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La triste noticia se dio a conocer inicialmente mediante un comunicado familiar y rápidamente se difundió en los círculos conservadores de Estados Unidos: Michael Edward Reagan, primogénito adoptivo del expresidente Ronald Reagan y figura influyente en el republicanismo, falleció el domingo 4 de enero en Los Ángeles, a la edad de 80 años, rodeado por sus seres queridos. Su partida no solo significa la pérdida de un comentarista político con una larga trayectoria, sino también la desaparición de esa voz comprometida en mantener vivo el relato que su padre tejió durante su mandato en la Casa Blanca y en el imaginario conservador estadounidense.
El anuncio del fallecimiento se realizó dos días después, el 6 de enero, a través de la Young America’s Foundation, entidad que gestiona el emblemático “Reagan Ranch” en California. Este lugar se había convertido en uno de los ejes desde donde Michael proyectaba el legado político y moral de la era Reagan. La Fundación e Instituto Presidencial Ronald Reagan lo describió como “un firme guardián del legado de su padre”, una frase que resume su trayectoria caracterizada por una sólida convicción ideológica, una identidad republicana bien definida y una fe católica vivida abiertamente.
Aunque algunos medios inicialmente mencionaron que no se había revelado la causa del fallecimiento, informaciones posteriores provenientes de círculos cercanos al ámbito religioso conservador indicaron que falleció debido a un cáncer, enfermedad ante la cual él mismo mostró optimismo en sus últimas conversaciones con colaboradores. Sin embargo, lo que su entorno enfatiza es otro aspecto: mantuvo hasta el final la esperanza, un discurso alineado con su fe y un deseo inquebrantable de seguir luchando por las causas que defendió durante toda su vida.
El comunicado emitido por su esposa, Colleen Reagan, y sus hijos, Cameron Reagan y Ashley Reagan Dunster, capturó el tono cercano de esta despedida: lamentan “la pérdida de un hombre que significó tanto para quienes lo conocieron y lo amaron”, destacando además que “Michael fue llamado a casa para estar con el Señor el domingo 4 de enero, rodeado de toda su familia”. Este lenguaje religioso, habitual en su entorno, también se hizo eco en los mensajes de dirigentes conservadores y responsables de organizaciones con las que estuvo vinculado a lo largo de los años.
Uno de los tributos más destacados fue el del expresidente de Young America’s Foundation y exgobernador de Wisconsin, Scott Walker, quien recordó su última conversación con él, mantenida el 22 de diciembre: Michael se mostraba optimista sobre su enfermedad, pero “el Buen Señor decidió llamarlo antes”. Walker enfatizó su “fe y devoción a Jesús” y señaló que el consuelo para sus seres queridos radica en la certeza de que “está con el Señor”. Desde el “Reagan Ranch”, el director Andrew Coffin resaltó que Michael trabajó incansablemente para transmitir a las nuevas generaciones las ideas y valores políticos heredados de su padre, actuando como un puente entre la memoria presidencial de los años ochenta y los debates conservadores actuales.
Más allá del peso simbólico que le confería su apellido, Michael Reagan logró forjar una identidad propia dentro del panorama mediático y político estadounidense. Durante casi dos décadas estuvo asociado al programa radiofónico nacional “The Michael Reagan Show”, donde abordaba temas políticos y culturales desde una perspectiva alineada con el Partido Republicano. Además, fue un rostro habitual en emisoras televisivas conservadoras como Newsmax, donde se consolidó como un comentarista reconocido entre la audiencia derecha estadounidense.
Su historia personal estuvo marcada por la adopción. Nació en 1945 como hijo de Irene Flaugher, una madre soltera, siendo adoptado horas después por Ronald Reagan y la actriz Jane Wyman, quienes formaban entonces un matrimonio en Hollywood. Este hecho influyó profundamente en su discurso público. Michael utilizó esta experiencia para fundamentar su postura provida, llegando a expresar una frase emblemática entre sus seguidores: “Gracias a Dios que fui adoptado y no abortado”. Esta vivencia le permitió abogar por la adopción como una opción viable frente al aborto e instar a familias y comunidades religiosas sobre su responsabilidad hacia mujeres embarazadas en situaciones complicadas.
Su biografía espiritual añadió otra dimensión a su identidad pública. Educado en la fe católica por Jane Wyman, quien era terciaria dominica, reivindicó este aspecto como esencial para comprender su participación en la vida pública. En entrevistas recientes solía bromear sobre las diferencias religiosas entre su padre protestante y su madre católica; además mencionaba cómo gran parte de su familia ha permanecido o se ha convertido al catolicismo —incluyendo a Colleen, sus hijos y nietos—. Esta dimensión religiosa trascendió lo privado: alimentó tanto su activismo provida como sus posiciones conservadoras respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo, al cual se opuso abiertamente; incluso criticaba a veces a las iglesias cristianas por no haber sido más firmes ante las leyes que lo permitían.
