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SAN FERMÍN

Gente de bien defiende la bandera de España de los proetarras en la plaza de toros de Pamplona

Un facinerosos se encaró con un joven que exhibía la bandera de España y el público lo expulsó de la plaza de toros de Pamplona en un acto de rechazo a las provocaciones de los fanáticos del tiro ern la nuca

Mario Lima Actualizado: 11 Jul 2026 - 17:38 CET
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Hay actos de valentía que no necesitan medallas ni discursos. Son los que ocurren de forma espontánea cuando la gente decente, hastiada de tragarse las provocaciones del sectarismo radical, decide que ya es suficiente. Lo que ocurrió en la Plaza de Toros de Pamplona durante la corrida del viernes de San Fermín 2026 es uno de esos momentos.

Un grupo desplegó pancartas con los mensajes «Puta España» y «Puta selección» en el tendido, en plena Feria del Toro, ante miles de espectadores que habían acudido a disfrutar de uno de los festejos taurinos más importantes del calendario.

La respuesta no se hizo esperar ni un segundo. El público respondió con una pitada ensordecedora, con gritos de «¡Fuera, fuera!», «¡Viva España e «¡Yo soy español!» que se prolongaron durante más de un minuto y que convirtieron el insulto proetarra en un acto de reafirmación colectiva de la dignidad nacional.

Las pancartas permanecieron visibles apenas algo más de un minuto antes de ser silenciadas por la multitud. No fue necesaria la intervención policial.

Fueron los ciudadanos de bien, los aficionados normales que pagan su entrada para ver toros y que ese viernes llevaban además la camiseta de la selección española, quienes pusieron a los provocadores en su sitio.

HONOR a los patriotas que se han tirado encima de las ratas etarras cuando han atacado al chaval con la bandera de España en Pamplona. pic.twitter.com/OM3IE5ioqO

— Moscardó (@moscardol) July 10, 2026

El joven con la bandera y el individuo que se encara con él

El momento más tenso quedó registrado en un vídeo difundido en X por el usuario @moscardol que se hizo viral en pocas horas. Un individuo vinculado al grupo de las pancartas se encaró directamente con un joven que portaba la bandera nacional española, en lo que todos los presentes interpretaron como una provocación deliberada y una amenaza implícita.

La reacción del público fue inmediata y contundente. Varios aficionados intervinieron físicamente para defender al joven y sacar al agresor del coso. La plaza lo expulsó antes de que la provocación pudiera prosperar. No hubo duda, no hubo titubeo, no hubo esa parálisis colectiva que a veces produce el miedo al conflicto. Hubo ciudadanos que decidieron que no iban a permitir que un matón proetarra intimidara a un chico por llevar la bandera de su país.

Los usuarios que comentan la grabación en las redes sociales destacan unánimemente lo mismo: la rapidez y la firmeza con que los presentes actuaron. No esperaron a que alguien les dijera qué hacer. No buscaron al responsable de seguridad. Vieron a alguien siendo amenazado por llevar la bandera española y actuaron.

La Monumental llena y el ambiente enrarecido por los radicales

La corrida tenía como protagonistas a los toreros Morante de la Puebla, Pablo Aguado y Borja Jiménez, tres figuras del escalafón cuya presencia garantizaba el lleno que efectivamente se registró. El festejo arrancó con el paseíllo de los alguacilillos cuando se produjo el incidente de las pancartas, en un momento de máxima tensión ceremonial que los provocadores aprovecharon deliberadamente para generar el mayor impacto posible.

El tendido de sombra reaccionó con especial intensidad, mezclando los abucheos a las pancartas con los vítores a España. Algunos asistentes gritaron también consignas pidiendo la dimisión de Pedro Sánchez, lo que convirtió brevemente el coso pamplonés en un microcosmos de la España política de 2026: la bronca contra el insulto proetarra y la bronca contra el presidente que les ha dado oxígeno institucional, mezcladas en el mismo minuto de indignación colectiva.

La presidenta de UPN, Cristina Ibarrola, se encontraba entre el público con la camiseta de la selección, y tras el último toro, muchos aficionados salieron hacia las pantallas exteriores para seguir el partido de fútbol. El festejo continuó sin más interrupciones hasta su conclusión alrededor de las 20:35 horas.

