Al poeta Don Quijote
Viviste en una España decadente, donde, como hoy, triunfaban los pícaros. Mas tú te rebelaste, oh Don Quijote, y decidiste que valía la pena calzar lanza, escudo y armadura para hacer estallar el reino de la fraternidad y la justicia entre los semejantes. Grandioso testimonio de la paradoja que ensalza: mientras hacías el bien, los beneficiados