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CRIMEN ATROZ EN MIRANDA DE EBRO, BURGOS

El violento José quiso acostarse con su ex y cuando ella se negó incendió su casa y la quemó viva con su madre y una inquilina

Un hombre de 60 años provocó un incendio en una vivienda de Miranda de Ebro tras el rechazo de su expareja a mantener relaciones sexuales con él, resultando en la muerte de tres mujeres y dejando cuatro heridos

Periodista Digital 12 Mar 2026 - 08:50 CET
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José M. G. llegó a la comisaría de Miranda de Ebro (Burgos) bajo la custodia de agentes de la Policía Nacional, encorvado y con una mascarilla que ocultaba su rostro.

Detrás de él se encontraba uno de los episodios más trágicos que se recuerdan en esta localidad de 36.000 habitantes: un incendio intencionado que cobró la vida de tres mujeres.

El pasado martes, cerca de las 22:30 horas, José M. G. se dirigió al tercer y segundo piso del número 10 de la calle de la Fuente con un objetivo claro: mantener relaciones sexuales con Dolores, su expareja de 58 años.

Ante su negativa, el hombre no dudó en actuar. Se fue a su casa, tomó un par de colchones y los llevó al edificio, donde les prendió fuego utilizando un bidón de gasolina. Transformó el inmueble en una trampa mortal.

En el tercer piso residían Antonia (78 años) y Dolores (58 años), madre e hija.

En el segundo piso vivía Laura Valentina, una joven colombiana de 23 años que alquilaba una habitación. Ninguna logró escapar del siniestro.

El fuego las atrapó sin opción alguna. Además del triple homicidio, el incendio dejó cuatro heridos: un niño de once años y una niña de siete, aunque ambos fueron dados de alta posteriormente. Un vecino del segundo piso, Mauro, que estaba celebrando el cumpleaños de su hijo, se vio obligado a saltar por la ventana en medio del pánico al ver las llamas. Se lanzó desde su piso al balcón del primero y luego a la calle, mientras otros vecinos colocaban colchones para ayudar a sus hijos a aterrizar sin lesiones.

Un historial de violencia sin freno

Lo que hace este crimen aún más perturbador es el historial delictivo que arrastra José M. G. Este individuo ya había estado en prisión en varias ocasiones por delitos graves. En 2015, secuestró durante 14 horas a una niña de 9 años en la misma localidad; la ató con cuerdas alrededor del cuello y las manos, abusando sexualmente de ella. Cumplió seis años por detención ilegal y abuso sexual.

Tan solo tres años atrás, en noviembre de 2023, volvió a actuar. Recogió a Carmen, una conocida que casualmente tenía relación con Dolores, en el hospital y se ofreció a llevarla a casa. Durante el trayecto, la acusó injustamente de haberle robado el móvil a un familiar y al llegar a su hogar, la golpeó hasta dejarla inconsciente antes de atarla con una cadena alrededor del cuello y un candado. Cuando Carmen recuperó la consciencia, se dio cuenta del horror que estaba viviendo; él continuó golpeándola e insultándola sin permitirle defenderse. Finalmente logró escapar gracias a unos familiares que la llevaron al hospital. En noviembre de 2024, la Audiencia Provincial de Burgos lo condenó a un año y siete meses por detención ilegal; en marzo del siguiente año, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ratificó dicha sentencia.

A pesar del alarmante historial documentado que incluye violencia sexual, secuestros y agresiones físicas, José M. G. fue liberado tras cumplir su condena anterior. Ahora con este nuevo incendio sobre sus espaldas, será la tercera vez que ingrese tras las rejas.

El pueblo guarda silencio, pero habla

En la plaza central del pueblo, donde se encuentra el Ayuntamiento adornado con un lazo negro como símbolo del luto colectivo, los vecinos son reacios a hablar sobre lo sucedido. Algunos lo hacen con cautela; una mujer que regenta un bar describe a la familia como problemática: «Eran todos gitanos y daban bastantes problemas; aquí nos conocemos todos». Comenta también que José M. G. frecuentaba su establecimiento bajo los efectos del alcohol y las drogas, mostrando conductas violentas: «Iba metido y era un delincuente», recuerda.

Sin embargo, los vecinos son claros al afirmar que las víctimas no merecían este trágico destino. «La chiquita sudamericana no tenía nada que ver con ellos; solo estaba alquilada», lamenta esta mujer refiriéndose a Laura Valentina. Otro vecino llamado José Luis, quien conocía bien a la familia de Dolores, enfatiza: «Gente maravillosa; todos geniales». Sobre José M. G., menciona: «A él alguna vez le han tenido que echar».

Además revela que los hijos de Dolores no son del autor material del crimen: «Igual tiene seis o siete hijos pero ninguno es suyo», aclara José Luis con preocupación por lo sucedido y subraya lo más alarmante para todos: no debería haber estado libre después de tanto tiempo encarcelado por actos tan violentos: «No tenía que haber salido jamás; es una persona extremadamente violenta y peligrosa».

El Ministerio del Interior, representado por el ministro Fernando Grande-Marlaska, ha confirmado que este incendio califica como delito por violencia machista. Hasta ahora en este año han sido diez las mujeres asesinadas debido a esta lacra social en España. Consciente ya del cerco policial sobre él, José M. G. se presentó voluntariamente en la comisaría; aunque inicialmente negó ser responsable del incendio, las evidencias lo incriminan directamente ante una comunidad inquieta preguntándose cómo pudo permanecer libre alguien con tal historial criminal.

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