Su voz resonó especialmente entre sectores del electorado republicano que buscaban referencias claras tras los cambios provocados por la llegada de Donald Trump. La relación entre ambos fue directa y sincera. En 2015, cuando Trump aún dudaba sobre postularse para las primarias presidenciales, llamó a Michael para pedirle consejo. La respuesta fue contundente: “Creo que destruirás el Partido Republicano”. Pese a esta advertencia inicial mantuvieron una relación cordial; Michael cumplió con su promesa de no apoyar a nadie durante las primarias pero sí respaldó al candidato republicano durante las elecciones de 2016, 2020 y 2024. Posteriormente defendió que Trump había transformado al partido mediante su movimiento MAGA al reconstruirlo sobre una nueva coalición compuesta por trabajadores, minorías y figuras mediáticas influyentes.
Su compromiso cívico también abarcó ámbitos sociales y sanitarios. Durante años organizó carreras benéficas con lanchas motoras para recaudar fondos destinados a iniciativas como la Fundación para la Investigación de la Diabetes Juvenil, la Fundación para la Fibrosis Quística o el Fondo para la Restauración de la Estatua de la Libertad. Participó activamente en el consejo asesor de la Fundación Mixed Roots, enfocada en acoger familias e impulsar adopciones tanto nacionales como internacionales; esta labor conectaba íntimamente con su propia historia personal. Además ocupó el cargo presidencial en la junta directiva de la Fundación John Douglas French para el Alzheimer, involucrándose así en la lucha contra esta enfermedad que marcó los últimos años del presidente Ronald Reagan.
Desde un punto institucional destacó como presidente de la Reagan Legacy Foundation, donde defendía activamente la memoria política del cuadragésimo presidente estadounidense mientras promovía actividades formativas y divulgativas dirigidas hacia nuevas generaciones conservadoras. Su labor le convirtió en interlocutor habitual entre jóvenes activistas y estudiantes gracias a colaboraciones con Young America’s Foundation así como con el entorno del Reagan Ranch.
En cuanto a su formación profesional, Michael combinó habilidades comunicativas políticas con incursiones en el entretenimiento. Se formó académicamente en Arizona State Universityy también asistió al Los Angeles Valley College, dando sus primeros pasos como actor mediante pequeñas apariciones televisivas; uno notable fue durante su participación en “Falcon Crest”, serie protagonizada por Jane Wyman. Además presentó durante un tiempo un concurso televisivo llamado “Lingo” (1987-1988) antes dedicarse plenamente durante casi dos décadas al mundo radiofónico donde alcanzaría mayor reconocimiento.
Como autor prolífico utilizó la escritura para estructurar y compartir experiencias vitales marcadas por política, familia y fe. En sus libros autobiográficos “Mirando desde afuera”y “Dos veces adoptado”, narró aspectos complicados relacionados con su infancia así como aceptaciones respecto a ser adoptado junto con reflexiones sobre itinerarios espirituales propios. En “Lecciones que me enseñó mi padre”, publicado en 2016, profundizó sobre aprendizajes junto a Ronald Reagan fusionando recuerdos familiares con reflexiones acerca del liderazgo responsable desde una perspectiva conservadora. Estas obras no solo poseen valor testimonial sino también sirven como puente narrativo entre esa figura casi mítica del presidente estadounidense así como una visión más humana proveniente del hijo criado bajo esa sombra histórica.
Su fallecimiento deja un vacío notable dentro del universo reaganiano. De los cinco hijos del expresidente Ronald Reagan —Maureen, Michael, Christine, Pattiy Ron— él ha sido considerado por muchos quienes le conocieron como aquel capaz asumir plenamente encarnar públicamente ideología política paterna; contrastando así posturas críticas o distantes exhibidas por otros hermanos. Le sobreviven Colleen —su esposa— Cameron —su hijo— Ashley —su hija— así como varios nietos criados bajo esos mismos principios religiosos defendidos hasta sus últimos días.
En los próximos días están programados actos conmemorativos e homenajes tanto cerca del entorno del Reagan Presidential Librarycomo dentro del contexto del propio ranch californiano así como medios u organizaciones conservadoras donde participó activamente. Más allá simplemente etiquetarlo como “hijo del presidente”, esos espacios recordarán también al menos: “un comunicador aguerrido; un activista provida; un católico convencido; un hombre cuya biografía se transformó rápidamente argumento político”. Para muchos ese será precisamente uno legado más significativo: demostrar cómo incluso bajo sombra monumental figura histórica es posible construir voz propia dejando huella reconocible debate público.
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