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¿un nuevo capítulo en la relación con China?

Trump planea en secreto viajar a Corea del Sur para reunirse con Xi Jinping

El presidente estadounidense organiza discretamente un desplazamiento clave a Seúl, donde podría reunirse con Xi, mientras se relanza el debate sobre el rumbo de China en el mundo

Periodista Digital 07 Sep 2025 - 14:29 CET
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Se juega entre bambalinas.

Y la diplomacia internacional observa con atención los próximos movimientos en Asia.

El viaje silencioso pero estratégico de Trump a Corea del Sur promete ser uno de los momentos clave del otoño geopolítico.

Si logra reunirse con Xi Jinping, ambos líderes tendrán ante sí la oportunidad –y el desafío– de definir si apuestan por “guerra o paz” en un mundo cada vez más polarizado.

La diplomacia internacional se agita mientras Donald Trump planea, casi en secreto, una visita a Corea del Sur el próximo mes.

El motivo oficial es su participación en la cumbre de la Asia-Pacific Economic Cooperation (APEC), pero lo que realmente genera expectación es la posibilidad de un encuentro cara a cara con Xi Jinping, líder de China.

A día de hoy, 7 de septiembre de 2025, medios estadounidenses y asiáticos confirman que las negociaciones para esta reunión están avanzadas, aunque todavía no hay detalles definitivos sobre la agenda ni sobre posibles escalas adicionales en el itinerario presidencial.

Trump ha recibido la invitación del presidente surcoreano Lee Jae Myung tras su reciente visita a Washington, lo que ha reavivado especulaciones sobre si aprovechará la cumbre para impulsar nuevas inversiones económicas estadounidenses en Asia Oriental o incluso para acercar posturas con otros líderes regionales como Kim Jong-un.

La potencial reunión con Xi se percibe como un hito diplomático en plena tensión global, especialmente tras los gestos públicos entre China, Corea del Norte y Rusia durante el desfile del Día de la Victoria en Pekín hace apenas cuatro días.

El trasfondo: China entre “guerra o paz”

En paralelo al viaje de Trump, el debate sobre el rumbo estratégico de China cobra fuerza. Durante los últimos días, Xi Jinping ha lanzado una pregunta provocadora al mundo: “¿Guerra o paz? ¿Hacia dónde se dirige China?” Este planteamiento ha resonado en los círculos diplomáticos internacionales y medios globales, que analizan si Pekín optará por una postura más confrontativa o buscará estabilizar sus relaciones exteriores. Xi se muestra ambiguo; por un lado, insiste en su voluntad de diálogo y cooperación económica; por otro, mantiene su discurso nacionalista y multiplica sus gestos de apoyo a aliados como Rusia y Corea del Norte.

El desfile militar celebrado el 3 de septiembre en Pekín, donde Xi compartió tribuna con Vladimir Putin y Kim Jong-un, fue interpretado como una demostración pública del eje Pekín-Moscú-Pyongyang. En este contexto, la eventual reunión entre Trump y Xi podría servir para reducir tensiones o, por el contrario, marcar nuevas líneas divisorias en la región.

Expectativas y retos: ¿puede cambiar algo?

La visita prevista de Trump se produce en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Washington y Pekín. La guerra comercial sigue latente; los desacuerdos sobre tecnología y seguridad no han desaparecido; y los movimientos militares chinos cerca de Taiwán mantienen inquietos a sus vecinos asiáticos. Sin embargo, varios factores hacen pensar que ambos líderes podrían buscar algún tipo de acercamiento:

Pese a todo, persisten dudas sobre el margen real para avances concretos. Las posiciones sobre Taiwán siguen irreconciliables; la presión estadounidense sobre derechos humanos continúa; y China no parece dispuesta a renunciar a su política industrial ni a sus alianzas estratégicas.

Claves políticas y económicas

El viaje también tiene implicaciones internas para Trump. Tras meses centrando su agenda en Oriente Medio –con visitas recientes a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes– ahora pone el foco en Asia. Busca reforzar la imagen de Estados Unidos como potencia negociadora capaz de mediar entre bloques rivales. Por su parte, Xi intenta proyectar estabilidad ante la comunidad internacional mientras gestiona presiones internas derivadas del estancamiento económico chino.

Algunos analistas apuntan que este encuentro podría derivar en acuerdos puntuales sobre comercio o inversiones energéticas. Otros consideran más probable un mero intercambio diplomático sin grandes resultados tangibles.

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