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EL EX PRIMER MINISTRO BRITÁNICO REGRESA AL FOCO

Tony Blair: el colega de Aznar en la cumbre de las Azores al que Trump quiere hacer ‘gobernador’ de Gaza

Tony Blair, arquitecto de la ‘tercera vía’ europea, reaparece como posible figura clave en el plan de Trump para la transición en Gaza tras años marcado por la guerra de Irak

Periodista Digital 02 Oct 2025 - 00:51 CET
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Siempre hay una segunda oportunidad.

La noticia resulta sorprendente, aunque no del todo: Tony Blair vuelve a ocupar un lugar destacado en el ámbito internacional, ahora junto a Donald Trump, quien lo está considerando para liderar la transición política en Gaza.

El ex primer ministro británico, emblema de la ‘tercera vía’ y protagonista de la cumbre de las Azores, podría desempeñar un papel esencial en el esfuerzo estadounidense por estabilizar Palestina después del último conflicto.

Esta propuesta se alinea con el perfil de un político que prometió modernizar la izquierda europea, pero que quedó marcado por decisiones controvertidas en el ámbito de la política exterior.

Blair, que estuvo al frente del gobierno entre 1997 y 2007, transformó el laborismo británico con una visión centrada en el reformismo y el pragmatismo.

Su apuesta por la ‘tercera vía’ buscaba encontrar un equilibrio entre una economía abierta y una cohesión social sólida, alejándose de los extremos y adaptando la política a un mundo cada vez más globalizado. Como él mismo solía expresar: “La tercera vía no es una traición a la izquierda ni una concesión a la derecha, es la manera de avanzar”.

Su estrategia tuvo éxito durante varios años, pero todo cambió con aquella foto en las Azores y la guerra de Irak, episodios que le costaron la confianza de muchos y dejaron una herida política difícil de sanar.

Antecedentes: del impulso reformista al desgaste de Irak

Blair llegó a Downing Street como un líder carismático que prometía renovar la izquierda europea. Reformó áreas clave como educación y sanidad, abogando por una modernización proactiva ante los cambios. Su lema era claro: “La era de la pasividad ha terminado; debemos estar preparados para gobernar el cambio, no simplemente sufrirlo”. Sin embargo, su legado se vio empañado cuando decidió acompañar a George W. Bush y José María Aznar en aquella cumbre en las Azores y luego apoyar la invasión de Irak. Aunque parecía ser el menos convencido entre los tres líderes, su tibieza ideológica y su afán por buscar consensos le pasaron factura. Las críticas sobre su decisión fueron devastadoras, tanto dentro como fuera del Partido Laborista. El informe Chilcot, publicado años más tarde, fue especialmente duro respecto a su falta de preparación y justificación para dicho conflicto.

A pesar del revuelo generado por sus decisiones pasadas, Blair nunca se ha alejado del escenario internacional. Se ha convertido en asesor, experto y conferenciante; su opinión sigue teniendo peso en foros globales. Para algunos representa esa clase política capaz de adaptarse a cualquier época; para otros es un ejemplo claro de cómo buscar el centro puede conducir a contradicciones difíciles de resolver.

El plan de Trump para Gaza y el papel de Blair

La propuesta presentada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu para Gaza excluye tanto a Hamás como a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del control local. En su lugar, se plantea crear una ‘Junta para la paz’ presidida por Trump y compuesta por un comité tecnocrático y apolítico encargado de gestionar los servicios públicos en Gaza. En este contexto, el nombre de Blair surge como uno de los posibles líderes internacionales que podrían asumir funciones ejecutivas durante esta transición, convirtiéndolo así en una especie de presidente transitorio del enclave palestino.

Blair ha recibido esta propuesta con cautela pero también con optimismo. En un comunicado expresó que el plan “nos ofrece la mejor oportunidad para poner fin a dos años de guerra, miseria y sufrimiento; agradezco al presidente Trump su liderazgo, determinación y compromiso”. Además, enfatiza que esta hoja de ruta puede proporcionar “un alivio inmediato a Gaza y ofrecer una posibilidad real para un futuro mejor y más prometedor para su gente, al tiempo que asegura plenamente Israel”. Aunque arriesgada, esta apuesta representa para Blair una oportunidad única para reconciliarse con una región marcada por su legado.

¿Rescate o rehabilitación política?

El hecho de que Trump busque ‘rescatar’ a Blair no es casualidad. El expresidente estadounidense necesita una figura que combine experiencia internacional con pragmatismo y habilidad para dialogar con las partes enfrentadas. Blair tiene esas características; sin embargo, su pasado en Irak sigue siendo una sombra persistente sobre su figura. Para muchos representa la política del consenso; otros lo ven como un símbolo del fracaso occidental en Oriente Medio.

La situación actual en Gaza es crítica. El plan estadounidense-israelí no contempla crear inmediatamente un Estado palestino ni garantiza autodeterminación alguna; sin embargo, menciona vagamente la posibilidad futura de avanzar hacia ese objetivo. Israel asume las riendas sobre la seguridad en Gaza mientras que esta administración temporal queda bajo responsabilidad de la Junta para la paz. El reconocimiento internacional del Estado palestino avanza lentamente pero queda suspendido tras el acuerdo firmado en Washington. La única fecha concreta: las 72 horas otorgadas a Hamás para liberar rehenes israelíes si acepta este pacto.

Perspectivas y evolución futura

Si finalmente Blair asume responsabilidades sobre Gaza podría marcar un antes y un después en política internacional. Su trayectoria como arquitecto de la ‘tercera vía’ le otorga cierta credibilidad; sin embargo, el peso del conflicto iraquí junto con las críticas sobre sus decisiones siguen presentes. Si llega a liderar esta transición tendrá ante sí dos grandes desafíos: garantizar seguridad y trabajar hacia una solución política duradera.

La comunidad internacional observa todo esto con escepticismo e interés. El nombre de Blair provoca reacciones encontradas; mucho dependerá ahora de cómo logren negociar los actores implicados evitando nuevos brotes violentos. Por lo pronto, esta propuesta representa una salida al estancamiento actual aunque alcanzar una paz duradera en Oriente Medio aún parece ser un objetivo lejano.

La historia personal y política de Blair nos muestra que los líderes pueden reinventarse pero jamás escapar completamente del peso de sus decisiones previas. En Gaza se abre ante él una oportunidad valiosa: dejar atrás viejas heridas e intentar construir algo nuevo. Quizá esta vez sea posible acercarse más hacia la reconciliación que hacia nuevos conflictos.

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