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La operación “Gideon's Chariots II”

Israel inicia la ofensiva sobre Gaza City, con el objetivo de pulverizar definitvamente a los terroristas de Hamas

Aumentan las denuncias de saqueo de ayuda y abusos de Hamás contra su propia población

Periodista Digital 21 Ago 2025 - 06:56 CET
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Israel da luz ver al plan de asentamientos que partirá en dos Cisjordania y hace virtualmente imposible un Estado palestino

La madrugada se llenó de estruendos y columnas de humo.

Las tropas israelíes avanzan hacia el corazón de Gaza City.

El asalto, anunciado oficialmente el miércoles, marca una nueva fase en el conflicto que lleva casi dos años devastando la Franja.

Este movimiento llega en un momento crítico, con la región al borde del colapso humanitario y las acusaciones cruzadas sobre la gestión y el destino de la ayuda internacional.

A día de hoy, 21 de agosto de 2025, el Estado Mayor israelí ha confirmado el despliegue de entre 50.000 y 60.000 reservistas para ocupar la ciudad, en el marco de la operación “Gideon’s Chariots II”.

Fuentes militares aseguran que las fuerzas ya controlan parte de las afueras urbanas, mientras el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, reporta decenas de víctimas civiles en las últimas 24 horas.

Un asalto anunciado y un contexto de agotamiento

El plan de invasión había sido aprobado por el gabinete de seguridad israelí a principios de mes, tras el fracaso de sucesivos intentos de alto el fuego. La reciente aceptación de una propuesta de cese de hostilidades por parte de Hamás, mediada por Qatar y Egipto, no ha detenido el avance militar israelí, que busca el control total sobre el último gran bastión del grupo islamista.

Mientras tanto, la presión internacional crece. Naciones Unidas y organismos humanitarios advierten de una nueva ola de desplazados y una crisis de suministros sin precedentes. La ONU ha calificado de “insostenible” la situación y urge a frenar la ofensiva para evitar “más sufrimiento y destrucción sin sentido”.

Hamás: represión interna y control sobre la ayuda

La brutalidad de Hamás no solo se manifiesta en su campaña armada contra Israel, sino también en la represión y el abuso sistemático sobre la población gazatí. Numerosos testimonios y reportes indican que el grupo no duda en emplear la violencia, incluso letal, contra civiles palestinos sospechosos de colaborar con Israel o de desafiar sus órdenes.

Además, la gestión de la ayuda humanitaria ha generado una profunda desconfianza. Israel y varios países occidentales sostienen que los terroristas de Hamás han robado y revendido parte de la ayuda internacional, privando a la población civil de recursos vitales y utilizándolos para financiar su aparato militar. Algunas estimaciones hablan de hasta un 25% de la ayuda desviada, aunque organismos como la ONU y USAID matizan que las pruebas de un robo masivo son limitadas o puntuales, y que el colapso del sistema de distribución responde en gran medida a la destrucción de infraestructuras y el bloqueo impuesto por Israel.

Según datos recientes de la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), de los 2.013 camiones de ayuda que entraron en Gaza desde mayo, solo una fracción llegó a sus destinatarios finales; el resto fue saqueado “pacíficamente por personas hambrientas o por la fuerza por actores armados”. En muchos casos, la desesperación ha llevado a la población civil a asaltar convoyes ante la ausencia de rutas seguras y la escasez endémica de alimentos.

Hambruna, saqueo y propaganda

El uso de la hambruna como arma de guerra se ha convertido en un eje central de la disputa narrativa. Mientras Israel niega la existencia de una política de “castigo colectivo” y señala a Hamás como responsable de la crisis alimentaria por el saqueo y la reventa de ayuda, organizaciones internacionales y medios independientes han documentado tanto la destrucción deliberada de infraestructuras civiles por parte del ejército israelí como la manipulación y distribución irregular de la ayuda por parte de Hamás.

El Ministerio de Salud palestino denuncia que más de 1.000 personas han muerto en las últimas semanas al intentar acceder a los centros de distribución, la mayoría controlados por el nuevo sistema militarizado impuesto tras el colapso de los mecanismos tradicionales de reparto. Paralelamente, imágenes de niños desnutridos circulan en redes sociales, aunque algunas han sido desmentidas como propaganda fabricada por Hamás para exacerbar la presión internacional sobre Israel.

La comunidad internacional y el futuro inmediato

La ofensiva sobre Gaza City supone un punto de inflexión en el conflicto. El objetivo declarado de Israel es “desmantelar por completo la infraestructura de Hamás” y liberar a los rehenes aún en manos del grupo. Sin embargo, las consecuencias humanitarias y la ausencia de un plan claro para la administración del territorio tras la ocupación alimentan el temor a una espiral de violencia y caos aún mayor.

En los últimos días, la comunidad internacional ha intensificado sus llamamientos a la contención y la protección de los civiles. La Casa Blanca ha vinculado la aceptación de la tregua por parte de Hamás a la presión ejercida por el presidente estadounidense, mientras que la ONU insiste en la necesidad de un alto el fuego inmediato y duradero.

Un territorio exhausto y sin horizonte claro

El asalto a Gaza City no solo es una batalla militar, sino también un reflejo del agotamiento extremo de una sociedad sometida a la violencia, la represión y la incertidumbre. Las protestas contra Hamás en el norte de Gaza, la suspensión de clases, el colapso sanitario y el éxodo de civiles hacia zonas cada vez más saturadas muestran la magnitud del desafío.

Entre los gazatíes, la desesperación se mezcla con la rabia por la incapacidad de sus dirigentes y la indiferencia internacional. A medida que las bombas caen y la ayuda escasea, la pregunta sobre el futuro de Gaza y su pueblo sigue abierta, en un escenario marcado por la desconfianza, el sufrimiento y la ausencia de soluciones políticas a corto plazo.

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