrás, tuvo unos estudiantes malísimos que le arruinaron la vida, y ahora es él el que los destroza como venganza. ¡Pero es comedia!

Muchas gracias. 

Muchas gracias a usted, y hasta la próxima.

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