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El esquiador con más mala suerte del mundo y unos consejos útiles si vas a la nieve

Periodista Digital 15 Abr 2018 - 12:41 CET
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Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto», que diría Ernest Hemingway.

Vaya por delante que el esquí, siendo un deporte muy divertido y absorbente, tiene sus riesgos.

Sobre todo en ciertas etapas.

Casi la mitad de las lesiones causadas al esquiar las sufren personas que se acaban de iniciar en esta práctica deportiva y hasta un tercio se producen por un exceso de horas subidos a los esquíes.

Algunos estudios han determinado que la tasa de lesiones en el esquí es de aproximadamente tres incidentes por cada mil días esquiados, lo que podría extrapolarse a tres de cada mil esquiadores en un día determinado.

Y aunque el riesgo es mayor en los debutantes, en el caso de los esquiadores ya iniciados también existen dos grupos con elevado riesgo de lesión.

Por un lado, el practicante muy joven que sin la experiencia necesaria que se lanza por recorridos difíciles y a velocidades muy altas. Y también está la persona desentrenada, que no practica deporte en todo el año, y que inicia la temporada sin la preparación física necesaria.

Lesiones más frecuentes

En cuanto a los problemas más habituales, estos expertos reconocen que las rodillas son las articulaciones que más sufren en este deporte, acaparando un 40 por ciento de las lesiones, y van desde el esguince a la rotura de ligamento lateral interno y ligamento cruzado anterior.

El esguince del ligamento lateral interno es la más frecuente, pero también la menos grave. Se registra generalmente en principiantes, superando el 50 por ciento en los primeros días de aprendizaje y en las últimas horas del día, y suele producirse al forzar la rodilla cuando las piernas se abren para realizar la maniobra de la ‘cuña’, básica en este deporte.

La más grave, en cambio, es la lesión del ligamento cruzado anterior derivada, generalmente, de caídas de mayor energía. En estos casos pueden verse implicados varios ligamentos o afectar simultáneamente a los meniscos, y el tratamiento es quirúrgico. También puede haber lesiones de columna y cráneo que son más graves y el riesgo de requerir hospitalización en estos casos se multiplica por tres respecto al esquí alpino. Además, actualmente se recomienda el uso de «muñequeras» de plástico rígido especialmente diseñadas para proteger y disminuir las lesiones.

¿Para todos los públicos?

Pese a los posibles riesgos, la práctica del esquí puede iniciarse desde la infancia, a partir de los cuatro años.

Para los primerizos de cualquier edad, se aconseja realizarse previamente un chequeo deportivo «en el que se mida la capacitación para la práctica deportiva y así no correr ningún riesgo»

Y en la estación de esquí, es clave tomar una serie de actuaciones preventivas para acabar la jornada sin ninguna lesión reseñable.

Lo primero de ello es tener suficiente fortaleza y resistencia, a partes iguales, en los cuádriceps, glúteos y musculatura abdomino-lumbar, para lo que aconseja hacer natación, bicicleta o ejercicios específicos en gimnasio.

Ya en la pista, viene bien hacer un calentamiento previo de ciertos grupos musculares y articulaciones centrándose en rodillas, cintura pelviana y hombros, que son las tres zonas que más movilidad necesitan para practicar esquí de manera segura.

La mayoría de las lesiones se producen a última hora porque el cansancio acumulado hace que se pierda la fuerza y la coordinación necesaria para salvar una situación imprevista.

La piel también se daña

Ws también muy importante una adecuada hidratación porque «aunque muchas veces no se note por el frío el esquí es un ejercicio bastante intenso en el que se pierde abundante líquido, lo que provoca fatiga muscular y contracturas».

La protección solar también debe formar parte de cualquier equipo de esquí para «administrarla en toda la cara, sobre todo en la nariz y en la barbilla, una vez que la piel está hidratada».

«También hay que evitar las quemaduras en los párpados. Su piel es la más delicada de toda la cara. Por eso, es fundamental llevar en todo momento gafas de sol, aunque no se esté esquiando».

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