Acabo de enterarme y estoy sobrecogido. Ha muerto Francisco Umbral, uno de los más grandes maestros en el arte de escribir columnas. Es muy difícil reflejar algo realmente bueno en tan pocas líneas. Y él lo hacía como nadie. Lo triste es que hoy no serán tantos los que se lo reconozcan. Muchos no le perdonarán que pasara de la izquierda a la crítica a Zapatero y el alabo a Rajoy. Pero esa falta tan propia del dogmatismo ciego y voraz no impedirá que la mayor parte de este país reconozca la altura literaria e intelectual de uno de nuestros galardonados con el ‘Premio Príncipe de Asturias de las Letras’ (1996) y el ‘Cervantes’ (2000).
Fue precisamente en el año 2000, con motivo de la entrega del premio cervantino, cuando yo le vi por primera y única vez. Estudiaba yo por entonces mi primer curso de Historia en la angosta Universidad fundada por Cisneros varios siglos antes. Junto a unos amigos acudí a la puerta de la Antigua Universidad ese 23 de abril, Día del Libro, para poder ver la entrada y salida de los invitados al acto. Fue tras el ágape protocolario cuando pudimos abordar, literalmente, al galardonado Francisco Umbral. Nos causaba un profundo respeto (tengo que reconocer que también algo de temor) y finalmente le saludamos. Él no dudó en estrecharnos afablemente la mano. Hoy lo recuerdo con melancolía y tristeza.
Hoy, siete años después, le digo adiós a alguien al que sólo estreché la mano una vez y al que tristemente no le dije nada. Envidio a la gente que le rodeaba y podía hablar con él de sus libros, sus ideas y su ilusiones. Creo que es el caso de David Gistau, un joven columnista mordaz, cachondo, escritor de altos vuelos y del que estoy seguro que algún día alcanzará el nivel de don Francisco Umbral. Aquí queda dicho mi vaticinio en este humilde espacio cibernauta un 28 de agosto de 2007, día de luto y trascendencia para las Letras Hispanas que algún día cultivaron genios como Cervantes, Quevedo, Góngora o Larra. Hoy Umbral ya podrá charlar con ellos mientras se acicala con su bufanda y sus grandes gafas de pasta negra.
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