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¡Feliz Año 4704, perros!

Juan Luis Recio 28 Ene 2006 - 05:27 CET
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¿Quieren dar un paseo por Shangai, visitar un local de cócteles en Chicago ambientado en dicha ciudad o probar combinados exóticos para celebrar el año nuevo? Hoy, sábado, celebramos la entrada en el año 4704 del calendario chino, que este año es el AÑO DEL PERRO, así que felicidades a todos, especialmente a los que tengan este signo chino, como mi hermano Patacho. Y para que lo celebren adecuadamente les doy algunas pistas sobre las fiestas que en Madrid se celebran y les indico cómo trasladarse a una ciudad china, en concreto a Shangai, probando algunos ´cocteles vinculados a tan lejano entorno. ¡Feliz Año!

Para celebrarlo, el sábado 28 de enero de 2006, de 21 a 02,30 horas,con entrada gratuita (excepto en la zona VIP) y organizada por la Asociación de Comerciantes de la Comunidad China en España tendrá lugar la actuación de la Compañía de Teatro Chino Nanjing. Tigres y Dragones. También, para el que pueda y quiera gastarse la pasta puede ir a la Fiesta de Nochevieja China del Casino de Aranjuez

El Año Nuevo Chino

El calendario chino es lunar y el 29 de enero de 2006 (5 de la tarde del día 28 en España) será el cambio del año para casi 2000 millones de personas. El año entrante es el 4704 del calendario y es el AÑO DEL PERRO según el zodíaco chino, dejándo atrás el año del Gallo del 2005.

Los nacidos en 1922, 1934, 1946, 1958, 1970, 1982, 1994, o 2006 son del Año del Perro. Honestos y fieles, dicen, aunque también cabezotas.

Vayamos a Sanghai

Para celebrarlo, recuerdo que consideré una invitación a los licores chinos y a probar los cócteles con sabor oriental el revisionado de “El embrujo de Shanghai”, película de Fernando Trueba de hace pocos años. Les cuento mi experiencia.

“Sé lo que estás pensando: menuda merluza lleva la Sra. Anita, ¿verdad?”, pregunta Ariadna Gil al niño que la atiende cuando cae torciéndose el tacón, caída provocada por el exceso de alcohol. Es solo una de las múltiples citas referidas a la bebida que se pueden encontrar en la última película de Fernando Trueba, “El embrujo de Shanghai”, basada en la novela homónima de Juan Marsé. Ambientada la trama principal en la Barcelona de 1948, hay una trama paralela, rodada en blanco y negro con un toque a lo Orson Welles, que se desarrolla en la ciudad de Shanghai, poco antes de la toma del poder por Mao.

La magia de dos mundos. Un Shanghai colonial y pletórico de glamour, lleno de cócteles y de clubes chic, como el Yellow Sky y el Hotel Cathay, que sirve de contrapunto a la cruda realidad de la posguerra española, llena de carajillos, cuartillos de coñac y puros caliqueños. Dos mundos interconectados por la magia, por el “embrujo”, que consigue calentar la leche fría o curar el dolor de cabeza mediante la imposición de manos (evocación del reiki japonés) o que utiliza “friegas de aguas de rosas cocidas con luciérnagas, un viejo remedio oriental contra el bacilo de Koch”, como explica Fernando Fernán Gómez en su brillante papel del capitán Blay, viejo anarquista que vive también entre dos mundos.

Embrujados. Marshall McLuhan, además de decir frases tan conocidas como que “el medio es el mensaje” y que “el mundo es una aldea global”, decía también que una película “es una ciudad fantasma poblada de falsas apariencias”. Nunca más cierta esta frase que en la cinta de Trueba, donde Shanghai es un lugar mítico e inalcanzable, donde tomar a la vez Dry Martini con verde aceituna y una copa de kao liang (el fuerte aguardiente de sorgo de donde proviene la expresión “caolín”, un tipo de arcilla utilizada en cerámica) o que invita a perderse en oscuros fumaderos de opio, mientras se oye a lo lejos la sirena del barco que zarpa con destino a Singapur, cargado de coñac y vinos franceses.

Embrujados muchos con la ciudad, como el propio Orson Welles, que rodó en 1947 “La dama de Shanghai” con la que hasta entonces era su mujer, Rita Hayworth, y que en su papel de marinero irlandés, exclama, ante la visión de una coctelera agitada envuelta en un paño, en una noche de luna llena: “¿Es esto lo que hacen para divertirse por las noches, sentarse a tomar copas y destrozarse mutuamente?”. Y embrujada también Marlene Dietrich en su papel de Shanghai Lilí en “El expreso de Shanghai”, la película de Sternberg de 1932, cuando exclama en una célebre réplica: “lleva más de un hombre cambiar mi nombre por el de Shanghai Lilí”. Emulando a tan ilustres personajes, caigamos también nosotros en el embrujo de Shanghai, entremos en la ciudad fantasma y paladeemos los más orientales cócteles envueltos en una trama mágica y misteriosa como único decorado.

LAS FÓRMULAS DE LOS CÓCTELES DE SHANGHAI

· Shanghai Cocktail: en coctelera con hielo picado, verter cuatro partes de ron añejo (oscuro), una parte de Pernod (se puede sustituir por absenta o por cualquier anisado), dos partes de zumo natural de limón y un chorro de jarabe de granadina. Agitar con fuerza, colar, y servir en copa de cóctel previamente helada.

· Shanghai Blues: en vaso mezclador con hielo, verter un medio de vodka y un medio de crema de cassis. Revolver, colar y servir en copa de cóctel con un poco de hielo picado. Servir con pajita corta.

· Chinese Whisper: en vaso alto con hielo verter un medio de Cointreau y un medio de Midori (licor japonés de melón del que ya les hablaré otro día más despacio). Revolver y completar con limonada, adornando con una rodaja de limón y una guinda roja. Servir con pajita. El título hace referencia al “susurro chino”, juego en el que una frase dicha de boca a oreja va cambiando de sentido desde el primer emisor al último receptor, en un grupo.

DE CÓCTELES POR SHANGHAI

· Aunque los licores chinos, como el Kao Liang y el Lew Chew, siguen consumiéndose en su país de origen, en las ciudades más modernas, como tradicionalmente Hong Kong y actualmente Shanghai, se suele beber hoy día, cada vez con mayor frecuencia, whisky o coñac, rebajados con agua sin gas, incluso para acompañar a la comida, especialmente a los platos con mucho grasa.

· Para salir de copas, una de las zonas preferidas es Xintiandi, una versión actualizada del viejo y destruido Shanghai que está poblada de bares y restaurantes de moda, aunque quizás carece de autenticidad.

· Para poder disfrutar del antiguo esplendor colonial de la ciudad nada mejor que alojarse en la Ruijin Guesthouse, construida en 1936 por un magnate occidental de los medios de comunicación. Varios restaurantes, con comidas india, china y tailandesa, y, sobre todo, un bar, FACE, que dispone de camastros como los de los fumaderos de opio, y en donde podrá pedir los cócteles que en esta página se reseñan.

Si está en Chicago, como mis amigos Pablo y Nancy (vecinos de Dekalb, Illinois, de los que también les hablaré otro día más despacio)puede visitar igualmente la Shanghai Terrace del Hotel Peninsula, donde se ofrece una versión remozada de los locales de cócteles que había en Shanghai en los años treinta.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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