Érase una vez… Onfan, podríamos decir. Y es que hay una historia, sí, la de Onfan, que comienza en el año 2005, cuando dos desconocidos coincidían en una cena de Navidad de esas en las que no conoces al que tienes sentado al lado. En este caso estaban sentados uno en frente del otro, así que no quedaba más remedio que interactuar, o la cena sería un rollo. Pronto se dieron cuenta de que los dos tenían algo en común: ambos eran unos locos de la gastronomía y apasionados del buen comer. Así que cruzaron conversaciones, charlaron sobre sus restaurantes preferidos, alardearon de ser el mejor cocinillas de tal o cual plato, e intercambiaron sus números de teléfono, prometiendo volverse a ver con una excusa: él le repararía el ordenador, y ella a cambio le invitaría a cenar en un sitio diferente y espectacular. Así nació una bonita amistad entre dos foodies acérrimos, que duraría hasta el día de hoy.
Y ahora nos habla directamente, una de estas dos personas, y nos dice que «el protagonista de la historia soy yo. Me llamo Ismael Vallvè, soy ingeniero en Telecomunicaciones, y he trabajado durante años dirigiendo webs de grandes empresas. Un buen día, un poco harto de la monotonía del trabajo del día a día, decidí dejarlo todo. Cogí mis bártulos, convencí a mi mujer, y nos marchamos ambos a recorrer el mundo durante un año entero. Visitamos rincones que nunca pensé que visitaría, culturas con las que jamás pensé que
interactuaría, y en muchos casos me sentí como uno de ellos, no como un turista más. Aprendí a moverme más despacio, a bajar el ritmo, recordé lo que era apreciar las pequeñas cosas de la vida: un amanecer, un trozo de pan recién amasado y horneado, el sabor de pescado recién pescado, la importancia de la buena compañía… Y así pasaron los meses, y llegó el momento de regresar».
Y tras la vuelta Ismael tomó una sabia decisión: «convertir mi hobby en mi trabajo. Así, no tendría que volver a trabajar nunca más». ¡Qué envidia!, ¿verdad? Para entonces ya corría el año 2010. Así que Ismael llamó a Patricia (la otra protagonista de la historia, que para entonces se había
convertido en una de suss mejores amigas), y a otro de sus mejores amigos, Ignasi. A los dos les interesaba lo que tenía que decir.
“Quiero montar mi propia empresa” – les espetó – “Una empresa web, basada en gastronomía. Y quiero que vosotros forméis parte de ella”. Dice Ismael: «Me miraron con cara de sapo, y arquearon sus cejas pidiéndome paso a explicaciones más concretas. Así es como comenzó la primera etapa. Generar la idea no era una cosa fácil. Y continúa:
«Cierto día (uno como otro cualquiera en el que nos encontrábamos para hablar del proyecto), se me antojó desayunar un croissant. Íbamos a entrar en el primer bar a la vuelta de la esquina, cuando me di cuenta de que lo que a mí en realidad me apetecía era EL CROISSANT. Quería uno amantequillado, con ese hojaldre tan crujiente y tan tierno al mismo tiempo, dulce pero no empalagoso… Al asomarme por la ventana del bar, y ver ese bollo industrial, brillando con su mermelada de azúcar química cual moflete pulido, me di cuenta de que no iba ni a probar esa cosa. Patricia nos agarró del brazo y nos dijo: “Seguidme, os voy a llevar a comer el mejor croissant de Barcelona”. Paré de golpe, como si la inspiración me hubiera invadido de un leñazo:“Señores y señoras, ¡acaba de nacer Onfan!”.
Porque, claro, ¿se imagina que cada vez que fuera a comer siempre acertara y tuviera la
experiencia deseada? Pues eso es lo que querían conseguir con Onfan. Si miran la web de Onfan podrán verificar si lo han conseguido…
¿Y qué pinta Adúriz en todo esto?, se preguntarán. Pues, nos cuentan ellos mismos, «como buenos foodies, un buen día decidimos acudir al congreso de San Sebastian Gastronómica, uno de los mayores eventos del mundo realcionados con la cocina, para ampliar contactos, y realizar entrevistas a algunos de los
más importantes cocineros del mundo y así poder generar contenido de calidad en nuestro blog. Pudimos charlar sobre el proyecto con grandes maestros de la cocina, como Carme Ruscalleda o Juan Mari Arzak, quienes nos aconsejaron y apoyaron en todo lo que les pedimos. Fueron unos días maravillosos, en los que aprendimos y disfrutamos muchísmo. Pero no fue por eso solamente por lo que recordaremos este congreso como uno de los días más importantes para Onfan. El segundo día de trabajo, uno de los cocineros más importantes del panorama internacional nos confirmaba una entrevista, así que teníamos ante nosotros al mismísimo Andoni Luis Aduriz, del
restaurante Mugaritz, para presentar nuestro proyecto e ilusiones. Estábamos
nerviosos, siempre lo estamos, antes de presentar nuestras propuestas a personas que concocen tantísimo el mundo de la gastronomía. Pero Andoni nos miró, nos felicitó, y exclamó: “Ojalá se me hubiera ocurrido a mí esa idea. Me encantaría formar parte de este proyecto”. Lo demás, es historia, lo importante aquí es que, desde entonces, Andoni Luis Aduriz se convirtió en nuestro asesor y representante dentro del mundo gastronómico.
Así es cómo llegó Andoni a ser padrino del proyecto, que se ha ido mejorando y desarroyando y que sin duda les interesará conocer, lo que podrán hacer en la web de Onfan.
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