Más información
Era cuestión de tiempo. La madrugada en que TikTok decidió cerrar la cuenta de Simón Pérez, conocida como @simondesintoxicacion , fue el último capítulo de una historia que mezcla fama, adicción y tragedia. Aquel economista que en 2017 protagonizó junto a Silvia Charro un vídeo viral sobre hipotecas fijas, en evidente estado alterado, terminó convertido en un espectro digital, viviendo de los retos de internet y de la morbosa curiosidad de miles de seguidores.
TikTok ha preferido guardar silencio sobre los motivos de la suspensión, pero el detonante parece claro: el reciente fallecimiento en un directo del streamer Sergio Jiménez, alias Sancho o Sssanchopanza, colaborador habitual de Pérez. Murió ante la cámara en pleno reto, mientras los usuarios —y el dinero fácil— lo empujaban hacia la autodestrucción.
Tras su despido del mundo financiero, Simón y Charro encontraron refugio en el escenario sin reglas de las redes. Primero fueron risas, luego ruptura y finalmente supervivencia. Para conseguir donaciones aceptaban desafíos cada vez más degradantes: romper muebles, lanzar objetos por la ventana o incluso consumir drogas frente al público. En una ocasión, unos supuestos traficantes irrumpieron en la vivienda de Pérez exigiendo una deuda. Él, con la cámara en la mano, imploró ayuda a su audiencia: “No me pegueis más, que me lo tiene que dar esta gente”.
El caso de Pérez no es único. Plataformas como Kick o TikTok se han convertido en escenarios de riesgo, donde usuarios paganos por ver hasta dónde llega la desesperación. Kick ya había expulsado al economista tras otros incidentes trágicos, como la muerte del streamer francés Raphaël Graven .
Tras la muerte de Sergio Jiménez, Simón declaró en su canal de YouTube: “Tomó seis gramos en tres horas… Le dije que eso era sobredosis”. Lo dijo con aparente serenidad, como quien sabe que pudo ser él. Luego, en un programa de televisión, confesó que muchos de sus seguidores le ofrecen dinero para morir en directo. “La mayoría quiere eso, verme morir”, admitió sin rastro de ironía.
La pantalla que un día le dio fama es hoy su verdugo. Entre donaciones, sustancias y público ávido de espectáculo, Simón Pérez continúa en esa cuerda floja entre el negocio y la tragedia. TikTok ha cerrado su cuenta, pero su historia —como tantas otras en el escaparate digital— aún sigue resonando en la red.
Más en Sucesos
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home