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El debate sobre su continuidad de Don Juan Carlos y la rumorología sobre su salud

Las malas lenguas monárquicas son ahora el peor enemigo del Rey

Hará falta mucho más que la broma del doctor Cabanela y que las palabras de Spottorno para parar el desgaste

21 Sep 2013 - 08:23 CET
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La infección que obligará al Rey a someterse a su octava operación en tres años para reemplazarle la prótesis de la cadera izquierda les ocurre a uno o dos pacientes a lo sumo de cada cien. Y le ha tenido que tocar a él.

Como subraya A.I.M. en ‘ESD‘, desde aquel fatídico 14 de abril de 2012 -qué irónica coincidencia- Don Juan Carlos no levanta cabeza. Ni su salud, castigada por los achaques de la edad y varias recaídas; ni tampoco su imagen, que debido a sus largas convalecencias está cada vez más difuminada en favor de la de Don Felipe.

Sirva para esto último un dato que recordó este viernes el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno: en los últimos años el Príncipe ha representado a la Monarquía española en más de una veintena de tomas de posesión de presidentes iberoamericanos.

Y en otros actos de tal trascendencia mundial como la misa de inauguración del Pontificado de Francisco.

LA REGENCIA COMO OPCIÓN

La Casa del Rey aplicará durante esta nueva intervención de Don Juan Carlos la misma fórmula que utilizó en las anteriores.

Es decir, el Rey dejará de asistir a actos oficiales durante el tiempo que requiera su tratamiento y recuperación, pero mantendrá sus funciones como Monarca.

Mientras tanto, el Heredero de la Corona le representará en los actos en los que se considere conveniente, de la misma forma que ha venido haciendo en los últimos años, tras las diversas intervenciones a las que ha sido sometido el Rey.

No obstante, la Constitución española prevé mecanismos, que no serán aplicados en esta ocasión, para evitar un vacío de poder en caso de que el Monarca no pudiera cumplir provisionalmente sus funciones.

Ese mecanismo es la Regencia, y viene regulado detalladamente en el artículo 59 de la Carta Magna.

La Regencia, que consiste en una Jefatura del Estado que se ejerce de forma interina, provisional, transitoria y por mandato constitucional en nombre del Rey, sería ejercida por el Príncipe de Asturias.

Si fuera necesario, Don Felipe, como Heredero de la Corona, sustituiría al Rey en el cumplimiento de sus funciones durante el tiempo que se considerara necesario.

EL MÉDICO REAL

El médico que va a dirigir la operación quirúrgica, el doctor Miguel Cabanela, afirmó durante la rueda de prensa en Zarzuela que el estado de salud del monarca es «bastante mejor» que la media de los hombres de su edad.

«Toma menos medicinas que yo».

No obstante hará falta mucho más que eso y que las palabras de Spottorno descartando la abdicación o la regencia para frenar el debate sobre si Don Juan Carlos está en plena de posesión de sus facultades para seguir aguantando el peso de la Corona española.

Ya no se trata de malas lenguas republicanas como antaño; la peor noticia para la Casa del Rey es que son los monárquicos quienes desde hace tiempo se hacen esa pregunta y quienes están expandiendo los mil y un rumores que llevan meses circulando por los mentideros políticos y periodísticos.

También el Gobierno y los dos principales partidos tienen dudas. Más si cabe después de saberse que Don Juan Carlos podría estar hasta seis meses convaleciente. Y teniendo en cuenta lo que les dijo en julio en Rabat a varios periodistas tras sufrir varias recaídas por correr demasiado, «ahora sólo pienso en mi recuperación», es de prever que ahora apure los plazos.

Que el último rey europeo que abdicó, Alberto II de Bélgica, lo hiciera aludiendo a su edad y su estado de salud tampoco ayuda al español. Quien, atendiendo a las palabras de Spottorno, «no se ha planteado en ningún momento abdicar».

En aquella conversación informal que el monarca tuvo con la prensa hace un par de meses en Marruecos también dejó caer que las presiones que tras sus últimas operaciones había sufrido «desde dentro y fuera de la Casa» -textualmente- le habían llevado a arriesgar con su recuperación.

En otras palabras: que retomó su agenda lo antes posible para acallar las especulaciones. Pues que se prepare ahora porque arrecian.

 

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