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Por todos lados

¿Cuáles son las 20 ‘maravillas naturales más asombrosas’ de España?

En Castilla y León se encuentra la mina romana de Las Médulas (León), la mayor mina a cielo abierto del Imperio Romano cuyas labores de explotación han dado lugar a un impresionante entorno paisajístico.

Alex MacKenzie Actualizado: 01 May 2026 - 11:27 CET
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El Ilustre Colegio Oficial de Geólogos ha seleccionado veinte destinos geológicos excepcionales repartidos por toda España para fomentar el geoturismo. La propuesta reúne volcanes, glaciares, kársticas, cañones, minas romanas y formaciones únicas en el mundo que demuestran que la geología del territorio español es tan rica como variada. Y que cada paisaje tiene, además, una gastronomía que lo hace aún más irresistible.

Asturias: lagos glaciares y bufones marinos

El Parque Natural de Somiedo es uno de los espacios naturales más completos del norte peninsular. Su diversidad litológica abarca desde pizarras y cuarcitas del Paleozoico hasta formaciones glaciares cuaternarias que dejaron como legado los Lagos de Saliencia y el Lago del Valle, joyas de montaña rodeadas de hayedos y pastizales de alta cota donde los osos pardos siguen siendo vecinos.

En el oriente asturiano, el Karst Litoral ofrece uno de los espectáculos más singulares del litoral cantábrico: los bufones, agujeros en la roca caliza por los que el mar entra con fuerza y lanza chorros de agua y aire con un rugido que se escucha desde kilómetros. Es geología marina en estado puro.

En la mesa: Asturias es la región del cachopo, la fabada con fabes de la granja, el queso Cabrales y la sidra natural escanciada desde altura. Un yantar que justifica el viaje por sí solo.

Canarias: volcanes jóvenes y acantilados titánicos

En Fuerteventura, el volcán Montaña de La Arena, en La Oliva, es el más reciente de la isla con apenas 10.000 años de antigüedad, un instante en términos geológicos. Sus lavas, bloques y escorias permiten comprender en directo cómo funciona el vulcanismo canario.

En Tenerife, el Parque Natural de Teno ocupa el extremo noroeste de la isla con un paisaje de estratovolcán en escudo que sufrió dos grandes colapsos de ladera, dando lugar al Acantilado de los Gigantes y al Valle del Palmar. Una de las formaciones costeras más impresionantes de todo el archipiélago.

En la mesa: Las papas arrugadas con mojo rojo y verde, el gofio, el queso majorero de Fuerteventura y el pescado fresco en los puertos de La Graciosa o El Cotillo son parada obligatoria.

Cantabria: acantilados cretácicos y los Picos de Europa

La costa entre Cabo Menor y la desembocadura del río Pas en Liencres ofrece una sucesión de acantilados, calas y playas de singular encanto. La Playa de la Arnía y sus formaciones calcáreas perforadas por el mar son una de las estampas más fotografiadas del norte.

En el interior, la Fuente Dé permite acceder mediante funicular al corazón de los Picos de Europa, ese macizo calizo que los marineros cantábricos llamaban así porque era lo primero que veían al volver de América. Desde arriba, la vista es de otro mundo.

En la mesa: El cocido montañés, el sobao pasiego, la quesada y los anchoas de Santoña en aceite son las señas de identidad de una gastronomía robusta y honesta.

Castilla-La Mancha: el Gran Cañón español y el primer volcán visitable

El Volcán Cerro Gordo en el Campo de Calatrava (Ciudad Real) es el primer volcán visitable de la Península Ibérica. El campo volcánico tiene 330 edificios que permiten asomarse literalmente al interior de la tierra.

Las Barrancas de Burujón (Toledo) son el cañón español que más recuerda al Gran Cañón del Colorado: el río Tajo ha esculpido durante millones de años una serie de barrancos de arcillas yesíferas y margas que crean un paisaje de colores ocres y rojos absolutamente inesperado en la meseta castellana.

En la mesa: El pisto manchego, el queso Manchego con denominación de origen, el morteruelo conquense, las migas con uvas y el mazapán de Toledo forman un recorrido gastronómico tan generoso como el paisaje.

Castilla y León: el oro de Roma y los cañones del Duero

Las Médulas (León) son la mayor mina a cielo abierto del Imperio Romano y uno de los paisajes más insólitos de España: montañas de tierra rojiza horadadas por los romanos con el método de la ruina montium, que consistía en introducir agua a presión para disolver el terreno y extraer el oro. El resultado es un laberinto de agujas y torres de tierra roja entre castaños centenarios declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los Arribes del Duero en Zamora y Salamanca forman los cañones más extensos y profundos de la Península. El río Duero hace frontera con Portugal en un paisaje granítico de espectacular verticalidad con cascadas, buitres leonados y microclima mediterráneo en plena meseta.

En la mesa: El lechazo asado al horno de leña, la morcilla de Burgos, el hornazo salmantino, los botillos bercianos y el vino de Ribera del Duero o Toro son la cumbre gastronómica de la meseta castellana.

