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Agresiones sexuales y manadas: ¿Por qué a la víctima le cuesta tanto denunciar?

La emoción no se relaciona siempre coherentemente con los hechos y, en situaciones extremas, puede llegar a empujarlos a actuar en el corto plazo en contra de nuestros intereses en el largo plazo.

Ana Villarrubia Actualizado: 23 Ago 2020 - 07:29 CET
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La violencia sexual es el tipo de delito más perverso y humillante que puede cometerse contra un individuo, en tanto en cuanto supone una amenaza hacia la integridad física y psicológica de quien la sufre, y atenta gravemente contra su dignidad.

Por su propia naturaleza, el delito sexual se ejerce en la clandestinidad y, por ello, sabemos que, también hoy en día, gran parte de abusos y agresiones sexuales quedan ocultos tras el silencio de las víctimas y alimentan la sensación de impunidad de los agresores, quedando fuera de toda estadística.

¿Por qué muchas víctimas siguen sin denunciar estos delitos pese a que se recalca tan a menudo la inmensa trascendencia de hacerlo? No es difícil comprender a una víctima de violencia sexual, no al menos desde la sana compasión y la empatía. Son muchos los motivos por los que muchas víctimas de violencia sexual deciden vivir su tormento en silencio y en soledad, y todos ellos se alimentan de la potencia y el poder de algunas de las emociones más desagradables y obstaculizantes de todas cuantas asaltan al ser humano:

En muchas ocasiones, cuanto más deplorables son los actos experimentados o cuanta más indefensión se haya experimentado, más aumenta la probabilidad de que esta amalgama de contradictorias emociones anulen la capacidad de las víctimas para enfrentarse al duro proceso de denunciar lo que les ha sucedido.

La terrible moda de las agresiones en grupo representa una perversa vuelta de tuerca en el ya de por sí vil delito de atentar contra la dignidad de las personas, y su impacto psicológico puede ser devastador para las víctimas, como se ha visto estos días en el juicio por la violación (sí, violación, porque 6 desgraciados agresores, mayores de edad, en un cuchitril oscuro y maloliente, violando a una menor de 14 años, además de un asqueroso y lascivo observador no es un abuso, es nítidamente una violación) a la víctima de la llamada manada de Manresa.

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