La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

San Gabo y su último servicio a la causa madridista

Puede que Gabriel García Márquez no creyera en Dios, pero Él siempre creyó en el gran escriba colombiano. Hasta el punto de que, una vez cerrados aquí los ojos para siempre el pasado Jueves Santo, el Viernes de Luz le sorprendió allí a san Gabo con toda la eternidad por delante para ser feliz. En estas profundidades andaba yo sumergido esta mañana mientras caía en la cuenta del peso del tiempo sobre mi propia existencia: treinta y un años muy mal llevados ya.

Algo pesaroso, recordé que hoy es 23 de abril. San Jorge, Día del Libro… Y entrega del Premio Cervantes en Alcalá de Henares. Me bastó un sorbo de café para pensar en esto: “Coño, hoy se cumplen 12 años desde que me colé en el Premio Cervantes que le dieron a Álvaro Mutis y, saltándome todos los protocolos, charlé con todos, incluidos Aznar y el Rey”. Al día siguiente, el ‘Diario de Alcalá’ abordaba la travesura que acometí junto a varios amigos de la Facultad de Historia tachándonos de “jovencitos malandrines capaces de tal descaro” y a los que “habría que aplicar la Ley Corcuera”. En fin, “pecadillos de juventud”, me respondí justificándome. Aunque solo tardé tres segundos en asociar: “Ostras, esa misma noche, en ese 23 de abril de 2002, el Real Madrid asaltó el Camp Nou con un 0-2 en las semifinales de Copa de Europa que servía de antesala de la Novena. Desde entonces, todo ha sido un erial”.

Instantáneamente, tras pegar otro sorbo al café (en realidad, carajillo), pegué un brinco exaltado y me dije: “Hay que repetir el símbolo, que hoy nos jugamos la vida contra los alemanes en el Bernabéu y, a la vez, en Atenas, contra los alborotadores de las canastas. El reto es inmenso, de ahí que necesite un gesto rotundo. ¡Qué cojones, hoy toca nuevo asalto al Premio Cervantes!”. Así que, sin dudarlo, apelé al nuevo santo y el mismísimo Gabriel García Márquez, encarnado en la piel de Luis María Anson (un fijo en cada edición alcalaína), se animó sin dudarlo a acompañarme al homenaje a Elena Poniatowska. Los seguratas no fueron problema en la puerta del legendario Rectorado de la Universidad de Alcalá: “Somos colegas del Rey”, dijo un seguro Anson-Gabo mientras me metía de un empujón y los vigilantes se quedaban boquiabiertos.

Una vez dentro, esperamos al cóctel para abordar a Don Juan Carlos. Mientras, hicimos tiempo glosando con el presidente de la Real Academia el acierto de la premiada al recuperar la figura de Sancho Panza y su apelación a los latinoamericanos del tiempo precedente como “los condenados de la Tierra”. Andábamos en estas alturas metafóricas cuando la realidad nos azotó: pasó una reconocida musa y todos nos quedamos embelesados contemplando su andar rotundo, como danzando un tango. Ahí fue cuando coincidimos en la mirada con el Rey. Una carcajada después, se vino hasta nosotros chato en mano. Entonces, Anson se puso serio y le dijo: “Majestad, ¿cómo es posible que se nos haya muerto García Márquez y nunca la dieran el Cervantes? Buena la hemos hecho…”. Ciertamente golpeado, el Borbón bajó la vista y clamó contra los altos tribunales literatos. “Bueno, menos mal que nos queda el Madrid. ¿Cómo lo ve, Majestad? Zurramos hoy a los mofletudos bávaros?”, le espetó Anson. “¡Hombre, claro!”, se vino arriba el coronado. “¿Y en baloncesto, nos cargamos también a los griegos?”, me atreví a susurrar. “¡A Spanoulis le cortamos hoy la barba y el chachismo libertario será ya eterno!”, vociferó Don Juan Carlos. Fue tal alto su grito que, por respeto, todos los presentes no vieron otra solución para corresponder a su soberano que elevar sus vinos y aullar: “¡Hala Madrid!”.

Todo esto ha ocurrido esta mañana, aunque la prensa comprada por el poder no se haya hecho eco del suceso. Así pues, a hora y media de que empiecen los partidos en fútbol y baloncesto, estoy tranquilo. Y, si tengo alguna duda, San Gabo, a mi lado, me la disipa: “Ya sabes que yo soy del Atlético Junior de Baranquilla, pero, en esta jornada, después de los servicios prestados a la causa merengona, lo tengo claro. El hechizo consumado está. Gana el Madrid. Los dos”.

¡Hala Madrid! ¡Hala Madrid! ¡Hala Madrid!

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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