Cataluña: sal de otro mundo y glaciares pirenaicos

La Montaña de Sal de Cardona (Barcelona) es un fenómeno único en el mundo: una montaña de sal gema que emerge sobre el terreno y que ha sido explotada desde el Neolítico. El interior de la mina alberga formaciones de sal de colores y transparencias que parecen obra de un escultor. Es una de las maravillas del Geoparque de la Cataluña Central.

El Carrilet de Estany Gento (Lérida) lleva hasta los lagos glaciares del Pirineo catalán dentro de la zona periférica del Parque Nacional de Aguas Tuertas y lago de San Mauricio, donde la geomorfología glaciar se despliega en toda su extensión con circos, morrenas y lagunas de agua turquesa.

En la mesa: La botifarra amb mongetes, el pa amb tomàquet, la escalivada, los calçots con salsa romesco, el arroz de la Albufera de Amposta y los vinos del Priorat o la Terra Alta hacen de Cataluña una de las regiones gastronómicas más ricas de Europa.

Comunidad Valenciana: el límite del Cretácico y el río subterráneo más largo

La Capa Negra de Agost (Alicante) es una rareza geológica de primer orden: una secuencia de margas y arcillas que muestra el límite exacto entre el Cretácico y el Paleoceno, el momento en que los dinosaurios se extinguieron. Una línea en la roca que separa dos eras de la historia de la vida en la Tierra.

Las Cuevas de San José en Vall d’Uixó (Castellón) albergan uno de los ríos subterráneos navegables más largos de Europa. La cueva se recorre en barca por un río de aguas tranquilas entre formaciones kársticas de piedra caliza que el agua ha modelado durante millones de años.

En la mesa: La paella valenciana auténtica con pollo y conejo, el arròs a banda, la fideuà, las naranjas de la Ribera del Xúquer y el turrón de Jijona y Alicante son el orgullo gastronómico de la comunidad.

Galicia: el origen de Galicia y la catedral del mar

El Geoparque del Courel (Lugo) es el laboratorio donde pueden leerse los procesos geológicos que dieron forma a Galicia: pizarras, cuarcitas, calizas y mármoles que cuentan 500 millones de años de historia en sus afloramientos. Un territorio poco conocido y de una belleza austera y poderosa.

La Playa de las Catedrales (Lugo) es uno de los lugares más fotografiados de España: arcos y pilares de roca que el mar ha esculpido durante siglos hasta crear una arquitectura natural que solo puede verse con la marea baja.

En la mesa: El pulpo a la gallega con pimentón de La Vera y aceite, el lacón con grelos, las empanadas de bacalao, los percebes de las Rías Baixas, los mejillones de batea y el queso Arzúa-Ulloa forman una gastronomía oceánica y contundente sin igual.

La Rioja: 11.000 huellas de dinosaurio

El futuro Geoparque de Huellas de Dinosaurio de La Rioja alberga más de 11.000 huellas fosilizadas, más que ningún otro lugar de interés paleontológico de Europa, presentadas en su estado original en plena naturaleza, integradas en la Reserva de la Biosfera de La Rioja.

En la mesa: Las pochas con codorniz, los pimientos del piquillo rellenos, los caparrones de Anguiano y los vinos de la Rioja Alta y la Rioja Alavesa hacen de esta comunidad pequeña en extensión pero inmensa en calidad gastronómica un destino irresistible.

Madrid: glaciares en la Sierra

Peñalara y La Pedriza son las dos propuestas madrileñas. En Peñalara, los glaciares cuaternarios dejaron circos, umbrales, pulidos y estrías que permiten leer en la roca la historia de las glaciaciones. En La Pedriza, la erosión granítica ha creado un paisaje de bolas y agujas de roca que los escaladores conocen como uno de los mejores granitos de Europa.

En la mesa: El cocido madrileño de tres vuelcos, los callos a la madrileña, los bocadillos de calamares de la Plaza Mayor y los bartolillos de crema son el contrapunto urbano a la austeridad geológica de la sierra.

País Vasco: el Flysch que la UNESCO reconoció

El Geoparque de la Costa Vasca es territorio reconocido por la UNESCO por sus secciones continuas en el Flysch, una alternancia de calizas y margas depositadas en el fondo marino durante el Cretácico y el Paleógeno que hoy afloran en los acantilados del litoral vasco con una perfección estratigráfica que los geólogos de todo el mundo vienen a estudiar. El Flysch de Vizcaya, en particular, es un libro abierto de la historia de los océanos hace 60 millones de años.

En la mesa: Las pintxos de San Sebastián y Bilbao, el bacalao al pil-pil, el marmitako de bonito, las anchoas de Getaria y los txakolis y vinos de Rioja Alavesa cierran con una excelencia gastronómica que tiene más estrellas Michelin por kilómetro cuadrado que ninguna otra región de España.

Veinte paisajes geológicos que cuentan la historia de la Tierra escrita en la piedra española. Y veinte gastronomías que demuestran que en este país el viaje siempre merece la pena, incluso cuando se acaba el paisaje y empieza la mesa.

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