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Carlos Alcaraz sigue jugando en otra dimensión. En el ATP 500 de Doha, el murciano ofreció una nueva demostración de poderío y soltura, borrando de la pista al francés Arthur Fils en una final que duró apenas cincuenta minutos. El marcador (6-2 / 6-1) fue la expresión fiel de una superioridad que no dejó lugar a dudas: el actual número uno del mundo está dominando el circuito con una madurez apabullante.
Alcaraz, reciente campeón del Abierto de Australia, apenas necesitó un par de juegos para imponer su ley. Rompió el servicio de Fils en el primer juego y repitió en el quinto, anestesiando cualquier intento de reacción. Con un tenis fluido, agresivo y sin fisuras, el español cerró el primer set por 6-2 en apenas veinticinco minutos, ante un rival asfixiado por los nervios y la presión.
En el segundo parcial, la historia se repitió con tintes de exhibición. Alcaraz quebró de nuevo de inicio, se escapó 4-0 y empezó a disfrutar del espectáculo, regalando golpes imposibles y demostrando por qué es el referente absoluto de la nueva generación. Fils, que ya había caído dos veces el pasado año ante el murciano, no encontró respuestas ante la avalancha de talento.
El de El Palmar, que completó hace apenas tres semanas el histórico ‘Career Grand Slam’ en Melbourne, añadió así un nuevo trofeo a su vitrina y amplió su ventaja en el ranking ATP, con más de 3.200 puntos sobre Jannik Sinner. Su récord en 2026 es inmaculado: doce victorias, cero derrotas. Una marcha imperial que ahora buscará prolongar en Indian Wells, su próximo desafío, donde también reina con puño de seda sobre la pista dura bajo el sol californiano.
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