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El sirio Bashar Al Assad fue envenenado en Moscú e ingresó al hospital «en estado crítico»

Periodista Digital 03 Oct 2025 - 00:04 CET
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Bashar al Assad está bajo el escrutinio internacional tras un nuevo episodio que parece sacado de una novela de intriga: el ex mandatario sirio, que se encuentra en Moscú desde la caída de su régimen a finales de 2024, habría sido objeto de un intento de asesinato mediante envenenamiento.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, al Assad fue admitido “en estado crítico” en un hospital moscovita con síntomas que apuntan a una posible intoxicación, aunque este lunes recibió el alta y ya se encuentra fuera de peligro.

El Kremlin no ha confirmado ni desmentido esta información y mantiene un silencio absoluto sobre el asunto.

Este incidente sucede en un contexto geopolítico sumamente delicado. Al Assad llegó a Rusia tras huir de Siria el 8 de diciembre de 2024, cuando las fuerzas opositoras tomaron Damasco y su régimen se desmoronó.

Vladímir Putin le otorgó asilo político “por razones humanitarias”, junto a varios miembros de su familia, y desde entonces vive bajo la estricta vigilancia de los servicios secretos rusos.

La figura del expresidente ha sido escasamente vista en público, lo que alimenta especulaciones sobre su situación personal.

Antecedentes: De Damasco a Moscú, la caída de un régimen

La salida de al Assad del poder marcó no solo el fin de una era en Siria, sino también un cambio significativo en las relaciones internacionales en Oriente Medio. Tras más de diez años de guerra civil, el régimen sirio perdió el respaldo interno y externo imprescindible para sobrevivir. La intervención militar rusa desde 2015 había sido clave para sostener a al Assad, pero incluso ese apoyo resultó insuficiente ante la presión tanto interna como los cambios en la política regional.

El derrocamiento se produjo con rapidez y contundencia. En cuestión de días, las fuerzas opositoras tomaron Homs y avanzaron hacia Damasco. Al Assad abandonó Siria en un avión privado y se refugió en Moscú, donde reside desde entonces bajo protección rusa. Las nuevas autoridades sirias han exigido repetidamente su extradición, pero Rusia se ha negado sistemáticamente a cumplir con esta demanda.

El incidente: Envenenamiento, hospitalización y silencio oficial

Según la información disponible hasta ahora, al Assad enfermó repentinamente el domingo pasado con síntomas como tos intensa y dificultad para respirar. Su entorno solicitó asistencia médica urgente y fue trasladado a un hospital ubicado en las afueras de Moscú. Las pruebas habrían hallado rastros de una sustancia tóxica en su organismo. Durante su recuperación, solo su hermano Maher al Assad pudo visitarlo, todo ello en medio de un despliegue inusual de seguridad.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos afirma que este sería el segundo intento contra la vida de al Assad desde su llegada a Rusia. La primera vez ocurrió poco después de establecerse allí; también mostró síntomas compatibles con intoxicación, aunque entonces recibió atención médica en su apartamento. En ambos casos, el Kremlin ha guardado silencio.

Este mutismo oficial contrasta radicalmente con la actividad que se observa en redes sociales y medios internacionales, donde circulan versiones contradictorias sobre la condición real del ex presidente y las posibles motivaciones detrás del ataque. Algunas fuentes sugieren que el propósito del atentado podría ser “avergonzar al gobierno ruso y acusarlo de complicidad” si al Assad llegara a fallecer bajo su protección.

Geopolítica del exilio: Rusia, Siria y Occidente

La presencia de al Assad en Moscú representa una situación incómoda para todas las partes involucradas. Para Rusia, garantizar su seguridad es una cuestión no solo política sino también simbólica; es una forma efectiva de mantener influencia sobre Siria incluso tras la caída del régimen. Para las nuevas autoridades sirias, exigir su extradición es más bien una demanda simbólica que difícilmente puede llevarse a cabo.

Occidente sigue considerando a al Assad uno de los principales responsables directos del conflicto civil sirio y los crímenes asociados a él. Diversas organizaciones internacionales han documentado abusos masivos durante su mandato; sin embargo, la posibilidad realista de llevarlo ante la justicia es prácticamente nula: Siria no es parte del Estatuto de Roma y Rusia bloquea cualquier intento dentro del Consejo de Seguridad.

Mientras tanto, al Assad parece condenado a llevar una vida discreta bajo vigilancia constante. Existen rumores sobre su posible retiro definitivo del escenario público e incluso sobre planes para abrir una clínica oftalmológica —su profesión original— lejos del foco mediático.

Perspectivas: ¿Qué puede pasar ahora?

El intento contra al Assad, sea cual sea su origen real, complica aún más las tensiones ya existentes entre Rusia y las nuevas autoridades sirias. El Kremlin no puede permitirse que muera bajo su custodia sin arriesgarse a dañar gravemente su imagen internacional; al mismo tiempo, devolverlo a Siria podría significar perder influencia.

El silencio oficial ruso alimenta aún más especulaciones. Sin confirmaciones independientes ni declaraciones claras por parte del Kremlin o del propio al Assad, resulta complicado determinar si este incidente fue realmente un intento fallido contra su vida o si forma parte de alguna maniobra más intrincada dentro del complejo tablero geopolítico regional.

Mientras tanto, al Assad sigue siendo una figura incómoda pero relevante dentro del panorama internacional: un ex dictador bajo protección rusa cuya existencia —y eventual fallecimiento— pueden tener repercusiones imprevisibles tanto para Siria como para Rusia y Occidente.

La historia reciente demuestra que los exiliados problemáticos rara vez encuentran paz lejos del poder. Este episodio pone nuevamente sobre la mesa que incluso alejados del trono algunos líderes continúan siendo objeto del interés —y tal vez el rencor— generado durante sus años al mando.

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