Los toros de lidia que actuaron ese viernes, de ganaderías seleccionadas para la Feria del Toro, pesaban entre 500 y 600 kilos y ofrecieron el espectáculo de bravura que los aficionados esperan de la cita pamplonesa. Cada animal tiene su nombre propio, que se anuncia antes de la corrida, y su comportamiento ante el torero determina la valoración de la tarde. Pese a los incidentes en los tendidos, el festejo mantuvo la atención del público con la intensidad que caracteriza a los San Fermín.

El sectarismo proetarra y la respuesta que el Gobierno no da

Lo ocurrido en Pamplona no es un incidente aislado. La Plaza de Toros de Pamplona ha vivido tensiones similares en ediciones anteriores, y lo que ha variado no es la ferocidad de los provocadores sino la respuesta de quienes los contemplan. Esta vez esa respuesta fue especialmente rápida y contundente.

El sectarismo proetarra en Navarra y el País Vasco lleva décadas operando con una lógica que combina la intimidación pública con la cobertura política de partidos que normalizan su discurso. Las pancartas con insultos a España en actos públicos, los ataques a símbolos nacionales, la presión sobre quienes exhiben banderas españolas o camisetas de la selección: son parte de un repertorio de agresión cultural que en cualquier otro país democrático hubiera generado una respuesta institucional firme y sostenida.

En España, en cambio, el Gobierno de Sánchez ha construido su mayoría parlamentaria con el apoyo de partidos que cuando no justifican abiertamente ese sectarismo, lo normalizan con su silencio o lo aprovechan electoralmente. Bildu, el partido heredero político del entorno de ETA, es socio parlamentario del Ejecutivo. Sus portavoces aparecen en el Congreso con la misma naturalidad que cualquier otro grupo parlamentario. Y el presidente del Gobierno los trata como socios con los que negociar presupuestos y leyes, sin exigirles la condena explícita de la violencia terrorista que sus siglas representan históricamente.

Esa alianza tiene consecuencias concretas. Cuando los proetarras despliegan pancartas insultantes en la Plaza de Toros de Pamplona, el Gobierno que debería condenar ese acto con contundencia es el mismo Gobierno que necesita el apoyo parlamentario de quienes comparten el ecosistema ideológico de los que las despliegan. La respuesta institucional que esa provocación merece es exactamente la que el Gobierno de Sánchez no puede dar sin dañar sus propias alianzas.

El resultado es el silencio oficial o, en el mejor de los casos, una condena genérica tan tibia que no incomoda a nadie. Y en ese vacío institucional son los ciudadanos, los aficionados normales que llevan la camiseta de la selección y defienden a un chico con la bandera española, quienes hacen el trabajo que las instituciones no hacen.

Quedan valientes

Lo más esperanzador de lo ocurrido en Pamplona es precisamente lo que no suele aparecer en el debate político habitual: que quedan valientes. Que hay ciudadanos dispuestos a jugarse el momento, a exponerse al conflicto, a no mirar hacia otro lado cuando alguien está siendo intimidado por ejercer su derecho a portar la bandera de su país.

Esos aficionados que expulsaron al agresor, que corearon «¡Viva España durante más de un minuto frente a las pancartas de insulto, que protegieron al joven con la bandera, no son héroes en el sentido cinematográfico. Son personas normales que en un momento concreto decidieron que la decencia no puede callarse ante la ferocidad del sectarismo.

El vídeo que circula en las redes sociales es el documento de ese momento. Y su viralidad dice algo importante sobre la España real, la que no aparece en las tertulias progresistas ni en los discursos del Gobierno: hay más gente dispuesta a decir «¡Viva España en voz alta de lo que el ecosistema mediático afín al sanchismo querría reconocer.

La ferocidad del sectarismo proetarra exige una respuesta contundente de las instituciones. Esa respuesta no viene del Gobierno. Pero viene de la plaza. Y eso, mientras llega la respuesta institucional que merece, tendrá que ser suficiente.

HONOR a los patriotas que se han tirado encima de las ratas etarras cuando han atacado al chaval con la bandera de España en Pamplona. pic.twitter.com/OM3IE5ioqO

— Moscardó (@moscardol) July 10, 2026

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