Así es. El Sindicato del Gusto ha celebrado con éxito su primer Salón de Vinos Radicales. El encuentro tuvo lugar el otro día en LaSede del COAM de Madrid, con la participación de 28 bodegas de distintas regiones españolas, identificadas con los valores de singularidad, autenticidad y diversidad que define el concepto de “vinos radicales”. Reunidos en Madrid, copa en mano, los responsables del Sindicato del Gusto comunicaron a periodistas, comunicadores, líderes de opinión, redactores, etc., lo siguiente:
El Sindicato del Gusto ha celebrado con éxito su primer Salón de Vinos Radicales. Y fueron cómplices del acto Lavinia, Gastroactitud.com y Conservas Adolfo Sádaba. Bueno sí, hasta aquí la noticia. Pero lo mejor es lo que hay detrás de la noticia, ya que el suceso acaecido confirma que el Salón de Vinos Radicales es, después de todo, una buena idea. Por varias razones:
* Porque, como bien ha manifestado El Sindicato del Gusto en su Manifiesto de los Vinos Radicales, “hoy los valores que definen la riqueza del vino –singularidad, fidelidad a un paisaje, tradición, innovación, pasión, riesgo, inspiración, locura…– sólo perviven en el trabajo que realizan aquellos viticultores que nadan a contracorriente de la globalización del gusto, las imposiciones del mercado y la proliferación de los vinos fotocopia”.
* Porque todos los que de verdad amamos el vino necesitábamos de un espacio que reúna a aquellos viticultores que priorizan lo local frente a lo global y que representan los valores de singularidad, autenticidad y diversidad que consideramos fundamentales para invocar al placer cada vez que descorchamos una botella de vino.
* Porque el Salón de Vinos Radicales sólo convocó a viticultores que trabajan sus viñedos con sus propias manos y se mantienen fieles a las variedades autóctonas y al carácter que transmiten los suelos y el clima.
* Porque en este encuentro no hubo lugar para grandes grupos bodegueros, viñedos extensos, flying winemakers ni vinos de autor.
* Porque la calidad y singularidad de los más de 150 vinos que presentaron las 28 bodegas que participaron de este primer Salón de Vinos Radicales ha quedado suficientemente demostrada.
* Porque la cata que inauguró el Salón, titulada Beberse el suelo, y dirigida por Juan Manuel Bellver (Lavinia) y Federico Oldenburg (Sindicato del Gusto) puso en relieve que la riqueza del vino español es proporcional a la gran diversidad de los suelos donde se asientan los viñedos de este país.
* Y, sobre todo, porque todos los profesionales que visitaron este Salón –periodistas, sumilleres, restauradores, enólogos, bodegueros, blogueros, distribuidores, etc.– también estuvieron a la altura de los vinos presentados, demostrando interés, conocimiento, curiosidad y una amplia cultura vinícola.
* Por último, porque entre todos –viticultores, organizadores y visitantes– hemos demostrado que existe una alternativa a los salones, ferias, concursos y demás cónclaves dominados por los vinos uniformes. Que el Salón de Vinos Radicales no sólo es una buena idea. Que también es un éxito.
Y si quieren saber más sobre este proyecto, empecemos por el principio:
Radical;
(Del lat. radix, -īcis, raíz).
1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz.
2. adj. Fundamental, de raíz.
3. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. U. t. c. s.
4. adj. Extremoso, tajante, intransigente. (Diccionario de la R.A.E.)
Y a partir de aquí, de nuevo, El Sindicato del Gusto toma la palabra:
«En un momento en el que la calidad ha dejado de ser un argumento de diferenciación y la uniformidad amenaza con devastar la diversidad que atesora el viñedo global, aquellos que de verdad amamos el vino debemos orientar la mirada hacia lo pequeño, para seguir disfrutando a lo grande.
Porque hoy los valores que definen la riqueza del vino –singularidad, fidelidad a un paisaje, tradición, innovación, pasión, riesgo, inspiración, locura…– sólo perviven en el trabajo que realizan aquellos viticultores que nadan a contracorriente de la globalización del gusto, las imposiciones del mercado y la proliferación de los vinos fotocopia.
Los últimos mohicanos de la viticultura mundial en el siglo XXI son, inevitablemente, pequeños productores, que trabajan sus viñedos con sus propias manos y se mantienen fieles a las variedades autóctonas y al carácter que transmiten los suelos y el clima. Todos ellos son, también, sensibles al equilibrio medioambiental de su entorno.
Estos pequeños viticultores, adalides del cacareado terroir –del que tantos hablan pero que tan pocos saben interpretar– son los hacedores de los vinos radicales.
Radicales, sí, porque sus raíces penetran en lo más profundo de la tierra de la que proceden. Y porque también son fundamentales, extremos e intransigentes en la defensa de sus valores.
Ecológicos, biodinámicos, naturales, de pago, de pueblo o paraje, ancestrales, experimentales, futuristas… los vinos radicales no son excluyentes ni sectarios; más bien al contrario, admiten cualquier metodología que permita al viticultor mantenerse fiel a sus raíces».
¡Enhorabuena por la iniciativa y adelante!
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