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La escena es de las que quedan para siempre en las hemerotecas.
Luis García Plaza, entrenador del Alavés, pilló un cabreo monumental.
Un enfado de los que hacen época cuando su equipo – con un jugador más durante todo el segundo tiempo por rigurosa expulsión del madridista Nacho – encajó un gol en el minuto 92.
Un gol de cabeza y en un córner.
Para colmo, el madridista Lucas Vázquez, que no es precisamente un gigante, estaba solo en mitad del área y remató a placer, adornándose en la jugada.
Esto fue lo que a hizo que García Plaza, quien ya se veía con un punto, se lo llevarán los demonios.
«No me apetece hablar, pero tengo que cumplir con esto«, aseguraba en DAZN tras el encuentro.
«Teníamos que haber mandado el balón allí (señalaba al otro campo) y se acaba. Y luego remata un jugador solo. Estoy más enfadado con esto que con haber estado romos con el balón. No nos puede rematar Lucas solo. Hay que saber jugar a esto».
Antes y justo cuando el Real Madrid, que peleó con denuedo con un jugador menos pero parecía condenado a salir del campo empatado y por tanto segundo en la Liga tras el Girona, se llevará la victoria, tres puntos y el lidertao liguero.
Luis García Plaza primero pateó la nevera y la volcó.
Luego se quitó el abrigo y lo lanzó al suelo.
Después se acercó a la banda y zarandeó, cogiéndole del pecho, a un miembro del staff técnico.
Volvió al banquillo, pero de camino se quitó el gorro y lo tiró al césped.
Y ya en el banquillo, empezó a agitarse y cabecear como Chucky, el muñeco diabólico.
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