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Los drones cambian el tablero

Trump vuelve a dar ‘un par de semanas’ a Putin sin señales de avance en las negociaciones de paz en Ucrania

La tropas rusas siguen presionando en todos los frentes y avanzan en el Donbas

Periodista Digital 23 Ago 2025 - 09:00 CET
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La diplomacia internacional ha entrado en una fase de alta tensión tras la reciente ronda de declaraciones de Donald Trump sobre la guerra en Ucrania.

El expresidente estadounidense, que ha asumido un papel central en los intentos de mediación, ha declarado que dará “un par de semanas” a Vladimir Putin para tomar una decisión sobre un posible avance hacia la paz.

Sin embargo, a día de hoy, 23 de agosto del 2025, no existen señales reales de que las negociaciones entre Moscú y Kiev estén cerca de materializarse en un alto el fuego.

En paralelo, el campo de batalla ucraniano se transforma a una velocidad inédita debido al uso masivo de drones, especialmente tras los recientes ataques rusos y ucranianos, que han redefinido la naturaleza del conflicto y dificultan aún más cualquier acercamiento político.

Trump, Putin y Zelensky: negociaciones bloqueadas

En los últimos días, la Casa Blanca ha sido el escenario de reuniones de alto nivel entre Trump, Zelensky y representantes europeos. Trump ha intentado forzar un encuentro directo entre los presidentes ruso y ucraniano, primero proponiendo una cita trilateral y luego apostando por una bilateral entre los dos líderes enfrentados.

Según sus propias palabras, “Vamos a averiguar sobre Putin en las próximas semanas. Eso sí te lo puedo decir”. Sin embargo, el Kremlin ha enfriado las expectativas y exige participar activamente en cualquier esquema de garantías de seguridad, mientras niega que Putin vaya a reunirse con Zelensky a corto plazo.

El debate sobre las garantías de seguridad para Ucrania sigue siendo el principal escollo. Kiev exige protección al estilo del artículo 5 de la OTAN, algo que ni Moscú ni Trump ven viable.

Trump ha descartado el despliegue de tropas estadounidenses en Ucrania, aunque abre la puerta a apoyar con capacidad aérea y a coordinar un marco de garantías junto a los europeos.

La presión de Trump para acelerar las negociaciones responde, en parte, al temor de que el conflicto se siga cobrando decenas de miles de vidas en cuestión de semanas.

Pero la realidad es que, a pesar de las declaraciones optimistas y los gestos diplomáticos, ni Moscú ni Kiev han mostrado disposición a ceder en los puntos fundamentales: Rusia exige la cesión de territorios y la renuncia de Ucrania a la OTAN, mientras que Zelensky mantiene que no habrá concesiones territoriales ni cambios en la soberanía nacional.

El papel de los drones: de arma táctica a elemento estratégico

En el trasfondo de la diplomacia bloqueada, el uso de drones por parte de ambos bandos ha adquirido una dimensión central y está cambiando el curso de la guerra.

En los últimos meses, Rusia ha intensificado sus ataques con drones sobre infraestructuras, posiciones logísticas y columnas de suministros ucranianos. Las innovaciones en UAV (vehículos aéreos no tripulados) permiten a las fuerzas rusas realizar ataques más precisos y frecuentes, especialmente en la región de Pokrovsk, donde las líneas de suministro ucranianas se han convertido en un objetivo prioritario.

Los efectos de estos ataques son devastadores:

Esta presión constante sobre la logística y los relevos complica enormemente la defensa ucraniana y amenaza con romper el equilibrio en el frente si no se desarrollan contramedidas efectivas.

Por su parte, Ucrania ha respondido con una ofensiva tecnológica sin precedentes. La operación Spiderweb en junio supuso el mayor ataque de drones lanzado hasta la fecha por Kiev: 117 drones FPV, lanzados desde territorio ruso, lograron dañar o destruir 41 aeronaves rusas en cinco bases aéreas clave, incluyendo bombarderos estratégicos Tu-95 y Tu-22 y aviones de vigilancia A-50.

El impacto de estos ataques ha sido múltiple:

Además, Ucrania ha empleado drones marítimos y terrestres para hostigar a la Flota del Mar Negro y para abastecer o evacuar a sus tropas, consolidando una nueva doctrina de guerra centrada en la tecnología y el bajo coste operativo.

Escalada sin tregua y perspectivas inmediatas

A pesar de algunos gestos diplomáticos, la escalada militar no se detiene. El 21 de agosto, Rusia lanzó un ataque combinado de casi 500 drones y misiles sobre Ucrania, como respuesta a la ofensiva dron de Kiev. Aunque la intensidad de los ataques rusos ha disminuido ligeramente en agosto, la tendencia es hacia una guerra cada vez más automatizada y menos predecible, donde la superioridad aérea y la capacidad de innovación serán decisivas.

El uso de drones no solo ha incrementado el número de víctimas entre militares y civiles, especialmente en ciudades como Jersón, sino que ha generado una ola de terror y ha desplazado a miles de personas. Según informes recientes, los drones han sido responsables del 70% de las bajas civiles en determinadas regiones en lo que va de año.

El futuro: guerra de desgaste y diplomacia en punto muerto

El bloqueo diplomático y la evolución tecnológica sugieren que la guerra en Ucrania entra en una fase de desgaste prolongado. Ni Putin ni Zelensky muestran disposición a ceder en sus exigencias clave, y los incentivos para negociar siguen siendo escasos mientras la balanza militar no se incline claramente hacia uno de los bandos.

La presión de Trump para acelerar un acuerdo de paz no ha conseguido, por ahora, alterar la dinámica de fondo. La guerra de drones, en cambio, sí está modificando las reglas del juego y podría precipitar cambios inesperados en el equilibrio de fuerzas. Sin embargo, mientras los civiles ucranianos y rusos sufren las consecuencias, el desenlace sigue siendo incierto y el calendario marcado por Trump parece más un acto de presión mediática que un plazo realista.

En este contexto, la única certeza es que el tiempo juega en contra de la estabilidad regional y que cada semana sin avances diplomáticos supone nuevas víctimas y una mayor destrucción. El tablero de la guerra en Ucrania, a día de hoy, se mueve más por el zumbido de los drones que por los discursos de los líderes.

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