La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Isabel Allende pinta el catolicismo más rancio

Isabel Allende, una de mis escritoras favoritas, refleja en muchas de sus obras las hipocresías del alma humana. En Inés del alma mía, que ando ahora leyendo, pinta un episodio dantesco. En plena batalla entre los ejércitos de los españoles Pizarro y Pizarro, antiguos aliados en la conquista de Perú y luego enfrentados por la codicia del poder único, Isabel Allende describe con maestría la corrupción de la fe:

“Los dos ejércitos se dieron cita en el valle de Las Salinas, en un rosado amanecer, mientras millares de indios quechuas observaban desde las colinas el divertido espectáculo de los vicorachas matándose unos a otros como fieras rabiosas. No entendían las ceremonias ni las razones de esos barbudos guerreros. Primero formaban en filas ordenadas, luciendo sus bruñidas armaduras y gallardos caballos, luego ponían una rodilla en tierra, mientras otros vicorachas, vestidos de negro, hacían magia con cruces y copones. Comían un pedacito de pan, se santiguaban, recibían bendiciones, se saludan de lejos, y al fin, cuando ya habían transcurrido casi dos horas de esta danza, se aprestaban para asesinarse mutuamente. Lo hacían con método y ensañamiento. Durante horas y más horas peleaban cuerpo a cuerpo gritando lo mismo: ‘¡Viva el Rey y España! ¡Santiago y a ellos!’. (…) Entretanto, los indios aplaudían, cruzaban apuestas, saboreaban su merienda de maíz asado y carne salada, mascaban coca, bebían chicha, se acaloraban y se cansaban, porque la reñida batalla duraba demasiado”.

Genial, Isabel Allende. Con el mismo estilo de Delibes, quien no cargaba las tintas con gruesas palabras, sino con la mera descripción, con pausa, sosiego y fina ironía, de las situaciones más hirientes. ¿Qué decir de estos españolitos que se fueron de Cruzada a las Américas a catequizar indios, mientras los explotaban y asesinaban cegados por el fulgor de lo dorado? Y, luego, matándose entre ellos, utilizando, ambos, la excusa del Dios del Amor.

Genial, Isabel Allende. No te hace falta imaginar a una Carmen que, en cinco horas con Mario, el corazón sólo le da para echar en cara a su marido muerto su catolicismo heterodoxo por samaritano. Pintar un episodio histórico te basta para reflejar el catolicismo rancio y autoproclamado único que tanto ha abundado en nuestras Españas.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Te puede interesar

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Lo más leído