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Fracaso militar en Corea del Norte revela fisuras internas

Corea del Norte: lo que el sonrojante naufragio en la botadura de un buque revela sobre el régimen del tiránico Kim Jong-un

El accidente en la botadura de un destructor expone las debilidades técnicas y la presión política en el régimen de Kim Jong-un, mientras se desvelan aspectos poco conocidos del líder norcoreano

Periodista Digital 25 Jun 2025 - 15:02 CET
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Este miércoles, 25 de junio de 2025, Corea del Norte vuelve a estar en el foco internacional tras el estrepitoso fracaso durante la botadura de su nuevo destructor clase Choe Hyon.

El incidente, que se produjo ante la atenta mirada de Kim Jong-un, no solo ha dejado al descubierto las limitaciones técnicas del país asiático, sino que también muestra cómo la presión política y el culto al líder condicionan todas las esferas del régimen.

En paralelo, conocer algunos datos curiosos sobre el propio Kim Jong-un ayuda a comprender mejor el contexto en el que se producen estos episodios.

La escena fue tan simbólica como desastrosa: el buque de guerra más grande jamás construido por Pyongyang —143 metros de eslora y 5.000 toneladas— acabó volcado en el puerto nororiental de Chongjin durante su botadura. La técnica empleada, el lanzamiento lateral (side launch), nunca antes utilizada en Corea del Norte para este tipo de embarcaciones, resultó ser demasiado arriesgada para una industria naval con poca experiencia en maniobras complejas. El barco descendió de forma desigual por los rieles; solo la popa tocó el agua, mientras la proa quedó anclada al muelle, provocando que el navío perdiera estabilidad y terminara sumergido parcialmente.

La reacción no se hizo esperar. Kim Jong-un estalló de furia y calificó lo sucedido como “acto criminal causado por negligencia absoluta”. Cuatro funcionarios, incluido el ingeniero jefe y altos responsables del astillero y del partido, han sido arrestados. Este tipo de represalias públicas son inusuales incluso para los estándares norcoreanos y demuestran la importancia que el régimen otorga a su programa militar como símbolo de poder y legitimidad.

¿Por qué importa tanto este fracaso?

Pyongyang lleva meses presumiendo avances navales: apenas unas semanas antes había celebrado con éxito la botadura de otro destructor similar, presentado como un salto cualitativo en capacidad defensiva. El propio Kim ha defendido que estos buques son clave para repeler amenazas externas y consolidar su liderazgo interno. Sin embargo, analistas internacionales señalan que la rapidez en la construcción y puesta en servicio responde más a necesidades políticas —mostrar resultados rápidos— que a criterios técnicos o estratégicos sólidos.

Expertos surcoreanos destacan que Corea del Norte habría recibido ayuda rusa para acelerar estos proyectos militares. Sin embargo, las limitaciones tecnológicas y la falta de experiencia han quedado al desnudo tras este accidente. Mientras los medios estatales intentan minimizar los daños —afirman que bastarán diez días para reparar el buque— imágenes satelitales muestran lo contrario: lonas azules cubren una estructura visiblemente dañada, rodeada por equipos trabajando día y noche para intentar salvar lo que ya muchos consideran irrecuperable.

¿Qué revela esto sobre el régimen?

El bochornoso episodio revela varias cuestiones fundamentales sobre cómo funciona realmente Corea del Norte:

En paralelo, este accidente pone en evidencia los límites estructurales del país: sanciones internacionales, aislamiento tecnológico y una economía debilitada impiden avances sostenidos incluso en áreas prioritarias como defensa.

Diez curiosidades sobre Kim Jong-un

Para entender mejor el entorno donde ocurren estos incidentes, conviene repasar algunas curiosidades sobre Kim Jong-un:

Contexto internacional y posibles escenarios

El fracaso en Chongjin se produce en un momento delicado para Pyongyang. Las sanciones internacionales siguen asfixiando su economía y Moscú —uno de sus principales aliados— se centra ahora más en sus propios desafíos regionales. Los expertos coinciden: este accidente podría ralentizar temporalmente la modernización naval norcoreana pero difícilmente frenará la retórica belicista ni los esfuerzos por mostrar músculo militar.

Sin embargo, cada error técnico suma presión interna sobre un sistema hipercentralizado donde Kim Jong-un no tolera cuestionamientos ni admite fallos públicos. El riesgo es claro: cuanto más dependa el régimen del miedo y la represión interna para sostenerse ante fracasos visibles, mayor será su vulnerabilidad estructural ante futuras crisis.

Mientras tanto, millones de norcoreanos siguen ajenos al verdadero alcance del desastre naval, ocupados en sobrevivir bajo uno de los regímenes más cerrados y opacos del mundo.

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