Las ensaladas, amigas de la buena forma, no tienen porqué limitarse a la sempiterna formula mixta. A base de algas son particularmente salutíferas y originales.
Repletas de proteínas, sales minerales y vitaminas, esos tesoros marinos brillan todavía por su ausencia en la mesa occidental, excepto en determinadas zonas muy como la Bretaña francesa, Galicia o islas concretas (Gran Bretaña).
Se consumen sobre todo como suplemento alimenticio (especialmente la spirulina), aunque, agazapadas, ya proliferan en nuestra dieta cotidiana entre salsas, jaleas, helados, productos dietéticas como yogures aligerados. Lógico, puesto que su leve aporte calórico y peculiar textura viscosa reemplazan idealmente huevos, harina y mantequilla.
En el país de los samuráis resultan otro cantar y ojo al dato, el cultivo de la Laminaria japónica surte casi 4 millones de toneladas anuales de tejido fresco, quienes, entre versátiles destinos, se usan para alimentar al personal. Entre sus más de cincuenta variedades, las comestibles más sabrosas son la roja Dulse, la Nori negra (famosa por su uso masivo en sushis), la morena Wakamé, el crujiente Kombu y el tierno Spaghetti o guisante marino.
Una simplísima y ligera receta, cuyas proporciones están previstas para cuatro personas, se hace hirviendo (al vapor, mejor) medio kilo de perca con una hojita de laurel. Escurrirlas perfectamente, dejarlas entibiar y distribuirlas en platos hondos.
Cubrir con lonchitas de mango, algas nori, brotes de soja, daditos de pomelo rosa, tomates cherry y queso feta desmigado. Aliñar con una mezcla con wasabi japonés diluido en salsa de soja y rociar gotitas de lima. Buenísimo y de lo más salutífero. Acompañar de té matcha helado.
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