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Los cuatro días e intensa actividad pública en Portugal hicieron una palpable mella en la imagen física del Papa, que en su alocución de Oporto lucía unas marcadas bolsas bajo los ojos. Pero el Vaticano despejó cualquier duda al respecto, anunciando oficialmente que «el estado de salud del Papa es muy bueno».
Sin embargo, uno de los regalos recibidos en la llamada Ciudad Invicta lusa evidenció de la alerta que se mantiene alrededor de una personalidad que hace frente a una agenda vertiginosa en sus desplazamientos, a pesar de sus 83 años. La diócesis de Oporto y las universidades de la misma ciudad le regalaron una camiseta electrónica que permite monitorizar clínicamente el corazón del Pontífice y advertir así automáticamente de cualquier alteración cardíaca.
Para compensar, en el mismo balcón del Ayuntamiento portuense, Ratzinger, melómano declarado, recibió de los universitarios una guitarra de fibra de carbono de cuerpo único y peso reducido diseñada en Portugal.
La gira papal hizo en todo caso que las tres efes con las que se describe a Portugal -las de fado, Fátima y fútbol– se mudasen en tres bes, las de Benfica (que celebra la consecución de la Liga), Benedicto y bancarrota, porque tras la marcha del Pontífice, los portugueses vuelven a pensar en la crisis.
(Rd/Agencias)
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