Ayer hablé de cine y hoy quiero hablar de un libro fascinante. Se trata de “Confieso que he vivido”, una autobiografía del poeta chileno Pablo Neruda. Desde el punto de vista exclusivamente estilístico, la obra es absolutamente maravillosa, percibiéndose en todo momento su condición de poeta. A pesar de ser un texto en prosa, da la sensación de ser una composición poética, siendo constantes los juegos de palabras y el empleo de un lenguaje bello y preciosista.
Por ello, a la hora de leerla, toda la obra transmite una prolongada sensación de goce estético. Así, en ningún momento se hace pesada su lectura, ya que además se expresa con palabras frescas, vivas y entendibles para todo tipo de públicos, especialmente los menos cultos. De ahí proviene, posiblemente, la causa del reconocimiento literario del autor por parte de las clases más populares, cuyo cariño hacia su figura, por otra parte, se percibe a lo largo de todo el libro.
Pero además de su belleza estilística, el contenido de la obra transmite muchas otras sensaciones. En primer lugar, impresiona observar la vida tan rica y llena de emociones del autor. Parece increíble que quepan en una misma experiencia vital tal cantidad de profundos acontecimientos. Pablo Neruda es un personaje que ha conocido innumerables países y culturas a lo largo de todo el planeta, tratando de involucrarse y obtener un conocimiento profundo de todas ellas, teniendo una posición fuertemente activa. Así, en la India se mantuvo crítico con el colonialismo inglés, en España vivió el trauma de nuestra guerra civil desde una posición claramente favorable al bando republicano, padeció el exilio de su propio país natal, etc. Independientemente de que se compartan o no sus posiciones políticas, no cabe duda de que aprovechó su condición de figura pública para intentar cambiar a mejor el mundo que le tocó vivir.
En cuanto a su postura política, a la que concede tanto espacio en la obra, el hecho de que viviera una época tan compleja, y que además él mismo estuviera siempre presente en los principales puntos de conflicto, nos pueden ayudar a comprender su posicionamiento bajo una ideología tan poco democrática como el comunismo soviético. Como él mismo dice, a pesar de apoyar claramente en su momento a Stalin, en cuanto supo de sus horrendos crímenes, no dudó en rechazar tales prácticas, junto a otras como el culto a la personalidad del líder o el rigorismo político.
No obstante, pesa más en Neruda su carácter libre, benéfico y defensor de la condición humana, criticando el que a la hora de las relaciones personales prevalezcan las etiquetas ideológicas, que son las que separan a los hombres. Él está orgulloso de ser comunista, pero antes que nada se considera un ser humano. Según afirma, en la época de las guerras (la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial o la conocida como Guerra Fría), se limitó a tomar partido por el bando que consideraba más justo, pero pensando ante todo en el bienestar general de la Humanidad. De ahí su compromiso con la paz mundial, luchando activamente contra una eventual guerra atómica, que habría acabado con todo el planeta.
Toda su obra refleja su pasión por la vida. Ésta se trasluce en la narración de sus increíbles y a veces surrealistas anécdotas. Busca mostrar la personalidad de los pueblos (profundiza en la esencia de todos ellos, sintiéndolos ya como propios) y personas que conoció. Muchas de ellas fueron algunas de las grandes personalidades de su época: Picasso, García Lorca, Gandhi, etc. Pero muchas otras fueron personajes anónimos, aunque igualmente fascinantes, como las viudas francesas que vivían en una casa en el campo sin ver a nadie en años o Juanito, el cuidador de su cordero (también se muestra como un gran amante de los animales y la naturaleza), por citar solo algunos ejemplos.
En definitiva, “Confieso que he vivido” muestra el latido apasionado de un enamorado de la vida y de la humanidad. Pablo Neruda o el alma de un poeta.
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